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| Antonio López. Taza de váter y ventana (1971) |
Querida amiga:
Antes de que me olvide quiero comenzar este texto recordándote que…
¡Diantres! ¡Lo he olvidado!
G
P.D.
Una mujer camina por la calle. Se desplaza totalmente inmersa en sus pensamientos. De repente, uno de esos pensamientos le toca un pecho. Ella se pone gritar y acude un poli. El pensamiento es denunciado y acaba en prisión. Pasan cinco años. Un hombre camina por la calle. Se desplaza inmerso en sus pensamientos. De repente, uno de esos pensamientos practica una felación. Cuando el pensamiento se está limpiando la boca, el hombre le obliga a que le haga otra. Y después otra. Y otra. Cuando todo parece que ha terminado, el hombre se siente totalmente realizado, aunque piensa que la última mamada dejaba mucho que desear. Pasan cinco anos. Cada uno de esos anos va pegado a un ser humano. El hombre los mira con lujuria. Mientras eso sucede, una mujer camina a su lado. Se desplaza totalmente inmersa en sus pensamientos. De repente le cae en la cabeza un paquete de pensamientos ajenos y le provoca una conmoción. El hombre deja de mirar los culos e intenta ayudarla. De repente, de ese paquete de pensamientos ajenos surge un concepto que rápidamente se transforma en hecho. El hecho asciende como un globo aerostático hasta llegar a la parte más alejada de la realidad trasmitida por una o varias representaciónes mentales. Pasan cinco minutos. La mujer se incorpora mientras la mano del hombre descansa sobre… No puedo seguir relatando lo que sucedió porque en ese mismo instante mi hiperplasia prostática benigna se puso imbécil y tuve que acudir a toda prisa a un váter público.
