junio 2019

Email del 27 de junio 2019

M.C. Escher. Circle limit with butterflies (1950)

Querida:

Ya estoy aquí; la verdad es que preferiría estar allí pero en realidad, ya me conoces, estoy bien en cualquier lado. También me encuentro como pez en el agua en cualquier borde, flanco o banda. Hablando de banda, mi primer grupo musical se llamaba Los Bornis, mi segundo grupo, que fue una escisión, regeneración y, al mismo tiempo, una reencarnación panóptica del primero se denominó Los Bornis II, y el tercero y último antes de que me retirara del negocio musical, Los Bornis III. Mis compañeros siguieron con los números romanos y me consta que a día de hoy se les conoce como Los Bornis CLVI, y aunque suelen estar patrocinados por una empresa que fabrica tacatás, muletas, andadores y cachabas, ellos suelen gritar (todos usan sonotones) a quien les quiera escuchar que son tan libres como las mariposas. Por cierto, hace un par de semanas, mientras caminaba por la calle meditando sobre la preciosa barba que lucía Vladímir Korolenko, se me posó una mariposa encima de la cabeza. Supongo que le gustó el lugar porque no se movió de allí en ocho horas. Con ella encima compré en El Corte Inglés, me hice la manicura en Manicuro Espronceda (cuyo administrador, Vicente Espronceda, hijo del fundador de la empresa, Ramiro Espronceda, me preguntó en varias ocasiones cómo se domesticaba a un lepidóptero), salté setos en todas las direcciones posibles, y acabé pillando una cogorza tan brutal a base de vodka que me tuvieron que llevar a casa entre varios amigos míos y de la mariposa. Cuando desperté cuatro o cinco días después, con muy mal genio y la vejiga a punto de explotar, la mariposa había volado. No la culpo, dicen que cuando duermo la mona emito unos ruiditos desagradables por la nariz semejantes a los que produce un fócido rinosinusítico cuando un ser humano, ducho y dispuesto, le tapona los orificios nasales con los dedos gordos de sus pies.

Ahora, es decir, después de estar aquí un rato, voy a intentar regresar al punto donde me encontraba antes de inaugurar el párrafo anterior de una forma tan falsamente jubilosa. Ese lugar, aunque bastante próximo al «aquí» protagonista de las primeras líneas de este, de momento, lamentable segundo párrafo, tiene la capacidad de transportarme a una dimensión bastante opaca y oscura, ya sabes, sin insectos ni putas de Babilonia o cualquier otro tramposo recurso de esos que utilizo para demostrar mi absoluta incapacidad literaria. Pero antes de despedirme, me gustaría cantarte un fragmento de una canción que compuse en 1978, cuando todavía formaba parte de Los Bornis I, o quizá Los Bornis II:

Ocultación subyacenteeeeeee.
Ocultación subyacenteeeeeee.
Ocultación subyacenteeeeeee (¡Oh, sí, sí, sí!)

Constatación especulativaaaaaaa.
Constatación especulativaaaaaaa.
Constatación especulativaaaaaaa. (¡Oh, no, no, no!)

Referencialidad metafóricaaaaaaa.
Referencialidad metafóricaaaaaaa.
Referencialidad metafóricaaaaaaa (¡Hum, no sé que decir!)

Progresión temporaaaaaaal. (¡Ay, ay, ay, ay!)
Afinidad anaaaaaaal. (¡Ay, ay, ay, ay!)
Discrepancia secarraaaaaaal. (¿Secarral?)

Greg

P.S. El texto anterior es una puta mierda, lo sé, pero me importa una puta mierda que sea una puta mierda.

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Email del 26 de junio 2019

Afiche original del film «El sanatorio de la clepsidra» (1973) film de Wojciech Has basado en el libro de Bruno Schulz

PARÁGRAFO I
Escupitajos tendenciosamente similares a los míos (quizá no tan dinámicos y progresistas) han sido esputados a los rostros y cuerpos de infinidad de seres humanos durante milenios. Pero solo mis gargajos son capaces de empequeñecer a cualquiera y enverdecerlo al mismo tiempo. Hasta hace unos pocos años la gente venía a que le escupiese de la manera menos tradicionalista que se me ocurriese, algunos incluso me pagaban por llevar mi marca registrada colgando de un ojo o una solapa. Pero todo cambió hace un año, cuando me diagnosticaron Parotiditis bacteriana. Desde entonces tengo que besar a cada una de mis tres novias y a los prometidos de cada una de ellas con un condón «Durex dame placer» o incluso «Control ultra feel» embutiendo mi lengua.

PARÁGRAFO IV
Yo me acosté con Ermengarda de Narbona y con su hermana Ermesinda. Ocurrió hace casi mil años, pero no en Narbona, sino en Beziers. El rasgo estilístico mas importante que me definía por aquellos tiempos era el gabán largo que se extendía por debajo de mis rodillas y que me otorgaba un aspecto ciertamente patricio, aunque por entonces yo ya era y me comportaba como un auténtico fils de pute. Un día, no recuerdo si fue en 1177 o 1178, caminaba cabizbajo por una empinada callejuela de Limoux cazando gatos, cuando de repente se cruzó por delante un tipo de aspecto afeminado y enfermizo que me dijo que era el nieto de Guido Bordel de Payns. Cuando le dije que me cagaba en toda la estirpe de los de Payns, el sujeto se transformó en un gato español del siglo XVI y eructó de una forma bastante poco musical a la luna, lo que me pareció extraño pues eran aproximadamente las dos del mediodía. Lo que sucedió después no se lo creería nadie, ni siquiera mi forma congenial del siglo XXI, por lo que intentaré pasar directamente al parágrafo VI. (NOTA: Los parágrafos II, III y V, en estos instantes se encuentran destemplados).

PARÁGRAFO VI:
Cuando me limpié la axila derecha me sentí reconfortado. Cuando me limpié la axila izquierda volví a sentirme reconfortado, aunque un poco menos que con la axila derecha. Luego me bajé los pantalones y los calzoncillos e intenté lavarme alguna zona difícil y peligrosa, pero no pude. Después de meditar durante lo que me parecieron 25 minutos pero que en realidad ni siquiera llegaron a los 24, decidí quitarme por completo tanto los pantalones como los calzoncillos. Los primeros fueron depositados reverencialmente sobre una silla de madera y mimbre, y los gayumbos, simplemente los encalé encima de la nevera con un rápido movimiento de brazos tipo «primer draf de la NBA». Me sentí tan satisfecho de la acción baloncestística que volví a ponerme los pantalones, esta vez desenrollándolos sin reverencias de la silla de madera y mimbre y bajé a la calle a buscar a alguna mujer que quisiera subir a ver los calzoncillos. Pero no pude invitar a ninguna, pues cuando reaccioné y reparé en la imbecilidad de mis acciones anteriores me transformé (otra vez) en gato español del siglo XV y me enzarcé en una pelea con dos gatas apátridas que se querían repartir el territorio.

PARÁGRAFO VII:
1-A menudo Martita tocaba la guitarra con los pies. Y no lo hacía nada mal, aunque cuando intentaba poner un acorde con cejilla cierto olorcillo a queso mozzarella inundaba la sala de música. Porque Martita solo tocaba en la sala de música.
2-A menudo Martita se introducía ocho o nueve Financiers en la boca y se ponía a hacer la tonta emitiendo sonidos que recordaban a las ventosidades vaginales. ¡Pero los emitía con la boca! Sin embargo era capaz de cantar canciones complejas con el chichi, por supuesto siempre que se amplificaran los sonidos con un micrófono de condensador Shure. Porque Martita solo utilizaba los mejores equipos profesionales. 
3-A menudo Martita restringía las cookies. Una vez mientras restringía varias cookies a la vez le cayó un color desestabilizado a partir de una metodología desigual y le fracturó dos huesos de la mano. Porque Martita solo se drogaba con los mejores psicotrópicos.
4-Yo quiero a Martita. Me gustaría aprisionarla junto a una salida de incendios. De paso me llevaría uno o dos incendios al trabajo. Soy bombero. Me llamo Arnaldo y nací cerca de la cristalería Franzán y Juesa, la que está situada en cierta calle de Valencia.
5-Sigo queriendo a Martita. Me encanta ver cómo le rebotan las tetas cuando se enfada. Me gustaría crear una réplica de sus protuberancias mamarias en barro. Me llamo Arnaldo, nací cerca de la cristalería Franzán y Juesa, la que está situada en cierta calle de Valencia y me encantan las manualidades.
6-En ocasiones dudo de que mi amor por Martita sea tan respetable como ella se merece. Daría una oreja por sentir lo que ella siente; por no ser capaz de ver lo que ella no puede ver, ni siquiera imaginar; por tener un tapón cósmico que me protegiera la nariz cuando toca la guitarra con los pies. Me llamo Arnaldo, nací cerca de la cristalería Franzán y Juesa, la que está situada en cierta calle de Valencia y me encantan las manualidades, pero odio a muerte el queso de búfala campana.

PARÁGRAFO VIII:
Mis indecisiones son relativamente anónimas.

PARÁGRAFO IX:
Cada vez que entro en la habitación que me sirve de librería mis ojos se posan sobre un tomo de lomo azul que descansa sobre uno de los anaqueles. Le llamo el gran (pesa casi dos kilos y tiene mas de 3000 páginas) libro cri-cri, pues cada vez que lo abro emite una especie de sonido lastimero semejante al ruido que producen los grillos macho al frotar las alas. Porque Gregorio, que es como me llamo, solo lee o abre libros en la sala de los libros.
1-Aunque quiero a Martita con todo mi corazón, siento algo muy profundo por Gregorio que me empieza a trastornar. Me llamo Arnaldo, nací cerca de la cristalería Franzán y Juesa, la que está situada en cierta calle de Valencia y me encantan las manualidades, pero odio a muerte el queso de búfala campana de la misma manera en que amo a ese tipo que tiene un libro cri-cri.

PARÁGRAFO X:
¿Recuerdas el día en que Ermen, que es como llamábamos a Ermengarda de Narbona se sintió tan indispuesta como los parágrafos II, III y V? Yo sí. Bueno, yo no. ¿Tú sí o tú no? Espera, no me respondas. ¡Por allí viene Arnaldo! ¡Ojalá no pueda vernos!
1- 1-A menudo Martita suministraba. No tengo mucha idea de qué es lo que Martita suministraba, pero sé a ciencia cierta que suministraba. También abastecía y proporcionaba. Porque Martita solo hacía lo que ella creía que era lo mejor que podía hacer en esas determinadas circunstancias.
2-Si tuviera que elegir entre la vida o la muerte, preferiría la muerte, porque la vida sin Martita, aunque sea con ese tipo llamado Gregorio que de repente ha dejado de gustarme, no es vida. Tampoco es muerte, mas bien oscuridad indisociable o algo parecido, pero… ¡Chitón! ¡Se acercan Ermengarda de Narbona y su hermana Ermesinda.

PARÁGRAFO XI:
Mis indecisiones siguen siendo relativamente anónimas, pero el abismo tenebroso que las embadurnaba ha implosionado como un estertor.

PARÁGRAFO XII:
Escupitajos ten si a los mí (qui no tan di y pro) han si es a los ros y cu de in de se hu du mi. Pe so mis gar son ca de em a cu y en al mis ti. Hasta hace unos pocos años la gente venía a que le escupiese de la manera menos tradicionalista que se me ocurriese, algunos incluso me pagaban por llevar mi marca registrada colgando de un ojo o una solapa. Pe to cam ha un añ, cu me di Parotiditis, Parotiditis, Parotiditis. Des en ten que be a ca un de mis tres no y a los pro de ca un de e con un con «Durex dame placer» o in «Control ultra feel» em mi len.

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Email del 25 de junio 2019

Maria Sibylla Merian. Metamorphosis insectorum Surinamensium, Plate XLVIII (1705)

Querida:

La mayoría esperaba otra extravagancia inmoral, por esa razón cuando me presenté disfrazado de insecto kafkiano, con cuatro pares de alas perfectamente dispuestas entre el mesotórax y el metatórax, no tuvieron más remedio que admitir su sorpresa. Supongo que esperaban que volvería a sacarme el pene y lo agitaría como si se tratase de una matraca, pues es lo que había hecho en años anteriores. ¡Pero fui capaz de demostrarles que soy el tipo que mejor usa los cromatóforos sensoriales! Lamentablemente mi presentación, extraordinaria y valiente, atrajo a una multitud indeseada y absolutamente aborrecible de presentistas mierdosos que como tableaux-vivants gritaban los nombres de algunos de sus condiscípulos. Te juro por mi vida que llegó un momento en que se congregó más gente que en un jodido Kumbhamela. Quizá por esa razón completé una rápida mutación y me transformé en algo parecido a un solipsista extremista lascivo y comencé a hacer el amor conmigo mismo, y aunque el segundo par de alas me jorobó bastante, todavía fui capaz de practicar sexo oral primitivo con un hada que volaba cerca.

Si no me crees, anda y que te zurzan.

Gugugú López

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Email del 23 de junio 2019

Max Pechstein. Dialogue (1920)

CONVERSACIÓN 1. De pie.

YO: La imagen estereotipada de un Dios entrado en años y con barba larga y blanca tiene la ventaja de presentarlo como un carcamal, que es en realidad lo que sus seguidores piensan de él cuando nadie los observa…
ÉL: No deberías mostrarte tan seguro de ti mismo. Al fin y al cabo no eres nada. ¡No somos nada! Recuerda sus palabras: «Yo soy lo que hago, pero como casi nunca hago otra cosa que vegetar, entonces Yo soy hierba. Acercaos corderitos y terneritas y paced sobre mí».
YO: Eso no lo dijo Él. Te lo acabas de inventar, mamón.
ÉL: Bueno, en realidad eso lo dijo mi padre en su lecho de muerte.
YO: ¿En serio? Joder, tío, eres la le…
ÉL: Te lo juro por mi honor. Nunca se lo había contado a nadie. Supongo que deliraba por todas las mierdas que le metían en vena.
YO: ¿De qué murió?
ÉL: De cáncer de algo metastasiado en alguna parte. Ni siquiera quise preguntarlo. ¿Qué más da? Un cáncer es un cáncer.
YO: ¿De qué murió?
ÉL: Tío, ¿estás sordo? Acabo de responderte. ¡Del puto cáncer!
YO: ¿De qué murió?
ÉL: ¿Me estás vacilando? ¡Deja de poner caras raras! ¿Te encuentras bien? ¡Deberías…!
YO: ¿De qué murió? ¿De qué murió? ¿De qué murió? ¿De qué murió? ¿De qué murió?
ÉL: Me estás asustando. Deja de tirar saliva por la boca. Joder, tío, que guarrada. ¿Qué coño te pasa?
YO: ¿De qué murió? ¿De qué murió? ¿De qué murió? ¿De qué murió? ¿De qué murió?
ÉL: ¡Hostia puta! ¡Este tío es epiléptico! ¿Qué hago? ¿Qué cojones hago?
YO: ¿De qué mu…? De.. de qué que… ¡Ya! ¡Ya estoy mejor! ¡Espera! ¡Estoy bien! ¿Te has asustado?
ÉL: Coño, ¿Qué te ha pasado? ¿Eres epiléptico?
YO: No, no. Perdona. No, no, no. Es algo que me sucede desde pequeño. Los médicos no saben a qué se debe. Siempre que alguien nombra la enfermedad que tu has, ejem, nombrado antes, me pongo como en trance y… y luego no me acuerdo de nada. Seguramente es algo neurológico, pero nadie es capaz de darme una solución.
ÉL: No sé qué decirte. Ya esta todo correcto. Ya ha pasado todo. Te juro que jamás se me ocurrirá nunca hablar sobre el cáncer delante de ti…
YO: ¡Delante de ti!
ÉL: ¡Oh, no! ¿Qué he hecho?
YO: ¡Delante de ti! ¡Delante de ti! ¡Delante de ti! ¡Delante de ti! ¡Delante de ti!
ÉL: ¡Mierda puta! ¡Soy un jodido imbécil!
YO: ¡Delante de ti! ¡Delante de ti! ¡Delante de ti! ¡Delante de ti! ¡Delante de ti!

CONVERSACIÓN 2. Sentados.

ELLA: Siempre que vengo a tu casa y me siento en este sofá tan cómodo me siento como una reina. Yo creo que en lugar de venir a hacerte una visita vengo a sentarme en él. ¡Jajaja!
YO: Pues si supieras lo que sucedió en la parte donde siempre te sientas. ¿Se llama plaza?
ELLA: Bueno supongo que se podría llamar plaza, pues los venden de una, dos o tres plazas. Pero, que es lo qué pasó en esta plaza?
YO: Mejor no te lo digo. Quiero que sigas viniendo a visitarme o a sentarte en esa plaza tan cómoda.
ELLA: Caray tío, ahora que me lo has dicho tienes que ser más concreto. ¡No me dejes así!
YO: ¿Qué más da? ¿Tu estás cómoda, no? Y parece que feliz también. ¡Olvida el resto!
ELLA: ¡Quiero saber ahora mismo qué es lo que sucedió en esta jodida plaza de sofá!
YO: Bueno, hace dos años justo donde estás sentada murió un amigo mío.
ELLA: Caray. Lo siento. Bueno no es para tanto…
YO: Antes de morir, se hizo de vientre encima y manchó toda esa parte. Y luego se puso a vomitar. Fue horroroso. Cada vez que lo recuerdo…
ELLA: ¿Limpiaste todo bien, no?
YO: ¡Pues claro! ¿Qué querías que lo dejase todo como estaba para que las visitas hicieran fotografías? ¡Menuda pregunta!
ELLA: Pues entonces, ya está.
YO: No. Todavía no he acabado…
ELLA: Ay… continúa… por favor.
YO: Después de cagarse y vomitar, comenzó a mearse encima.
ELLA: ¡Me lo imaginaba! Las tres funciones corporales excrementales completas.
YO: Y tras todas esas porquerías…
ELLA: Y tras todas esas porquerías… ¿Qué? ¡Dímelo por Dios!
YO: Pues que al tratar de auxiliarlo, yo también vomité encima de él y encima de la maldita plaza.
ELLA: ¿Solo tú o también el forense cuando vino a…?
YO: No.
ELLA: ¿No?
YO: No.
ELLA: Comprendo.
YO: No iba a avisar a la poli y dejar que estos me acusaran de cualquier cosa.
ELLA: ¿De qué te iban a acusar?
YO: No sé. Ya conoces a los maderos. Además no quería llamar la atención del vecindario. La casa llena de polis. La escalera llena de polis. La calle llena de polis. El barrio lleno de polis…
ELLA: Me estoy empezando a poner de los nervios…
YO: No tuve otra opción.
ELLA: ¡AY! Creo que voy a desmayarme.
YO: Lo descuarticé, sí. Ahí mismo. En la misma jodida plaza de sofá que tanto te gusta.
ELLA: ¡Santa María Virgen! ¡Santos Victorio y Peregrino! ¡Dios que estás en los cielos!
YO: ¡Creía que eras atea!
ELLA: ¡Y yo que tú eras un buen tipo!
YO: ¡Soy un buen tipo!
ELLA: Sí. Solo que un poco descuartizador.
YO: ¿No te das cuenta? ¡Tenía que hacerlo!
ELLA: Necesito salir a la calle a tomar el aire.
YO: Claro que sí. Pero, recuerda que si hablas con alguien de todo esto…
ELLA: Comprendo. Si se lo digo a alguien, terminaré cagando, meando y vomitando en esta plaza. Y luego tú me desmembrarás concienzudamente… ¿No es eso?
YO: Bueno, más que concienzudamente, yo diría que escrupulosamente…

CONVERSACIÓN 3. De rodillas.

ÉL: Nos encontramos postrados intentando alabar al Señor. Él es nuestro refugio. Cantemos juntos:


El que viveeeee bajo la sombraaaaa protectoraaaaa
del Altísimooooo y Todopoderosooooo,
dice al Señooooor: «Tú eres mi refugiooooo,
mi castillooooo, ¡mi Diooooos, en quien confíooooo!»


Sólooooo él puede librarteeeee
de trampaaaaas ocultaaaaas y plagaaaaas mortaleeeees,
pues te cubriráaaaa con sus alaaaaas,
y bajo ellaaaaas estaráaaaas segurooooo.

¿Por qué no cantas con nosotros?
YO: Perdone padre, pero yo solo quería preguntarle dónde estaba la calle Sagrado corazón, pero usted me agarró con fuerza y me obligó a ponerme de rodillas y…
ÉL: Oh, perdone. Lo siento mucho, pero ya que está de rodillas conmigo acompáñeme con el cántico…

No tengaaaaas miedooooo a los peligrooooos nocturnooooos,
ni a las flechaaaaas lanzadaaaaas de díaaaaa,
ni a las plagaaaaas que llegaaaaan con la oscuridaaaaad,
ni a las que destruyeeeeen a plenooooo soooool.

YO: Padre me tengo que marchar. Yo, yo no creo en Dios.
ÉL: Yo tampoco hijo mío. Mira, para llegar a esa calle tienes que seguir recto y en el segundo cruce dirigirte a la derecha. No tiene pérdida.
YO: Gracias padre. Adiós. Adiós.
ÉL: Adiós hijo mío. Ve en paz.

Pues miiiiil caeráaaaan muertooooos a tu izquierdaaaaa
y dieeeeez miiiiil a tu derechaaaaa,
perooooo a ti nadaaaaa te pasaráaaaa.
Solamenteeeee lo habráaaaas de presenciaaaaar.

CONVERSACIÓN 4. Tumbados.

ELLA: Si te mueves un poco más a la derecha tu pene entrará mejor en mi boca.
YO: Pero yo quiero que tú te muevas a la izquierda. Llevo media hora intentando llegar con la lengua al puto clítoris.
ELLA: Cariño, si yo me muevo a la izquierda y tu a la derecha nos caeremos al suelo.
YO: No si tú te mueves a la izquierda un poco en diagonal.
ELLA: Pero yo no quiero moverme a la izquierda. Ni siquiera en diagonal. Trato de mordisquearte el prepucio, pero no hay forma de conseguirlo.
YO: Ya me has comido la polla siete veces antes. Ahora quiero comerte la chirla yo. ¡Me lo merezco! Pero cada vez que acerco la lengua tu vagina se aleja.
ELLA: Claro, amor. Porque trato de alcanzar tu preciosa polla. Sin embargo, parece que tú no estás por la labor.
YO: Vamos a hacer una cosa. Tú te mueves a la izquierda y yo te como todo. Luego yo me muevo a la derecha y tú me comes todo.
ELLA: ¡Sin diagonal?
YO: ¡Sin diagonal!
ELLA: Me parece que podemos intentarlo.
YO: Claro. Ahora pasa la pierna derecha por encima de mi cabeza y la pierna izquierda por detrás de mi espalda y…
ELLA: Cariño, si hago eso me tendrás que llevar con toda urgencia a un aparejador médico…
YO: Es verdad. Espera, si deslizo yo el hombro derecho por delante de tu coxis, quizá así…
ELLA: Mi amor, estamos haciendo circo. Y yo solo deseo una cosa: meterme tu cosa dentro de mi boca.
YO: Pero para eso antes tengo que llegar con mi lengua a tu flor. Pero no hay tutía.
ELLA: ¿Y si nos vestimos y nos desvestimos de nuevo?
YO: ¿Pero para qué? ¿Para qué desvestirse si ya estamos desvestidos?
ELLA: Lo decía porque quizá si recomenzáramos de nuevo…
YO: ¡No! Voy a intentar llegar a tu vagina. Espera. ¡No te muevas! ¡Ni siquiera respires!
ELLA: Amor, la última vez que has intentado llegar a mi vagina has tardado mas de media hora y no has sido capaz de conseguirlo. ¿Crees que resistiré tanto tiempo sin respirar?
YO: Porque tú te alejabas. ¡Cada vez que yo me acercaba tú te alejabas!
ELLA: Yo no me alejaba. Es este jodido colchón de Ikea…
YO: Creo… creo que deberíamos replantearnos nuestra sexualidad… en estos mismos instantes…

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Email del 22 de junio 2019

Peter Paul Rubens. Saturn devouring his son (1636)

Querida:

1ª posibilidad: Todo existe.
2ª posibilidad: Nada existe.
3ª posibilidad: No hay probabilidad de saber si tanto «Todo» como «Nada» existen en realidad o son el resultado de una ingesta masiva de barbitúricos omniscientes por algún diosecillo secundario mezquino y deprimido.

Te juro que si algún día descubro una teoría alternativa al misterio de las tres posibilidades, me dedicaré a buscar una hipótesis opcional que sea casi totalmente inviable. Y si me queda algo de tiempo, hasta es probable que me haga un bocadillo con un panecillo que no esté demasiado durillo. ¡Y algo de mezcla o entremezcla, por supuesto!

Greg

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Email del 20 de junio 2019

Alfred Manessier. La sixième heure (1958)

1 (La fille de la grande salope)
El estudio del rastrerismo no es una ciencia exacta, pero a raíz de conocer a Dorotea Alcarria, quizá la tipa más despreciable, mezquina, falsa, tramposa, avariciosa, cobarde, desleal, egoísta, hipócrita, vengativa, envidiosa, insoportable, caprichosa, desconsiderada, engreída, despiadada, vanidosa y aprovechada que se ha cruzado en mi camino, se me hizo evidente que debía investigar la materia en profundidad. Sin embargo un repentino ataque de bondad misericordiosa me hizo replantearme la cuestión. Y lo primero que hice como sujeto renacido inclinado a la compasión fue anular el contrato SG-24, por el cual un tipo duro y sin el menor atisbo de humanidad debía entrar en casa de semejante bastarda, untarle la nariz con Loctite Super Glue-3 y pegar tanto a esta como a su dueña a la fachada exterior de la finca a una altura de ±24 metros.

2 (Le jour où Dieu a disparu)
Me gusta escuchar toser a los vecinos. También me gusta mirar cómo beben los peces en el río, seguramente por ver a Dios nacido. Tanto los unos como el otro, es decir los vecinos y Dios, me importan una mierda psiconeurótica. En realidad todo me importa una mierda, excepto coleccionar sustantivos compuestos pluralizables, como «albiceleste», «sobrepujar» o «salvamantel». Me es indiferente si estos se forman gracias a la unión de dos putos sustantivos, de un puto sustantivo y un jodido adjetivo o de un puto sustantivo y un maldito verbo desnaturalizado y pancista.

3 (Quels beaux proverbes!)
Ayer fue un día abierto. Abierto a especulaciones. Pero como odio teorizar, hoy será un día cerrado. Cerrado a cal y canto. No pienso dejar pasar ni al aire, que generalmente es bastante fino. Ahora mismo me viene a la memoria el refrán «El aire de Madrid es tan sutil que mata a un hombre y no apaga un candil». Supongo que pasará lo mismo con el aire de Valencia, Badajoz, Guadalajara o cualquier otra provincia española. De la misma manera, ese aire fino además de apagar un candil podría apagar un quinqué, una candileja o incluso un farolillo.

4 (Dialogue)
-Alfredito, ¡qué mayor te has hecho! ¿Cuántos añitos tienes?
-Siete…
-Es increíble. ¡Hacía por lo menos dos años que no te veía. ¿Recuerdas quién soy yo?
-Sí. Eres el tito Andrés.
-¡Muy bien! Mira… ¡Esto es mercurio! Lo he sacado de varios termómetros antiguos… Pero qué trato de explicarte, si solo tienes seis años…
-Siete…
-Eso, siete. Pues como te decía, esto es un metal que he sacado  de… bueno, no importa. Toma, cógelo.
-Se mueve… se mueve…
-Sí, se mueve, pero no te lo he dado para que juegues, ya eres muy mayor para eso. ¡Tienes ocho años!
-Siete…
-Sí, exacto, ejem. Lo que quiero… lo que quiero es que te metas el mercurio en la boca y te lo tragues…
-¿Que me lo meta en la boca y me lo trague?
-Sí.
-¿El mercario?
-Mercurio. Sí. ¡Cómetelo! Pero no ahora. Luego. Cuando estés con tus papás.
-¿Cuando esté dentro, en casa?
-Sí. Mientras, para que no se se… mientras, mételo en esta cajita. ¡Toma!
-Tito Andrés… tengo que decirte algo…
-Dime, Alfredito…
-Andrés Rubio García, queda detenido. Mire. ¡Me voy a quitar el disfraz! ¿Lo ve? Soy un policía. ¡Y tengo 34 años y medio! Dese la vuelta para que le ponga las esposas. Queda arrestado por el intento de envenenamiento de un niño falso y por el envenenamiento de varios niños verdaderos. Recuerde que usted tiene derecho a permanecer en silencio. Cualquier cosa que diga podrá ser usada en su contra ante un tribunal. Tiene derecho a consultar a un abogado o a tener a uno presente cuando sea interrogado en las dependencias policiales. Si no puede contratar a un abogado, le será designado uno para representarlo. ¿Lo ha entendido?
-Conque siete, ¿eh?

5 (Poésie)
Los jueves limpian la escalera. Los viernes, sábados, domingos, lunes y martes los vecinos, visitantes y cobradores la ensucian. El miércoles está tan asquerosa que es imposible enmugrecerla más. Los jueves limpian la escalera. Excepto en el mes de agosto que no la limpian. Sin embargo no se nota. Los vecinos están en sus pueblos, los visitantes visitando a los vecinos en sus pueblos y los cobradores gastándose el dinero en furcias y coñac. Los jueves limpian la escalera.

6 (Ça pourrait être pornographique)
La raojesta es una de mis posesiones más apreciadas. No existe ninguna más en el mundo conocido. Seguramente porque es una palabra inventada. Sin embargo eso no implica que la trate como a un ser humano. Peino sus vedijas engrasadas, limpio sus comisuras y en algunas ocasiones la castigo por ser mala. Una vez me la metí en la boca pero sabía rara. Supongo que se sintió muy molesta porque me mordió la lengua y desde entonces soy incapaz de pronunciar la palabra «idiosincrasia» sin ocasionar las carcajadas de cualquier persona que esté lo suficientemente cerca. Pero pese a todo, sigo pensando que es una raojesta perfecta. Y quiero que todos sepan que nunca me alejaré de ella, pues solo a su lado siento que este mundo es un lugar realmente maravilloso y que soy un hijo de la gran puta con mucha, mucha, mucha suerte. Me gustaría darle un hijo, pero no sé por dónde…

Email del 20 de junio 2019 Leer más »

Email del 18 de junio 2019

Damien Hirst. Human skull in space (XX cent.)

Amiga:

Durante las tres últimas décadas se han elaborado numerosas teorías para explicar las razones por las cuales algunos humanos (pertenecientes a ambos sexos) son tan extraordinariamente idiotas, además de feos. Al mismo tiempo y de la misma manera, durante esos años un numeroso grupo de autodenominados «Humanistas irritados» esbozaron una serie de hipótesis que demostraban sin error alguno todo lo contrario. Por eso no sorprendió a nadie que en febrero de 1998, ambas facciones de investigadores, científicos, filósofos y estilistas quedaran en un descampado a las afueras de Munich para pegarse. El resultado de la pelea fue no concluyente, por lo que un año después repitieron el enfrentamiento en un terreno especialmente acotado en pleno valle de Loira, muy cerca de Orleans, y al año siguiente en una nave abandonada -aunque en perfecto estado de conservación- de 7000 metros cuadrados situada en una aldea perdida dentro del territorio perteneciente a Valladolid. Durante el lustro ulterior las hostilidades se paralizaron debido a un alto el fuego, pero en abril de 2005 la cuñada austriaca de uno de los cabecillas de la facción que defendía el positivismo del Ser se casó con el suegro polaco de una de las líderes del otro bando y renunció a sus creencias, lo que supuso una especie de punto de inflexión para ambas agrupaciones que se tradujo en numerosas escaramuzas en campo abierto a lo largo del territorio comprendido entre el noroeste de la península ibérica y el sudeste de los Países Bajos.

En una de esas escaramuzas perdí un ojo y una oreja cuando una liebre psicopáticamente agresiva me saltó encima sin mediar agresión alguna. Por supuesto no voy a decirte en cuál de las facciones contendientes militaba yo, aunque si me conoces un poco estoy seguro de que llegarás a un razonamiento real, exacto, preciso, minucioso y claramente específico-concreto-determinado.

Greg

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Email del 16 de junio 2019

Arnold Böcklin. La isla de los muertos (1883)

El siguiente texto fue hallado dentro de un culo:

«Me encontraba mirando fijamente la luz de una bombilla cuando de repente esta comenzó a bailar y a dividirse en pequeños puntitos. Por un instante creí que las tres hermanas vampiras de Bram Stocker se iban a fusionar a partir de esas señales claramente perceptibles. Me froté los ojos con los dedos y en unos segundos fui capaz de enfocar la vista de nuevo, sin embargo algo había cambiado, pues observé que todos los objetos que antes me rodeaban habían desaparecido. Mientras trataba de impedir que mis gritos fueran escuchados por cualquiera, los pensamientos que solo unos instantes antes me habían pertenecido ahora revoloteaban asustados buscando algún cable imaginario donde posarse. Estaba claro que tantos y tantos años de melancolía, insatisfacción y autoexigencia comenzaban a pasarme factura. 
   
Os puedo asegurar que el miedo que percibí fue real. Incluso en un momento dado me pregunté si mis antepasados podrían ser rusos, pues esa inapetencia existencial que me asaltaba continuamente se me antojaba meramente soviética, aunque cuando repasé mis apellidos (López Pérez), volví a la realidad y decidí que las ventanas existían por un único motivo, es decir para abrirlas y saltar por ellas hacía el vacío. 




Estoy muerto. Pocos son los desafortunados que han sobrevivido a una caída desde 7 metros. Incluso sin un atisbo de vida recorriéndome los músculos soy capaz de renegar de los malditos que están vivos. Quizá alguien se pregunte cómo es posible que pueda escribir no existiendo, porque no me negaréis que la muerte es la absoluta y definitiva inexistencia. No tengo respuesta. Mientras escribo estas líneas soy capaz de ver mis guiñapos sobre una mesa de necropsias, por lo tanto lo más normal sería aventurarse a decir que yo era algo parecido a una extraña bicorporalidad en vida, y una de esas vidas, o presencias, o como quieras llamarlas, permanece a pesar de los maravillosos todos que implica la muerte. O quizá…»

El resto del texto estaba demasiado manchado como para poder ser leído.

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Email del 15 de junio 2019

Joaquín Sorolla. Cosiendo la vela (1896)

Textos provincianos. Texto provinciano número 1. Barrios de Valencia.

El 13 de mayo del 2005, Genaro Ruiz, del barrio de Extramurs, y Rodolfo Crespo, del barrio de Campanar, se citaron en mi barrio, Benimaclet, para escupirse mutuamente. Y así lo hicieron durante casi 25 minutos. Cuando llegaron a la conclusión de que sus afrentas habían sido reparadas ofrecieron una rueda de prensa y regresaron a sus respectivos barrios. Al día siguiente Genaro se sintió indispuesto mientras compraba verdura fresca y falleció encima del mostrador de madera. Cuando las noticias saltaron de barrio en barrio y llegaron a los oídos de su enemigo Rodolfo, este se sintió culpable, se vistió -pues la noticia le llegó mientras se duchaba- y desapareció. Desde ese día nadie lo ha vuelto a ver, aunque hay gente que dice que reside en el barrio de Tres Forques, en pleno distrito de L’Olivereta, rodeado de gatos y fragmentos metálicos.

En realidad todo había empezado un año antes, cuando Rodolfo descubrió a Genaro orinando sobre la base del tronco de una Raphis excelsa y le echó una bronca. Este, en lugar de achantarse, siguió meando sobre las bases del resto de las palmeras (casi 50) que adornaban la avenida principal de Campanar. Desde aquel instante Rodolfo se la juró a Genaro. No pasaron ni dos semanas cuando el primero se dirigió junto a 17 amigotes a una de las calles principales de Extramurs y se pusieron a defecar sin recato debajo de cualquier arbusto que sobrepasara los 70 centímetros de altura y los 45 de anchura. Cuando el olor de las evacuaciones llegó a la nariz de Genaro, este se apoyó sobre la prostituta que tenía desnuda al lado y juró que aunque tuviera que matar, engañar o robar, ponía a Dios por testigo de que jamás volvería a oler una hez ajena. Sin embargo antes de que la sangre llegara al río, ambos duelistas fueron convocados por una fuerza superior común llamada Felisina «de los andurriales» que les conminó a hacer las paces.

Nadie sabe por qué se reunieron en el barrio de Benimaclet y se escupieron mutuamente, aunque yo estoy convencido de que en realidad habían quedado en el barrio de Vara de Quart, sito en pleno distrito de Patraix, porque tanto la madre de Genaro, Alfonsa «la menor» Santana, como la de Rodolfo, Lucrecia «Positrón» Rojas, nacieron, vivieron y murieron en ese barrio situado al norte de otro de los más conocidos de la «terreta», el de La Fontsanta. Por cierto, en una de las calles de La Fonsanta hice el primer trío de mi vida. Bueno, en la calle no, en uno de los pisos de uno de los edificios de una de las ramblas. Pero creo que me estoy alejando de la verdadera cuestión provincial, el asunto de la rivalidad entre Genaro y Rodolfo, y cómo esa serie de discusiones y desafíos irracionales trastocaron la vida de varios cientos de miles de valencianos.

Ya han pasado 14 años desde que sucedieron los hechos y la gente todavía se para en las calles para discutir quién tenía la razón. Quizá no lo sepamos nunca, pero sinceramente, ¿de verdad es tan importante saber el por qué de cualquier hecho? Genaro, el único superviviente del suceso emigró a la Atlantida en 2007, pero como le resultó imposible encontrarla regresó y se estableció en el barrio de Torrefiel, perteneciente al distrito de Rascaña, donde abrió una tienda de cosas imposibles, aunque tuvo que cerrarla cuatro años después debido a la imposibilidad de vender material tan imposible. Ahora vive en una pequeña calle sin salida en el barrio de La Carrasca (distrito de Algirós), muy cerca de mi barrio, que como expliqué en el primer párrafo es Benimaclet, perteneciente al distrito de Benimaclet y repleto de moscas y mosquitos procedentes de la auténtica huerta valenciana.

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Email del 13 de junio 2019

Walter Battiss. Nose man (XX cent.)

Querida:

¡Estoy hasta los cojones!

Greg

P.D.
¡O hasta las narices! Elige lo que te parezca menos desagradable, porque tanto mis testículos como mi apéndice nasal son bastante repulsivos (no olvides mi avanzadísima edad). Podría arrancarme ahora mismo uno de los primeros y ponerlo en el lugar del segundo y nadie se daría cuenta. Bueno, puede que algún listillo o listilla reparara durante unos pocos segundos en su turgencia, redondez, esfericidad o curvatura, pero seguramente lo atribuiría a una serie interminable de cogorzas repetidas.

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