Email del 24 de diciembre 2018

Ronnie Landfield. Red night (1973)

Hola:

Mis noches son rojas. En realidad no me importa demasiado porque estoy acostumbrado, pero… cada vez son más rojas. ¿Te has preguntado alguna vez por qué tus noches son azules? Yo sí me he preguntado en más de una ocasión la razón por la cual mis noches no son azules. Y nunca he llegado a ninguna conclusión que no fuera francamente contradictoria. Porque si mis noches son rojas y las tuyas y la de una gran mayoría de la gente que ambos conocemos son azules, eso quiere decir que, o bien yo, o bien vosotros… ¡No quiero ser más preciso! Tampoco creo que sea absolutamente necesario. Todo se ajusta o se limita a dos diferentes colores. El rojo y el azul. ¡Se podría diseñar una bonita bandera con ellos! ¿Tus noches son cada vez más azules? ¡Oh, no es necesario que respondas! Pero si los ves… si los ves a ellos, a nuestros amigos comunes, por favor pregúntales de mi parte si sus noches son cada vez más azules, porque como te expresé en la primera línea, mis noches cada vez son más rojas. Y si los vuelves a ver en sucesivas ocasiones, repíteles la misma pregunta. Puede que sus respuestas sean completamente diferentes. Ya sabes, es posible que alguno abra su corazón -frío y pulido como una roca lunar sobrevalorada por un perito desorientado- y suelte lo que yo necesito escuchar, es decir, que sus noches son tan rojas como las mías. O posiblemente más.

En realidad las noches deberían ser negras, que es la tonalidad que utiliza la noche para indicarnos que nos compremos somieres costosos y cambiemos los colchones cada siete u ocho años. Durante un tiempo -y no voy a dejarme tentar por la voz interior que me amenaza con dolores internos extremos si no te explico una vez más lo que significa para mí el paso del tiempo- estuve durmiendo por las mañanas y viviendo como una forma antinatural nocturna, pensando que de esa manera los días serían rojos y las noches azules o incluso negras. Pero me equivoqué. ¡Casi siempre me equivoco! Las noches siguieron siendo rojas. ¿Te lo puedes creer? Haga lo que haga, las noches serán rojas, por lo tanto lo que debería hacer es algo parecido a absolutamente nada. Pero si no hago nada, de alguna manera no estoy existiendo. Y aunque te parezca extraño, desde hace unos días quiero ser, existir y, si me es posible, ahorrar para comprarme unas gafas polarizadas que transformen el color rojo en cualquier otra tonalidad del espectro visible.

Porque si mis noches siguen evolucionando y cada vez son mas rojas, entonces… ¿Entonces qué? Pues que entonces probablemente continuaré lamentándome de mis… ¿De tus qué?, maldito quejica axiomático y elemental. ¡Caray!, si continúo respondiendo a mis propias preguntas en voz alta pareceré el dúo Pimpinela reconvertido en exmacho alfa, por supuesto, con todos mis respetos a Lucyan David Mech.

G

P.D.
Mi dentista se está construyendo un chalet adosado de 600 metros cuadrados con la pasta que me saca por recomponerme la boca. Mi coloproctólogo me cobra una cantidad indecente por sodomizar mi culo cada año. Sí, ya sé que podría ir al proctólogo de la Seguridad Social que es gratis, pero mis amigos me han dicho que pagando es mejor porque te meten el dedo con más cariño.