Email del 19 de agosto 2019

Jean-Michel Basquiat. Now’s the time (1985)

Existen varias fórmulas para comenzar un relato que trate sobre el pasado. Las dos más utilizadas por los escribidores son «Hace mucho tiempo» y «Había una vez», por supuesto con todas sus numerosas variantes. Ambas han sido empleadas desde el principio de los tiempos (pseudoliterarios) y una, la segunda, prácticamente se hizo el harakiri a sí misma después de ser envilecida hasta un punto sin retorno en la canción infantil «El barquito chiquitito», ya sabes, esa que trata sobre una embarcación pequeñaja que no sabe, o no sabía, no sabía, que no sabía navegar.  Sin embargo, desde hace unos ocho o nueve años (más o menos los que yo llevo administrando y ejerciendo de paladín sideral en este blog) ha vuelto a resurgir con fuerza la clásica conjugación del verbo hacer a la que me refería como la primera fórmula, y desde entonces, para bien o para mal, los nuevos intentos de arranque se han vuelto a convertir en viejos y desdentados para siempre. Pero mejor te pongo unos cuantos ejemplos:

ARQUETIPO PROTOTÍPICO NÚMERO 1
Hace mucho tiempo, o mejor dicho, un día de hace mucho tiempo cuando todavía vivía con mis progenitores, sentí la necesidad imperiosa de medirme el pene. Y lo hice, pero con tan mala suerte que mi madre abrió la puerta justo cuando trataba de enfocar la vista sobre la rayita de los centímetros del metro blando que había cogido de la cesta de la costura. ¡Obviamente olvidé echar el pestillo de mi cuarto! Por supuesto cuando mi progenitora vio lo que se cocía dentro cerró la puerta de una manera terroríficamente automática y salió disparada corriendo por el pasillo. A partir de ese día sucedieron dos cosas: la primera fue que mi madre cambió la alta costura por la baja escultura, y la segunda que cualquier cachibache que sirviera para medir, calcular, calibrar o incluso determinar, fueron prohibidos bajo pena de expulsión eterna de mi casa.

ARQUETIPO PROTOTÍPICO NÚMERO 2
Hace aproximadamente 165 millones de años, una saurópsida sauropterígida perteneciente al orden Plesiosauria intuyó (con la pequeña parte de su cerebro dedicada en exclusividad a presentir) que los tiempos iban a ponerse más jodidos de lo que estaban en esos momentos. Quizá por ese motivo Bartola -que es como llamaremos a nuestra protagonista para hacer el relato más cercano a lo que Erasmo Palonte Pérez-López denominó CEF (cercanía existencial furibunda)- se dedicó a comer sin recato durante tres meses hasta que su cretácico hígado hizo «Ploooong proooong faz faz» y explotó esparciendo pedazos de clado vertebrado a los cinco vientos (Nota: en aquella época la expresión «a los cuatro vientos» se consideraba demasiado adelantada a su tiempo).

ARQUETIPO PROTOTÍPICO NÚMERO 3
Hace un lustro que no me lavo. Quiero experimentar cuáles son las reacciones específicas relativas a la suciedad y sus misterios. Hasta el momento todo me parece normal, bueno casi normal si exceptuamos que he sufrido el desprendimiento de una axila. Todo lo que me sucede, lo que no me sucede y lo que debería sucederme pero no me sucede está anotado en varias libretas de tapa dura. A partir de mañana todo será escrito en libretas de tapas blandas, pues las de tapas duras se me han terminado y no me atrevo a salir a la calle a comprar nuevas libretas de tapas duras porque la ausencia de un sobaco puede parecer repugnante al resto de congéneres. Hay que ser empático. O por lo menos hacer que se es sin serlo, o sin serlo hasta un punto que te convierta en algo similar a un pardillo blando. Porque toda blandidez -y digo blandidez y no flacidez- será castigada por el Gran Hulgu, dios de los castigos inmisericordes. Una deidad nueva pero con un grandísimo futuro.

ARQUETIPO PROTOTÍPICO NÚMERO 4
Hace una semana yo era un tipo más joven que hoy. Por lo menos siete días más joven. Ahora, mientras escribo esto, me siento 168 horas más cansado y maduro. Bueno, no es que me importe demasiado sentirme así, pero creo que no es justo. Conozco multitud de gente que no envejece, quizá es porque están muertos, vale, pero el tiempo y sus derivados caústicos-mordientes-corrosivos ya no les afectan. Y no solo eso, sino que no tienen que reírse frente a chistes verdaderamente malos o ir a comprar cada cuatro días a Mercadona y escuchar los lloriqueos del encargado, de los reponedores o de las cajeras. Realmente es mejor estar muerto que vivo, aunque solo estando vivo se puede querer estar muerto. No conozco a ningún muerto que quiera estar vivo. Y eso es algo que nos debería hacer pensar un  poco. Aunque la verdad es que conozco a varias personas vivas que quieren seguir estando vivas para siempre. Claro que también conozco muertos que quieren estar muertos sine die. Incluso conozco a un vivo que quiere seguir estando muerto, claro que su cerebro no funciona a un nivel, digamos como el mío.

ARQUETIPO PROTOTÍPICO NÚMERO 5
Hace horas que me roza la sisa. La sisa. Me roza. Me roza la sisa. No, no es la letra de una canción de Paco Ibañez o incluso de Chicho Sánchez Ferlosio, sino la pura realidad. ¡La que escuece! ¿De qué sisa estamos hablando? De la sisa de los calzoncillos. He cambiado de marca y este es el resultado. No puedo salir a la calle con rozamientos. ¡Me provocarían retorcimientos! Y si me tuerzo o retuerzo sin un volante firmado por un médico especializado, alguien terminaría pensando que soy demasiado blando. Y cuando alguien piensa que soy un jodido blandengue tiendo a poner cara de componente obsoleto o suprimido, tipo poliaspartato potásico (E-456). Anteriormente (o en vidas anteriores) me han rozado muchas sisas, pero esta puta sisa es insoportable.

(Más tarde)
Alguien se ha acercado a mí y me ha dicho que las sisas son cosas de las mangas o algo parecido. No le he comprendido bien porque me seguía rozando la sisa (o lo que sea) de los calzoncillos. Una cosa es cierta, no se trata de rozaduras ocasionadas por la pretina, pues esta se sitúa sobre la cintura y a mí me roza cerca de la portañuela. No voy a seguir manteniendo que la culpable de todo sea la sisa, pero ¡algo me roza! ¿Y si no es la sisa? ¿Entonces qué es?

ARQUETIPO PROTOTÍPICO NÚMERO 6
Hace un montón de décadas un tal Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo y se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto…

Greg