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| Orson Welles. Self portrait (1965) |
¡Anteayer me puse tan solemne! ¿Qué quieres decir con eso? Pues que me deshice de una maldita costumbre pretendidamente sana que venía practicando con cierta religiosidad desde hacía un par de lustros. ¿Maldita costumbre? Sí, y además foránea; de Okinawa para ser más exactos, que es una isla de Japón donde la mayor parte de la gente llega a centenaria. ¿Y cómo se llama esa jodida costumbre? ¡Maldita! ¡Maldita costumbre! Se llama «Hara hachi bu», aunque no creo que ningún mediterráneo pueda llegar a ser capaz de pronunciarla en okinawense, japonés, ryukyense o valenciano. ¿Podrías tratar de explicar mejor cómo te deshiciste de esa puta costumbre? ¡Maldita! ¡Maldita costumbre! Muy sencillo, enviándola a unos cuantos metros más lejos de donde suele encontrarse el vocablo que más uso en estos tiempos (que no es otro que «mierda» en su forma simple o «puta mierda» en la compuesta) y poniéndome a tragar como un sapo al que le han predicho una próxima extinción masiva de insectos.
Después de comerme dos platos rebosantes de habichuelas la emprendí con otros dos de fritanga variada con patatas fritas cortadas con forma de Turritopsis. Para finalizar lo que terminé llamando «la gran renuncia asiática» me zampé ocho raciones de tartas antropofóbicamente variadas, dos cafés solos y uno tocado con Magno (con el coñac, no con el gel) y me fumé un caliqueño bastante arqueado. El resultado no se hizo esperar, pues al salir del restaurante mi ombligo atravesó la puerta siete segundos antes que mi nariz, dotando a mi figura de una especie de aura graso-subcutánea que me afeaba bastante, sobre todo cuando intentaba saltar una o varias sillas en ambas direcciones.
¡Hoy es un nuevo día! ¿Un nuevo día? Sí, porque no es antes de ayer ni ayer. ¡Es hoy! Joder, qué guapo me pongo cuando no uso frases largas. ¿Qué diantres tienen que ver las frases largas? ¡Cállate ya de una puta vez! ¡No quiero volver a escuchar ni una jodida pregunta más! ¿Entendido? El sol está alto y radiante y las chicas caminan ligeritas de ropa. ¡Se me hace la boca agua! ¿Qué es lo que eres, un jodido semental salido? ¡Te lo advertí! ¡Te dije que ni una pregunta más! Se me hace la boca agua de pensar que en menos de media hora estaré otra vez sentado en mi ambigú favorito devorando toda clase de pitanzas presentadas de una manera correcta aunque informal. ¿Creía que antes dijiste no sé qué sobre las frases largas? Ya no puedo más. O te callas o te meto tres tiros. Naturalmente meterte tres tiros a ti es meterme tres tiros a mí. No hay diferencia, pero, ¿sabes? estoy bastante cansado de los dos.
