Email del 4 de febrero 2020

Ray Smith. Portada del álbum «Legend» de Henry Cow (1973)

Querida:

Mi experiencia consuetudinaria con los calcetines baratos, ya sabes, esos que dejan los pies engalanados de hebras y cordoncillos, va encaminada hacia un desenlace abrupto. Sin embargo, aunque pueda parecer que pondero parte de mi entusiasmo por los probables cambios ulteriores, en realidad siento una especie de pesadumbre decididamente reveladora. Pero antes de continuar divagando emocionalmente sobre esos entes prácticos y discretos que nos cubren los tobillos y parte de las piernas, me gustaría dejar claro que aunque durante la mayor parte de mi existencia siempre me decanté por los modelos con estampados de fantasía, confeccionados principalmente en punto de algodón y acabados en canalé, la verdad es que nunca tuve ocasión de lucirlos delante de la muchedumbre. Por esa razón, de un tiempo a esta parte he sustituido los pantalones por kilts escoceses fabricados en Yiwu (China).

Como sabrás, los calcetines fueron inventados hace unos 150.000 años por un tal Hokk Ubai Sansan, claro que entonces no eran más que un par de hojas no demasiado secas que se enrollaban alrededor de los pies y se ataban con hilos, tripas de animales o cualquier cosa que sirviera para el propósito y se tuviera cerca. En realidad se cree que el verdadero inventor fue el padre de Hokk, Fraaah Ubai Sansan, que falleció el día que descubrió que para que las hojas no se desprendiesen de los pies al caminar, dar puntapiés o hacer el pino, había que sujetarlas, como he dicho antes, con cualquier cosa que se tuviera a mano. El problema es que Fraaah en aquel instante solo tenía a mano un cocodrilo de cuatro metros, por lo que terminó siendo devorado y su innovadora idea retomada años después por su retoño.

Sea o no verídica la historia de Hokk, estarás de acuerdo en que gracias a los calcetines y sus primas hermanas, las calcetas y las medias, la civilización ha pasado del oscurantismo más coercitivo a la erudición más trashumante. Y si no, date una vuelta un día por la sección de ropa de Alcampo y sabrás a qué diantres me refiero.

Greg Ubai Sansan