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| Don Van Vliet (Captain Beefheart). Shiny beast (1975) |
Hey, vosotros:
Mi habitación es mi hura. Allí me revuelco como un mustélido. En ocasiones marco la entrada con orina, aunque últimamente no quiero gastar demasiado pis ya que saco una pasta vendiéndolo en frasquitos. La gente compra cualquier cosa y la micción de mamífero carnívoro está muy solicitada. Cuando alguien se acerca al linde que delimita mi territorio intento asustarlo emitiendo unos soniditos desagradables tipo «Grung, grung harr harr arhiorrrrr», pero si esta manera de advertir a los intrusos de que quiero estar solo no cumple su efecto puedo saltar sobre el infractor al mismo tiempo que le muerdo en cualquier zona de su anatomía que no esté cubierta. Recuerdo perfectamente que en cierta ocasión mientras dormía… ¡Espera! Si dormía, ¿cómo es que soy capaz de recordarlo? Si eso es posible, entonces ¡soy un superanimalia, chordata, mammalia, carnívora, caniformia, mustelinae! Y si soy superior al resto de mis congéneres, eso quiere decir que puedo rellenar más frasquitos de orina que ningún otro. ¡Me encantaría forrarme! Pero rellenar implica apuntar. Mi madre -una bonachona que jamás arrancó la carne de ninguna parte anatómica a un ser vivo capaz de desplazarse por medio de dos o cuatro patas- no se cansaba de repetirme una y otra vez «hijo, enfilar no es lo tuyo». ¡Pero necesito el dinero de los meados! Y la boca de los frasquitos es tan reducida. ¡Por qué tengo un falo tan enorme! ¡Oh, dios de las alimañas, todo me resulta tan complicado! ¡Eso ha estado bien! ¡Dios de las alimañas! Yo no soy una alimaña, soy un bicho, que es totalmente diferente. Las alimañas emiten sonidos desesperanzadores, sin embargo la música que sale de mi gaznate, como el «Grung, grung harr harr arhiorrrrr» que ya comenté antes, es armónicamente superior a los malditos «Murrr murrr jhionnnnnn» de esos asquerosos y molestos vecinos. Intentad deletrear mi aviso a los extraños. Intentadlo, por favor. G-R-U-N-G. ¡Grung! Repetidlo nuevamente. ¡Grung! Ahora vayamos a la segunda palabra, H-A-R-R. ¡Harr! sí, ¡H-A-R-R! ¿Escucháis la cadencia? ¡Harr! ¡Harr! ¡Perfecto, ahora vamos a por el último vocablo. El más difícil. A-R-H-I-O-R-R-R-R-R. ¡Arhiorrrrr! Debemos llevar mucho cuidado con las erres, pues si omitimos una o varias, el significado del término varía considerablemente. ¡Arhiorrrrr! ¡Arhiorrrrr! Vamos a intentar repetir la frase completa. «Grung, grung harr harr arhiorrrrr». ¡Maravilloso! Ahora vamos a repetirla en forma de letanía artificiosa. «Grung, grung harr harr arhiorrrrr»… «Grung, grung harr harr arhiorrrrr»… «Grung, grung harr harr arhiorrrrr»… «Grung, grung harr harr arhiorrrrr»… ¡Suficiente! Ahora quiero que una parte de vosotros cante el mantra mientras el resto hace coros y palmea. «Grung, grung harr harr arhiorrrrr»… «Ohhh, yeah»… «Grung, grung harr harr arhiorrrrr»… «Ohhh, yeah»… «Grung, grung harr harr arhiorrrrr»… ¡Basta! Es suficiente! Me duele la cabeza. Además entonar para vosotros es como apuntar para mí. Dejémoslo estar. ¡Largaos! Necesito meditar sobre las fuerzas naturales que impulsan al líquido a resbalar sobre el vidrio. Ya os avisaré cuando tenga otro repentino ataque social. Hasta entonces, Grung, grung harr harr arhiorrrrr.
Hururr Fssssaih Moooorrr (anteriormente llamado Greg, «el afásico del distrito 46020»)
P.D.
La diferencia entre, por poner un ejemplo, «Grung, grung harr harr arhiorrrrr» y «Grung, grung harr harr arhiorr» es estremecedora. Mientras la primera frase, la que sirve para legitimar mi auténtica soledad, significa «Mierda, mierda largaos largaos malditos hijos de la gran puta», la segunda, en una traducción libre vendría a equivaler a «Yo, soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, porque nadie me ha tratado con amor, porque nadie me ha querido nunca oír. «
