Email del 12 de diciembre 2018

Kazimir Malevich. Suprematist composition: white on white (1918)

Malditos cabrones:

He establecido un consuetudinario pararelismo entre mi incapacidad existencial objetiva y la inconveniencia de mis pretendidos arrechuchos gilipollofóbicos. Creo que ha llegado el momento de asumir que no existo y que todo lo que he sido hasta hace unos pocos segundos no son más que los restos de un delirio inescrutable imaginado por una omnipotencia continuamente denigrada. Por esa razón me siento en condiciones, tanto mentales como emocionales, de enviaros a todos al territorio donde mora la gran jodida mierda.
Y a partir de ahora podéis insultarme o ponerme a parir, lo que os apetezca en ese momento. Es una forma lícita de pataleta.

Greg

P.D.
Mi paz interior acaba de salir al exterior. Ahora mismo la puedo ver contoneándose como una serpiente en celo. Ignoro si alguna vez volverá a entrar. Hace algunos años se escapó en cierta ocasión, pero tras tomarse una tila cuádruple en un garito de moda (infusión que tuve que abonar yo) volvió a introducirse dentro de mi cuerpo y la cosa afortunadamente no llegó a males mayores. Aunque la verdad es que puedo dar gracias a san Vladimir de Kiev, pues sin paz interior se puede continuar existiendo. Todavía recuerdo cuando el hígado de mi amigo Amancio Lacio Acio se largó de su cuerpo mientras dormía. Nunca más volvió a ser visto, aunque un médico bastante insolente está convencido de que actualmente reside en el cuerpo de un carpintero ventrudo de la etnia Matabele en alguna parte del sudeste de Zimbawe. Por supuesto, José la palmó y su mujer e hijos se dispararon munición del 44 Special los unos a los otros por hacerse con el control de la herencia.