 |
| Pietro Longhi. Fainting (1744) |
Hola:
Me preguntas cómo me encuentro… Bueno, la verdad es que no estoy peor que hace una semana, aunque eso no quiere decir que me sienta lo suficientemente dichoso como para salir a la calle y dibujar una tremenda sonrisa para el primero que pase. La combinación concatenada de cuestiones, propósitos y pesadumbre comienza a esparcirse por las neuronas de mi cerebro como una incorrección perfectamente esquematizada. En estos momentos me siento como una planta a la que no se ha regado ni abonado en meses. Por supuesto, tú me conoces, no es mi propósito deprimirte con mis infortunios, pero estoy convencido de que después de tantos emails repletos de humor, surrealismo, escatología y pornografía no serás capaz de negarme unas pocas lágrimas.
Supongo que este texto, o mejor dicho, el parágrafo anterior, es el más accesible que he escrito en mi vida. Lo he releído un par de veces y me he sentido como un niñito de siete años al que seis años y medio de palizas continuadas han trasformado en un cursi bobalicon adulto.
-Hola. ¿Eres Gregorio? -exclamó una mujer no demasiado guapa desde el otro lado de la puerta.
-Sí. Tú debes ser Ninfómana Caliente. Bueno, por lo menos ese es el nik con el que contacté.
-Sí, soy Ninfómana Caliente, pero puedes llamarme Cerecita Húmeda si el otro nombre te importuna. Según leí en tu email querías que una mujer menstruara en tu cara, ¿no es así? -respondió mientras se arremangaba la falda y se arrancaba las diminutas bragas.
-Sí, así es. ¿Te parezco un enfermo?
-No soy psiquiatra, corazón. Ayer me vino la regla y es muy abundante durante 17 horas, así que sugiero que empecemos lo antes posible…
Siempre he pensado que demostrar las emociones reales sin disfrazarlas convenientemente es un tremendo error. Claro que si eres de las que piensan que disfrazar no es más que un jodido sinónimo del verbo mentir, entonces no estarás de acuerdo con mi apreciación. La verdad es que una de las cosas que menos me importan de los humanos es si están o no de acuerdo conmigo. Porque en algunas ocasiones ni siquiera yo estoy de acuerdo conmigo y nunca, repito, nunca, estoy de acuerdo con nada de lo que pueda salir de la boca de alguien que no sea yo o el psicótico organizado que me parasita.
-¿Te ha gustado? ¿Has tenido suficiente? Límpiate mejor la cara, cariño. Todavía llevas parte de mi sangre y matriz sobre tu rostro.
-Ninfómana caliente, ¿recuerdas lo que hablamos en el último email?
-¿Lo de presentarte al desequilibrado de mi ex?
-Sí. Me dijiste que era especialista dando palizas…
-Te aseguro que es el mejor… Cielo, ¿de verdad quieres que te golpee?
Si nadie se apiada de mí, y yo necesito que alguien se apiade de mí, entonces, tengo un gran problema. Soy un maldito vicioso y un degenerado, pero todavía no he llegado al punto en que no necesite que alguien se apiade de mí. Te lo pediría a ti, pero sé que ya tienes suficiente apiadándote de ti. Además, no me gusta cómo te apiadas, creyéndote tan única y especial. ¿De verdad crees que eres una elegida? Nadie es un elegido, aunque a veces yo te eligiera para follarte con diferentes objetos por el culo. ¿Eso te hace única? A saber cuántas veces has abierto tu viejo agujero repleto de fisuras e imperfecciones para que cualquiera que pregonara al mundo que es un gran penetrador o empotrador, te introdujera cualquier cosa que tuviera en esos momentos a mano, ya fuera algo romo o aguzado… en exceso.
-Mañana hablaré con él. Se llama Teo, aunque el prefiere que le llamen «Muerte». Sí ya sé que es un apodo muy clásico pero…
-Ninfómana caliente, no me falles. Necesito que me dé una paliza tal que no me sea posible volver a querer que tú u otra mujer me menstrúe en la boca. Pero es necesario que no me mate. Toma. Esto es parte del dinero por su trabajito. Entrégaselo. El resto cuando lo tenga delante.
-Chico, creo que estás loco, pero es tu decisión y parece que es inquebrantable. Ha sido un placer sangrar sobre ti. No hace falta que me acompañes a la puerta. Adiós, cielo.
-Adiós Ninfómana caliente. ¡Cuídate mucho!
Las dificultades… las dificultades que tengo para deglutir todo lo que no esté triturado por una batidora. Las dificultades que tengo para que la batidora funcione y no provoque que salte el diferencial eléctrico. La dificultad que produce que el diferencial esté tan alto y que solo sea accesible si me subo a una banqueta. Las dificultades que representa para un tipo con vértigo subir a una banqueta para deslizar hacia arriba el interruptor.
El interruptor…