![]() |
| Ferdinand Hodler. The angry one (XIX-XX cent.) |
¡Hey, tú!:
He sacado la cabeza por la ventana y he mirado hacia arriba. Podría haber sacado otras partes del cuerpo más flácidas, pero he creído que no era el momento apropiado. El cielo se me ha antojado de un azul tipo «Dragón de zafiro de Kamakura» y la ventana incómoda como un féretro cuadriforme. Cuando he decidido que ya había visto suficiente me he sentado sobre una viejecita caquéctica, a la que antes había contratado como silla humana, y he meditado acerca de la existencia y los granos en el perineo. Cuando he llegado a un punto en que me ha sido imposible diferenciar un argumento ad hominem de una falacia céteris páribus, he detenido la ceremonia de meditación en el acto y he pagado a la anciana, aunque no sin antes recriminarle su aspecto decadente.
Dentro de un rato pienso sacar la cabeza por la ventana otra vez. Pero en esta ocasión miraré hacia abajo. Y si me atrevo igual me desabrocho la bragueta y saco a un invitado muy especial al que llamo Policarpo o Polonio, según mi estado de ánimo. Y si sigo con el mismo grado de osadía hasta es posible que eche una meadita sobre las cabezas de los individuos de ambos sexos que en esos momentos se encuentren a tiro. Y si después de semejante gorrinada pienso que me he quedado corto, es muy muy muy factible que me encarame de espaldas y suelte un par de morcillitas calientes sin arroz. Y si mi ánimo se transforma en euforia, puede hasta que tire a la vieja y luego me precipite yo. Porque estoy convencido de que los degenerados -y yo soy uno de ellos- no deben coexistir con más degenerados -y tres cuartas partes de la población lo son-, sino con virtuosos, para así hacerles la vida insoportable. Solo malviviendo mental y emocionalmente se alcanza Chirivirbi, que es el Nirvana de los coléricos, exasperados y encabronados.
Greg «Zeitgeist» López, el neoludita nimbado
