Email del 24 de enero 2019

John Latham. Full stop (1961)

No queda otro remedio, es necesario odiar a los puntos, pese a que eso pueda producir algunos desarreglos en las mentes de los no dispuestos al avance, ya sabéis, esa especie de mazacotes que en los primeros estadios de sus existencias hacían lo posible por no permanecer estancados, y que lustros y décadas de aburrimiento existencial y rechazos continuados han convertido en estatuas cataplasmáticas, aunque si habéis leído bien, os habréis fijado en que he resaltado los «no dispuestos», que no son ni tienen nada que ver con los «indispuestos», pues resulta relativamente sencillo diferenciar a los que han cambiado simplemente para escabullirse sin recato, de los que nunca llegaron a comprender las diferencias fundamentales entre Ser o Pertenecer y por esa razón, quizá también por otras, yo siempre he intentado arrimarme al lado que ha sido más beneficioso para mí, porque, queridos amigos, soy un hijo de puta, un farsante, un charlatán, y lo que todavía es mucho más importante, un tipo sin moral ni decencia que, entre todas las cosas que odia a muerte -y puedo aseguraros que odio prácticamente todo lo que mis ojos son capaces de enfocar- destacan esas señales pequeñísimas (casi insignificantes) con forma de yema de huevo frito que sirven para finalizar las frases y que, si recordáis, me han servido como pretexto para comenzar este texto no apto para incontinentes disneicos, es necesario odiar a los puntos.