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| Otto Dix. Prostitute with red bow (XX cent.) |
Querida:
Mi mejor amiga se llama Clarisa. En 2001 se casó con un anómico de procedencia italiana. En 2002 su marido la dejó por una chica más joven. En 2003 se volvieron a juntar de nuevo. En 2004 fue ella la que abandonó a su esposo por un yogurín. En 2005 volvieron a juntarse, y aunque seguían casados legalmente, lo celebraron volviendo a contraer nupcias por el rito balinés en Indonesia. En 2006 ella se enamoró de otra mujer y él de otro hombre. En 2007 ambos volvieron a vivir juntos mientras los amantes de ambos se conocían y enloquecían el uno por el otro. En 2008 tanto mi amiga como su marido asistieron a la boda de sus antiguos queridos y él perdió un empaste con amalgama de plata cuando se hurgaba con un tenedor. En 2009 Clarisa le sufragó los gastos del dentista. En 2010 ambos resolvieron divorciarse y en 2011 les perdí la pista definitivamente. ¡Hasta ayer!
YO: ¡No! ¡No puede ser! ¡Felisa!
CLARISA: ¿Ya te has olvidado de mi nombre? Te voy a matar, Greg. ¡Clarisa! Acércate que te dé un besazo.
YO: ¿He dicho Felisa? ¡No sé dónde tengo la cabeza, Clarisa! Felisa es mi uróloga. ¿Cómo estás, cielo? Hacía por lo menos cinco años que no te veía.
CLARISA: ¡Siete! ¡Siete años! Dame la mano y vamos a sentarnos en aquel banquito. No tengo mucho tiempo pero quiero que me cuentes cosas.
YO: ¿Y qué quieres que te cuente? Mi vida comparada con la tuya es realmente soporífera. ¿Cómo te ha ido a ti?
CLARISA: ¡Ardo en deseos de contártelo! Verás, como recordarás en 2010 me divorcié de Enzo.
YO: Nunca supe el nombre de tu marido. Se lo pregunté en varias ocasiones pero siempre evitaba responder con evasivas.
CLARISA: Odiaba ese nombre. Pero dejemos a Enzo tranquilito. Como te decía, después de separarme me dediqué a replantear mi vida y llegué a la conclusión de que esta era irreplanteable. ¿Existe esa palabra? Bueno da igual. Acabé el año enrollada con un chico de 87 años porque…
YO: ¡87 años? ¿Un chico de 87 años? Entonces yo a mis 57 debo ser un bebé. ¿Cómo pudiste hacer eso? Me tiemblan las rodillas…
CLARISA: Porque necesitaba dinero y a él le sobraba. Además solo duró 5 meses y solo tuve que acostarme con él en 60 ocasiones. ¡Una por mes! Las tengo anotadas en un papel en el bolso. Espera, te voy a enseñar la nota…
YO: ¡No! No te preocupes. Te creo. Continúa por favor.
CLARISA: Bueno, pues después de dejar a Guti y con la pasta que me regaló…
YO: ¿El chico de 87 años se llamaba Guti?
CLARISA: No. Se llamaba Prudencio Gutiérrez, pero yo lo llamaba Guti. ¡Si vas a estar interrumpiéndome todo el rato me callo!
YO: Perdona. Te juro que no volverá a suceder.
CLARISA: Con la pasta que me regaló cuando rompimos, unos 50000 euros…
YO: ¡Cojones! Perdón…
CLARISA: Con ese dinero abrí en noviembre del 2011 una cremallería. Al principio la tienda fue muy bien, pero… ¿Qué haces con la mano levantada?
YO: ¿Una cremallería?
CLARISA: Sí, Greg. ¡Una cremallería! Una tienda de cremalleras especializada. ¿Cuántas cremallerías hay en tu barrio?
YO: Yo, yo nunca he visto ninguna… creo…
CLARISA: Lamentablemente tuve que cerrar el establecimiento en junio del 2012. Pero como soy una tipa resuelta telefoneé a Guti, que en ese momento se encontraba en una residencia y le pedí prestados 80000 euros. Por supuesto me los prestó y yo los invertí en bolsas.
YO: ¿Te jugaste todo ese pastón en la bolsa?
CLARISA: ¡No! Hice algo mejor: monté una tienda de bolsas de plástico de color verde. Solo vendía bolsas, de todas las formas y tamaños, pero absolutamente verdes o en diferentes tonalidades verdosas. ¡Siempre me gustó el verde! El problema es que la gente quería bolsas del resto de colores, así que abrí una sucursal donde se podían adquirir bolsas en todos los colores excepto el verde. ¡Chico, todo se desmadró! Al final las cerré en 2013 y 2014 respectivamente y volví a llamar a Guti, pero el cabrón no me respondió.
YO: ¡Joder, Clarisa! ¡Es natural!
CLARISA: La muerte es la que es natural. ¡Se había muerto! Intenté que su hija me prestara 60000 euros pero se negó en redondo y me colgó el teléfono. ¡Menuda perra! No me quedó otro remedio que meterme en líos con los bancos. Un horror, de verdad, cariño… Pero al final les saqué 50000 euros y los invertí en una casa de citas sin luz. Todo a oscuras. Los clientes eligen a las chicas palpándolas y las chicas les ponen los profilácticos a oscuras… ¡Jajaja! Una vez Clito das Mortes le puso un condón en la nariz al repartidor de Coca cola. Ese tío es la hostia, tiene una napia… ¡Le llamamos Cyrano!
YO: ¿Un puticlub sin luz? ¿Clito das Mortes? ¿Cyrano de Bergerac?
CLARISA: Al principio la cosa fue que necesitaba abrir con urgencia, pero Hidroeléctrica iba lenta. Muy lenta. Muy lenta. Muy lenta. Bueno, en realidad me pedían demasiada pasta por el alta del suministro eléctrico y decidí inaugurar a oscuras. La cosa funcionó y hoy en día estoy forradita. ¡Uy! ¡Qué tarde es! Tengo que irme, amor. Las chicas estarán en la calle esperando. Es que no me fío ni de mi madre. Las únicas llaves son las mías. ¡Dame un besotón!
YO: Ha, ha sido un placer. Creo que me duele el hígado.
CLARISA: Deberías ir al médico. Chaitoooo.
Cuando Clarisa se largó me dejó en un estado, por decirlo suavemente, enfurecido. Lo primero que hice fue desenfurecerme a base de alcohol etílico y cebolletas. Luego, cuando creí que estaba mas calmado pregunté a todos los puteros que conocía hasta que uno me dio el nombre y la ubicación del burdel. Su nombre era «Club nebuloso, lóbrego y opaco de Klarissa» (con ka y dos eses). Así que me dirigí hacia allí. Pensé que sería divertido si una de sus pupilas me ponía un preservativo en una oreja, pero a mitad de camino, me empezó a doler el hígado. ¡Y esta vez era de verdad! Al principio los dolores eran cortos y soportables, pero al rato se hicieron insufribles.
Ahora estoy en la sala de espera de urgencias. Mientras aguardo que llegue mi turno han sucedido dos cosas importantes. ¡Esenciales! La primera es que para hacer la estancia más agradable me he puesto a escribir lo que estás leyendo. Y no te puedes hacer una idea de lo difícil que resulta escribir todo este rollazo de email con el teclado del teléfono móvil. La segunda es que como me habían entrado ganas de hacer de vientre, me metí en el aseo del hospital y expelí varias ventosidades, algunas de ellas extraordinariamente ruidosas. Sin embargo ahora me siento estupendamente. Creo que voy a volver a retomar el planteamiento inicial. ¡Sí! ¡Me voy al establecimiento de Klarissa!
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