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| Vasily Polenov. Right hand, keeping the staff (1885) |
1-Pocilga.
Cuando una cucaracha camina sobre el suelo de mi vivienda me ofrece abundantes razones para pisotearla. Sin embargo jamás he reventado a ninguna. Supongo que el motivo es porque tanto el blatodeo como yo interpretamos unos roles predeterminados. ¡Y porque cada vez quedan menos isópteros! En realidad nunca he sido un tipo violento. Sí, he partido algunas narices humanas, no voy a ocultarlo, pero siempre ha sido porque, de alguna manera, sus propietarios me lo pedían con su comportamiento. No, no me siento especialmente orgulloso, tampoco me arrepiento. Aunque me hubiera emocionado mucho más partirles las jodidas napias a algunos dirigentes y gobernantes, pero por culpa de mi condición de paria emocional y desarraigado social nunca pude acercarme a menos de 350 kilómetros de ellos. Y aunque de vez en cuando desaparece alguno, todavía quedan un montón en el planeta. Ellos son los que desde sus mansiones palladianas toman las decisiones que nos acercan a la aniquilación total.
2-Jitanjáfora.
Ocurrió hace bastantes años. De repente tomé conciencia y dejé de obedecer. Seguí comprando y consumiendo porque no me quedaba otra opción. ¡O estás dentro o estás fuera! Si estás fuera nada te pertenece. Ni siquiera tu nombre o las ramificaciones de tu árbol genealógico. Si estás dentro el precio es el infinito. Pero el infinito es finito. ¡A menos que uno sea un estólido esquizoide! La idiotez y la esquizofrenia no conocen límites, en consecuencia son capaces de atravesar el espacio y el tiempo.
3-Factótum.
A menudo pienso en mi ex. ¡En mi exapego a cualquier clase de certeza! Por lo tanto se supone que trato de considerar, valorar y hasta quizá juzgar mi ambiguo desapego. Sin embargo, o mejor dicho, de vez en cuando, alguna dimensión moral o acontecimiento reflexivo abusa de mi voluntad violable. En esos instantes, intento desarticular los acontecimientos de la única forma que sé que no implica un cambio profundo, objetivo y permanente.
4-Cendrillon ou La petite pantoufle de verre.
Mi vinculación con el zapato de cristal de Cenicienta dio un giro a mi vida. Y eso que yo solo limpié el vidrio. Desde entonces ya nunca limpio los cristales de las ventanas. Ni siquiera los espejos. Es extraño cómo un vínculo pudo llegar a cambiar mi carácter. Si en lugar de adecentar el jodido zapato hubiese degollado a Cenicienta y hubiese puesto el cuchillo en las manos del príncipe azul… Bueno, supongo que mis ventanas y mis espejos estarían tan lustrosos y brillantes como los del antiguo anuncio de Cristasol. Sin embargo todo salió al revés. Me despidieron de Cristasol y mi cuento continuación del de Perrault fue ignorado por completo por todas las editoriales ibéricas. Cuando un pequeño librero francés decidió traducir y publicar mi obra, sus tres hijas de 12, 19 y 24 años aparecieron asesinadas y todos los cristales de su apartamento destrozados. Todos menos el que hacía de tapa de una caja de madera, posiblemente fabricada a finales del siglo XVI en algún departamento francés. Supongo que dentro debería haber descansado un zapato de cristal oculto bajo varios trozos maravillosamente cortados de papel de seda blancos, pero los albaceas del impresor huérfilo solo encontraron un vacío muerto.
5-Triunvirato o tetrarquía.
López se acerca a Pérez en su aspiración a la imparcialidad. García se acerca a López en un sentido, digamos, autoritario y poco reflexivo. Pérez se acerca a García en ciertos aspectos inherentes al pasado de cada uno. García se acerca a García y no cree lo que ve. López se acerca al segundo García, que en realidad es el único García y le descerraja cuatro tiros en la cabeza. Pérez se arroja sobre el suelo mientras grita que no se va a comer el marrón y el verdadero García salta por la ventana.
