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| Jean-Michel Basquiat. Dog (1982) |
Cuando explotó el planeta me sentí eufórico. Lástima que lo que había estallado solo era un globo terráqueo fabricado con madera de cocobolo y metal. Pero por lo menos pude dar salida a esos siete u ocho triquitraques explosivos que llevaban años guardados en un armario. Cuando me acerqué a comprobar la destrucción total, contemplé lo que me pareció un precioso, humeante e irregular retorcimiento abstracto que me produjo un éxtasis en la entrepierna y abundante salivación. Nada más estar seguro de que los restos se habían enfriado y podría cogerlos con las manos sin quemarme cambié de opinión y decidí agarrarlos con la boca, como si fuera un perro. Y me gustó tanto ser perro que desde entonces no he vuelto a parecer humano.
Y desde ese instante de catarsis purificadora mi mujer me alimenta con huesos, aunque en algunas ocasiones los mezcla con una especie de foie-gras casero fabricado con harina, maicena, huevo, caldo de carne y un poco de paté marca La piara que me deja totalmente satisfecho. Así ella puede ir a meterse el miembro de su amante en la boca mientras yo descanso en mi nueva cama para perros adquirida en Amazon.
ORACIÓN:
Soy un perro y hago cosas de perro.
Soy un perro y hago cosas de perro.
Soy un perro y hago cosas de perro.
Soy un perro y hago cosas de perro.
Os lo volveré a repetir:
Soy un perro y hago cosas de perro.
Soy un perro y hago cosas de perro.
Soy un perro y hago cosas de perro.
Soy un perro y hago cosas de perro.
