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| Jacek Yerka. Chisel landscape (XX cent.) |
Queridísima amiga:
Las diferencias entre Cinceles de platino, Buriles de oro y Punzones de plata, mis tres primeras novelas, son realmente apreciables. Sin embargo creo que a ninguna de ellas se las podría considerar como algo más que simplemente correctas. En la primera, el protagonista pierde un brazo mientras trata de dar de comer a un hipopótamo durante un viaje de placer por África; en la segunda pierde una pierna cuando un rickshaw descontrolado lo atropella en New Delhi durante un viaje de negocios, y en la tercera pierde la vida cuando le implosiona una axila durante una inmersion a pulmón libre en una jornada de pesca submarina. En Cinceles de platino, la mujer del protagonista no se cambia de ropa en las cerca de 1200 páginas, sin embargo en Buriles de oro se cambia cada dos páginas y en Punzones de plata se exhibe completamente desnuda durante toda la obra. Tanto Cinceles como Punzones carecen de un verdadero antagonista, por el contrario, en Buriles el rival del protagonista es una avellana de la variedad Filbert. Las dos primeras vendieron 24 y 15 ejemplares respectivamente y la tercera ni siquiera fue publicada.
Te cuento algo que ya sabes para ponerte en antecedentes, pues acabo de finalizar la última corrección de Escoplos de bronce, la última entrega de lo que he terminado llamando El cuarteto de las herramientas manuales. En este volumen, el hijo del personaje principal fallecido en la tercera parte es detenido en Oslo por pronunciar mal la palabra «nedbrytning» y es utvist fra landet por motivos lexicológicos. En cuanto a la madre, cansada de la desnudez que generosamente mostró en Punzones de plata, se contenta con aparecer en dos capítulos vestida de astronauta.
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