![]() |
| Joan Miró. Hombre y mujer frente a un montón de excrementos (1935) |
1-La escisión interior.
Estoy bastante harto de deslizarme cuesta abajo. No es que pretenda rodar cuesta arriba, pero conozco a alguien que se quedó paralizado en el mismo lugar durante años hasta que, de repente y sin previo aviso, se volvió a poner en movimiento. Y a partir de ese inesperado reencuentro con la movilidad aparente, el tipo siguió deslizándose, o rodando, o como diantres quieras llamarlo durante casi una década, sin querer o poder o necesitar contenerse. Cuando al fin se detuvo, lo primero que hizo fue acercarse a una cantina, pedir un cocoroco doble y volverse invisible.
Nota:
Nadie sabe cuanto tiempo permanecerá en estado comatoso-etéreo pero los propietarios de la bodega han señalizado el lugar donde se encuentra su cuerpo para que nadie tropiece.
2-Melodía de mediodía.
Naaaaa nanananaaaaaa.
Naaaaa nanananaaaaaa.
Lalalala la la.
Lalalala la la.
Naaaaa nanananaaaaaa.
Naaaaa nanananaaaaaa.
3-Soy soso.
Alguien me regaló un maniquí femenino hace algunos años. Cierto día lo vestí con unas bragas caladas de algodón perlé adornadas con lacitos. Unos segundos más tarde se las bajé. Y se las subí. Y se las bajé. Y se las volví a subir. Y se las volví a bajar. Y se las subí. Y se las bajé. Y se las subí. Y se las volví a bajar. Y a subir. Continué bajándoselas y subiéndoselas durante unas cuantas horas hasta que me di cuenta de que lo mejor era contratar a alguien que no tuviera dinero ni para comer para que asumiera el gasto energético, mientras yo dirigía cada uno de los dos movimientos principales. Pero no lo hice porque desgraciadamente me desperté…¡Mierda!
4-Prière du couteau sanglant.
Querido cuchillo de mi vida,
eres frío como yo,
por eso te quiero tanto,
y te doy mi corazón.
Tómalo, tómalo,
tuyo es, mío no.
5-Capítulo 1.
El miccionador de Benimaclet había vuelto a hacerlo. La prueba era una buganvilia joven y empapada. En uno de los despachos del cuartel de los picoletos del barrio, un joven sargento llamado Saturnino Espada miraba por la ventana. Al mismo tiempo, su compañero el sargento primero Ataulfo Florete, hijo de inmigrantes italianos, se atusaba el gran mostacho pseudonacionalfranquista mientras un gorrión los observaba con aspecto interesado desde el alfeizar. A ambos los llamaban «Los filosos» debido a sus apellidos. De repente entró por la puerta el capitán Torcuato Tizona y tanto los dos suboficiales como el ave paseriforme se cuadraron con una gallardía que rozaba la virilidad estentórea.
— A ver, ¿qué passsssa aquí?
— ¡Nada, capitán Tizona!
— Sargento Espada, me gusta que siempre sucedan cosas…
— ¡Sí, capitán Tizona!
— Y usted, sargento primero Florete. ¿No tiene nada que decir?
— ¡No, capitán Tan! Quería decir… ejem, capitán Tizona.
— Y tú, Passer domesticus, ¿tampoco tienes nada que manifestar?
— Piu, piu, piu…
6-Liturgia.
Recuerdo un riñón… ¿Pero cómo voy a recordar un riñón? Recuerdo un rincón. ¡Un rincón! Recuerdo un rincón. Bueno la verdad es que no recuerdo un rincón. Recuerdo varios rincones. Algunos de ellos eran húmedos y estaban repletos de telarañas. Lo curioso es que no recuerdo a las arañas. Siempre que hay una telaraña hay una araña. En este caso no era así. Como ya he dicho anteriormente, era un rincón húmedo repleto de telarañas sin arañas. El suelo estaba cubierto de hojas agujereadas, sin embargo no había rastro de fauna agujereadora. Ni siquiera árboles. El pino más cercano se encontraba a 23 kilómetros de distancia. Está claro que los kilómetros implican distancia, no anchura o altura, pero quiero que todo en este recuerdo sea perfectamente comprensible para poder ser analizado bajo cualquier tipo de circunstancia. A menudo… A menudo acudía a los rincones con una bolsa de chinchinchones. Nunca he sabido que era un chinchinchón, pero estaban buenos y rimaban con extrema facilidad con el sinónimo menos agradecido del plural del vocablo «testículo». Un chinchinchón proporcionaba una energía de 234 calorías. Dos chinchinchones 468 calorías. Tres chinchinchones 702 calorías. Cuatro chinchinchones 936 calorías. Cinco chinchinchones 1170 calorías. Seis chinchinchones 1404 calorías. Siete chinchinchones 1638 calorías. Ocho chinchinchones 1872 calorías. Nueve chinchinchones 2106 calorías. Suficientes para investigar cada uno de los recovecos, vueltas y recodos que conformaban las paredes alabeadas de las esquinas, aristas y salientes.
7-Ciclo de Jespersen.
¡Schützenhaus!
¡Schützenhaus!
¡Schützenhaus!
¡Schützenhaus!
¿Florecilla?
¡Schützenhaus!
¡Schützenhaus!
¡Schützenhaus!
¡Schützenhaus!
