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| Odd Nerdrum. Lunatics (2001) |
Me encontraba sentado en una terracita, tomándome una cerveza y meditando acerca de los seres terrestres, intraterrestres y extraterrestres cuando se acercó una mujer de unos treinta y pico años y me preguntó si podía sentarse conmigo, pues todas las mesas restantes estaban ocupadas. Como era increíblemente atractiva le dije que por supuesto, y para demostrarle mi gallardía me levanté y la ayudé a sentarse como si fuera un maitre profesional. Al cabo de un rato nuestra conversación tomó un cariz extraño y peligroso…
ELLA: Mi primer contacto transgeneracional con una protuberancia perteneciente a un antepasado causó en mí un gran impacto. ¡Te lo juro! No todo el mundo está preparado para enfrentarse a turgencias pretéritas. Fue mi psiquiatra Jumjum quién me convenció de que plantar cara a los nódulos y al pasado era la mejor manera de poder afrontar el futuro. ¡Sobre todo después de haber tratado de lamer los poros sudoríparos y las papilas dérmicas de una liebre muerta! Claro que cuando hice eso estaba totalmente drogada…
YO: ¿Pero qué me estás diciendo? Te había preguntado si eras valenciana de nacimiento…
ELLA: En realidad Jumjum se llama Estanislao, pero todos le llaman Estanis, excepto su peluquero chino que es incapaz de pronunciar el nombre y se inventó eso de Jumjum. ¿No te gusta Jumjum? ¡Es Jumjum, sin tilde final! Así: Jumjum. Jumjum. Jumjum.
YO: Sí, es un apodo enternecedor, pero no sé qué tratas de contarme…
ELLA: Jumjum era un tipo expansivo. Supongo que seguirá siéndolo.
YO: ¿Te encuentras bien? Te está cambiando el color de la cara…
ELLA: ¡Jumjum! ¡Me pregunto dónde estará ahora Jumjum! ¡Lo echo tanto de menos!
No había acabado de articular su amor por Jumjum cuando apareció un tío y se echó a los brazos de mi interlocutora.
ELLA: ¡Jumjum, eres tú! ¡Has vuelto! ¡Mi amor! Lo sabía! ¡Sabía que nos volveríamos a encontrar!
JUMJUM: ¡Jumjummina! ¡Te he buscado! ¡He atravesado montañas y desiertos pero al fin te he encontrado! ¡Te quiero! ¡Te quiero, Jumjummina!
ELLA: ¡Te fuiste sin despedirte, Jumjum! ¡Te odié! ¡Dios sabe cuánto te odié! Pero ahora estás a mi lado y yo te quiero como el primer día. ¡Hazme tuya aquí, en medio de la terraza!
JUMJUM: ¡Jumjummina!
ELLA: ¡Jumjum!
JUMJUM: ¡Jumjummina!
ELLA: ¡Jumjum!
YO: Por favor, Jumjum y Jumjummina. ¡La gente no para de mirarnos! Podríais dejar de comportaros de esa manera tan, ejem… ¡apasionada!
JUMJUM: ¿Quién es este tipo, Jumjummina?
ELLA: Creo que me dijo que se llamaba Brev, breva, o algo así…
YO: ¡Greg! ¡Me llamo Greg!
JUMJUM: Vrev… o Greg, o como quiera que te llames. ¡Paga la bebida de Jumjummina y lárgate!
ELLA: Sí. Jumjum tiene razón. Jumjum siempre tiene razón.
YO: Desde luego que me largo…
JUMJUM: ¡Ay, Jumjummina! ¡Amor mío!
ELLA: ¡Jumjum! ¡Eres mi vida!
JUMJUM: ¡Jumjummina!
ELLA: ¡Jumjum!
JUMJUM: ¡Jumjummina!
ELLA: ¡Jumjum!
JUMJUM: ¿Al final qué es lo que hiciste con la liebre, Jumjummina?
Mientras me dirigía a casa medité sobre la locura. Cuando hice una pausa en mi camino a casa y me senté en un banco de un parque, seguí meditando acerca de la locura. Incluso cuando me escondí detrás de una adelfa a orinar (¡la jodida próstata!) continué meditando sobre esos dos chalados y el resto de pobres imbéciles que pululan por el mundo. De repente, sentí una sensación extraña, pero la asesiné de un puñetazo. Eso me hizo sentir cuerdo… ¡Y único!
