Email del 7 de agosto 2019

Lucian Freud. Horse smiling (1940)

Querida:

He desinstalado de mi cerebro las aplicaciones que no eran totalmente necesarias y ahora, supercalifragilísticamente optimizado, me encuentro preparado para matar o, por lo menos, anestesiar. Incluso creo que parte de esa negatividad existencial que me impedía dibujar una sonrisa ha desaparecido casi por completo. Claro que no todos opinan lo mismo. Ayer sin ir más lejos Lucrecia y su marido Lucrecio, los dependientes y propietarios de la panadería «Los Lucrecios», que es donde compro los cruasanes, me dijeron que mi sonrisa era espeluznante, sobrecogedora y desasosegante. Por esa razón he decidido ensayar la sonrisa, la risa, la risotada y la carcajada media hora al día delante del espejo redondo que generalmente utilizo en las estrategias de mantenimiento y acicalado, es decir, afeitado rostral y craneal.

Te lo cuento para que admitas que no soy el clásico hombre que se estanca y que mejoro a velocidad supersónica.

Greg «Nasty de Plasty» López