Email del 8 de marzo 2020

Otto Dix. Prostitutes (1923)

¿Sabes?

Estoy viviendo en el ahora. ¡Quizá no debería hacer eso! Es posible que si me convirtiera en visitante asiduo de cualquier santísima cofradía penitencial mi existencia dejaría de ser, emocionalmente hablando, tan redoliente, emoliente y maloliente, pero también tan analéptica y proléptica al mismo tiempo y, en determinadas circunstancias, rayando la autólisis más pancista. ¿Pero qué otra cosa puedo hacer? El pasado no me interesa porque cada vez que acudo a él lo encuentro más modificado. El futuro es como ver todo el ciclo de películas de Esteso y Pajares (¡y son nueve!) atado de brazos y piernas y sin posibilidad de escape. ¡Solo me queda el jodido presente! Es vomitivo y desesperante, pero poniendo cerca algunas plantitas y unas pocas cajitas antiguas he llegado a conseguir mirarlo de tú a tú sin sentir que, de alguna manera, soy una puta henchida de semen hosco, desabrido y cerebral que se vende a diario.

(Más tarde)
Si me prometieses que por amistad serías capaz de contratar a un asesino a sueldo para que me apuñalase 83 veces (es mi número de la suerte) te estaría eternamente agradecido. ¡Muerto, agradecido y satisfecho! Aunque ya no sé si fiarme. La última vez que rogué a Dios para que enviara a la Tierra a un ángel vengador con la misión de ejecutarme me tocó la Primitiva. Y a la semana siguiente la Bonoloto. Y dos meses más tarde el cupón de la ONCE.

(Mucho más tarde)
Yo, Greg de Benimaclet, consiento en ser defenestrado. Y arrastrado y apaleado. Para después ser agujereado, aplastado y ajusticiado por el asesino contratado. Si entre el primer «ado» y el último «ado», el asesino contratado se siente demasiado abrutado, se le permitirá graciosamente retirarse y ser sustituido por otro homicida menos añusgado y despiadado.

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