Email del 11 de julio 2019

Sergei Yatsenko. The madness of the human mind (2013)

Mis razonamientos hodiernos dependen enteramente del buen funcionamiento de los ventiladores de aspas situados en el comedor, que es donde suelo reflexionar por las mañanas, y en el dormitorio, utilizado como mi Rishikesh privada a partir de las seis y cuarto de la tarde. Sin la inestimable ayuda de estos amigos metálicos, mi cerebro se anquilosaría como ya me sucedió el 23 de agosto de 1998, cuando una avería eléctrica dejó a medio barrio sin corriente durante más de ocho horas.
AMIGO: ¿Por qué has tardado tanto en abrirme la puerta, Greg?
YO: Ung, ung…
AMIGO: ¿Qué te sucede?
YO: Ung, ung…
AMIGO: Tienes mala cara, aunque no me extraña con este puto calor y sin poder poner el ventilador…
YO: Ung, ung…
AMIGO: Sí, te comprendo perfectamente, a mí me sucede lo mismo.
YO: Ung, ung…
AMIGO: ¿En serio? Me dejas de piedra, tío. Cuéntamelo con todo lujo de detalles. No te dejes nada.
YO: Ung, ung…
AMIGO: En realidad se lo tiene merecido por comportarse de esa manera.
YO: Ung, ung…
AMIGO: Yo sabía desde hace mucho mucho tiempo que le pasaría eso. Te doy mi palabra de honor.
YO: Ung, ung…
AMIGO: Eso sí que no, tío… ¡eso no puedo creérmelo!  Jajaja. ¡No me tomes el pelo, mamonazo!
YO: Ung, ung…
AMIGO: ¿Por debajo y por detrás? ¿Siempre por debajo y por detrás?
YO: Ung, ung…
AMIGO: ¿Las partículas elementales? Ah, virtuales, perdón…
YO: Ung, ung…

Normalmente, si entendemos el término normal como claramente anormal, me detengo en seco cuando pienso que he recorrido demasiada superficie de pasillo. Mi plusmarca son cinco metros. A partir de esa cifra suelo parar y descansar unos 20 minutos antes de continuar con los otros seis o siete metros restantes. Si no descanso sudo. No olvides que los dos ventiladores, tal y como te escribí unas cuantas líneas atrás, están en el comedor y el dormitorio. A menudo he pensado que debería comprar tres ventiladores más y situarlos en la baldosa cero, en la octava y en la última, la que separa el pasillo de la puerta de entrada, pero no lo he hecho porque tengo miedo de que alguna visita tropiece y se caiga de cabeza al acceder a mi casa para verme, tocarme, olerme o lo que desee en esos instantes.
AMIGA: Nunca había conocido a nadie que dispusiera de tres ventiladores en el pasillo.
YO: Los necesito. Los necesito. De veras que los necesito. Aaaaahhhhh…
AMIGA: Ya lo veo. Estos tres junto a los dos que ya tenías hacen un total de cinco. ¿No te resultaría más rentable instalar aire acondicionado?
YO: No me gusta. No me gusta. De veras que no me gusta. Aaaaahhhhh…
AMIGA: Vale, vale, te creo. ¡Chico eres un tipo tan raro!
YO: Yo no soy raro. Yo no soy raro. De veras que yo no soy raro. Aaaaahhhhh…
AMIGA: ¿Y qué más da? A mí particularmente me gusta la gente rara. Con ellos nunca te aburres.
YO: ¿Quieres una Coca-cola o un vaso de agua? ¿Quieres una Coca-cola o un vaso de agua? ¿De veras que quieres una Coca-cola y un vaso de agua? Aaaaahhhhh…
AMIGA: Bueno, con un vaso de una de las dos me es suficiente. Mejor agua fresca. De la nevera o con hielo.
YO: Tengo agua mineral embotellada. Tengo agua mineral embotellada. De veras que tengo agua mineral embotellada. Aaaaahhhhh…
AMIGA: Pues entonces ponle uno o dos cubitos de hielo, por favor.
YO: No tengo hielo. No tengo hielo. De veras que no tengo hielo. Aaaaahhhhh…
AMIGA: Pues entonces prefiero un vaso de Coca-cola fresquita.
YO: Todavía no he metido la botella en la nevera. Todavía no he metido la botella en la nevera. De veras que todavía no he metido la botella en la nevera. Aaaaahhhhh…
AMIGA: Bueno, pues me conformaré con agua natural. ¡Qué se le va a hacer!
YO: Tendrás que beber a morro, tengo todos los vasos por fregar. Tendrás que beber a morro, tengo todos los vasos por fregar. De veras que tendrás que beber a morro, tengo todos los vasos por fregar. Aaaaahhhhh…

Un día del mes pasado conocí a alguien. No sé su nombre porque nunca se lo pregunté, pero aunque ahora no recuerdo si era hombre o mujer estoy seguro de que era alguien majo o maja. No abunda la gente que te haga sentir bien o rebién, que es mucho más que bien. Recuerdo que nos reímos mucho y que él o ella se atragantó en un momento dado mientras intentaba explicarle a mi manera qué es la singularidad en el big bang. Sin embargo no recuerdo si intenté hacerle la maniobra de Heimlich, si falleció en esos instantes o si ya vino muerta a la cita. Creo que debería ponerme en manos de un congreso de neurólogos y dejar que manosearan mi sesera. Supongo que… bueno… ya sabes… 
DIRECTOR CONGRESO NEUROLOGÍA: Este pobre cerebro está tan dañado que no comprendo cómo la cabeza que lo alojaba no estalló antes.
YO: Por favor, me duele…
SUBDIRECTOR CONGRESO NEUROLOGÍA: Además no pesa nada. A ver, que alguien traiga el peso para medir cerebros.
YO: Señor, quiero volver a casa con mis ventiladores…
PONENTE 1: ¡Increíble! ¡Pesa 35 gramos! ¡Menos que el de un conejo silvestre!
YO: ¿Por qué me mira toda esa gente?
PONENTE 2: No me explico cómo a este tipo le dejaban caminar solo por la calle…
SUBDIRECTOR CONGRESO NEUROLOGÍA: Con ese peso lo que yo no comprendo es cómo era capaz incluso de abrirse la bragueta para orinar.
PONENTE 3: Apártense un poco. ¡Quiero hacer fotos!
DIRECTOR CONGRESO NEUROLOGÍA: Las fotos al final. Ahora deberíamos hacer una pausa para acercarnos al restaurante  de José Homarus Gammarus a comer una mariscada, después podríamos hacer una buena siesta y sobre las siete o siete y media  volver nuevamente a este maravilloso salón de congresos a discutir la miseria craneal de esta cos… quiero decir, de este pobre hombre. ¿Están todos de acuerdo?

Antes de enero de 1962, mis movimientos corporales eran claramente inexistentes, sobre todo porque todavía no había nacido. Pero si nos remontamos unos cuantos meses, no sé, unos ocho o nueve, sí que parece que existieron algunos movimientos…  ¡los que producía mi padre encima de mi madre, intentando crearme, para que en el futuro yo pudiera ser capaz de moverme! La verdad es que es un lío enorme, pues si he de hacer caso a Pomposo Proto -el perro disecado que en ocasiones me habla y que en esa época estaba vivito y coleando- mi padre no es mi padre y mi madre no es mi madre. La madre de mi padre no tuvo hijos y la madre de mi madre engendró solo varones. Sin embargo el padre de mi padre y el padre de mi madre a menudo se encerraban en los graneros juntos y con caras de pocos amigos y salían juntos y con cara de buenos amigos. En fin, no quiero decir que el padre de mi madre y el padre de mi padre fueran… En resumidas cuentas: los dioses carecen de progenitores. ¿Carecen de progenitores? Me di cuenta por primer vez de mi condición omnipotente un día que había salido a pegarle una paliza a un vecino que cantaba todas las mañanas el repertorio completo de Julio Iglesias y se me apareció una rodilla iluminada que me dijo que yo era especial y que por favor la llevara al reumatólogo o al cirujano ortopeda cuando acabásemos de charlar.

En ocasiones veo al fruiti Mochilo desnudo…