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| Cassius Marcellus Coolidge. No graft here (XIX-XX cent.) |
Los casos de El churrero castañero ambulante García Pérez. El caso de Consolación, que aunque estaba aquí, venía de allí.
El cadáver estaba escondido entre los matorrales, cerca de la atarazana de la familia Rivera. Tanto el sargento Isbert como el churrero castañero ambulante y detective aficionado García Pérez intentaban sonsacar algo más que sollozos a Consolación, la mujer que denunció el hallazgo.
—Ha sido horrible. ¡Horrible!
—Lo entiendo, señora, pero por favor, concéntrese y cuéntenos todo lo que sepa —contestó el sargento mientras se peinaba con la mano un cabello que ya no existía.
—Iba caminando por aquí… bueno, por allí… la verdad es que iba de aquí hacia allí y luego de allí, ¿lo ven? hacia más allá…
—Se-ño-ra Consolación, trate de ser más ob-je-ti-va —susurró el churrero castañero García Pérez.
—¡Lo siento! Caminaba hacia allí. Empecé a caminar desde el patio de mi casa, pero cuando… ¡Perdónenme otra vez! Iba hacia allí, como les decía, cuando me fijé en una nariz que estaba tirada en el suelo. Me acerqué a comprobar si era una nariz humana o de un muñeco, porque detrás de una nariz, ya sea humana o de un maniquí, siempre hay pegado un cuerpo. Pues eso, me acerqué así, agachada como si fuera una squaw sioux y con pasos muy resueltos, aparté con las manos la aliaga y lo vi. Era un cuerpo de hombre, aunque la nariz era muy respingona, más de mujer, saben ustedes. Entonces corrí desde allí hasta allá, me senté sobre una piedra muy basta y me puse a llorar. Luego me dirigí desde allí hasta el cuartelillo y le conté lo que había visto al guardia que me atendió.
—Dígame, se-ño-ra Consolación, ¿qué hacía ca-mi-nan-do por aquí?
—Oh, no caminaba por aquí, caminaba por allí. Ya se lo he dicho tres veces. Caminaba de allí hacia ese otro lado.
—¡Por favor, señora!
—Lo siento, coronel…
—De momento soy sargento. Responda a la pregunta del señor Pérez García.
—Ejem, sar-gen-to. Es García Pérez. ¡Conteste a la pre-gun-ta señora Concepción!
—Es Consolación, señor López García.
—¡Perez! ¿García Pérez!!
—Ay, es que mi marido se apellida López. ¡López García! Rogelio López García y me he confun…
—¡Señora Consuelo, ¿va a contestar a la pregunta del señor García?
—¡Consolación! ¡Consolación!
—Me da igual si es Consolación, Consolador o Agripina. Conteste a la pregunta del señor López.
—Sar-gen-to, la memoria le falla demasiado. Debería comer más a-li-men-tos con hierro. ¡Ya le he re-pe-ti-do en varias o-ca-sio-nes que es García Pérez!
—¡Me rindo! Me voy al cuartel. Señor García Lóp… ¡Pérez! Ocúpese usted de terminar el interrogatorio a la señora… ¡esta!
—Y ahora, que estamos solos, se-ño-ra Consolación, responda a mi pre-gun-ta, por favor.
—¿Qué pregunta?
—¡La pre-gun-ta que le hice hace 10 mi-nu-tos!
—¡No la recuerdo! ¿Puede hacérmela otra vez, señor Sánchez?
—No es San… ¡Le re-pe-ti-ré la pregunta: ¿qué hacía usted ca-mi-nan-do por esta zona?
—Bueno, yo trabajo en la fábrica de cuerdas de los Rivera. Salía de trabajar y me dirigía hacia allí desde …
—¡Se-ño-ra! ¡Estoy a punto de un a-ta-que de nervios!
—¡Ya le he contestado! ¡Trabajo en la atarazana!
—Dí-ga-me, ¿cuando vio la nariz, usted…?
—¡Horrible! Estaba mojada. ¡Puaj! ¡Repugnante!
—Es normal, se-ño-ra Consuelo, ese lí-qui-do se llama «purga».
—Señor García, llámeme Consuelín. ¡Nadie me llama Consuelo! Su cara me recuerda a la de un churrero que dirigía una churrería castañería en la calle Lupercales.
—Bueno, esto es todo por ahora. Puede marcharse. Ha sido de gran ayuda.
—¿Por qué no se vienen usted y el sargento a cenar esta noche a mi casa? Podríamos discutir sobre el caso con Rogelio, mi esposo. ¡Y luego jugar al parchís! ¡O a la oca! ¿Señor Sánchez García? ¿Dónde está usted? ¡Vaya, se ha ido! ¡Se ha largado de aquí por allí y me ha dejado con la palabra en la boca! ¡Bueno, pues yo me voy por allá a casita, ¡hala!
