Email del 28 de noviembre 2019

M.C. Escher. Plane filling motif with human figures (1921)

«La vida, conmigo, no transcurre lo bastante deprisa, así que la acelero. La corrijo. ¡Mañana me mato!».
(Fuego fatuo, de Louis Malle. 1963)

Últimamente no hablo mucho con la gente, supongo he vuelto a entrar en el «modo defensa» que tan buenos resultados me ha proporcionado en el pasado. Cada vez que un parónimo carniforme, es decir, un ser humano, se acerca a mí con claros propósitos conversacionales aprieto la tecla Intro situada en alguna parte de mi cerebro, pero con un acceso directo en lo que hace millones de años fue un ojo pineal, y mi cuerpo se camufla perfectamente en el entorno. He sido árbol, pared de ladrillos, señal de tráfico, cajero automático, pipicán y otros muchos elementos. Y aunque ya no cabe ninguna duda de que no soy un niño (en enero 58), me siento tan frustrado y melancólico como el pequeño Iván de Tarkovsky. ¡Y tan revulsivo como un producto vesicante! Supongo que mi autodomesticación conductual no ha logrado el éxito esperado. ¿Debería someterme a una autoeutanasia? ¿O mejor olvidarme de todas las mierdas trabajosamente manufacturadas por la sociedad para hacernos sentir inútiles o pertenecientes al poco exclusivo grupo de los nacidos estrellados, y al mismo tiempo defecar sobre el malgastado y a estas alturas inaprovechable prefijo «auto»? Por cierto, ya no necesito automedicarme. Ni siquiera autoafirmarme. Y mucho menos autocensurarme. Lo único que realmente necesito es un pase VIP. ¿Un pase VIP? Sí, un pase VIP.  ¿Pero, un pase Vip…? Sí, un pase VIP absoluto ¿Pero un pase VIP absoluto para dónde? Un pase VIP absoluto para todo.

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