mayo 2020

Email del 3 de mayo 2020

Jackson Pollock. Animals and figures (1942)

Pam pam pam pam pam.
Pam pam pam pam pam.
Uhuhuuuuuuuu.
Uhuhuuuuuuuu.
Uhuhuuuuuuuu.

Pam pam pam pam pam.
Pam pam pam pam pam.
Yarararaaaaaaa.
Yarararaaaaaaa.
Yarararaaaaaaa.

Uhuhuuuuuuuu.
Uhuhuuuuuuuu.
Uhuhuuuuuuuu.

Yarararaaaaaaa.
Yarararaaaaaaa.
Yarararaaaaaaa.

(Nota: Me importa una mierda que nadie comprenda este texto. Acabo de descubrir mi propia identidad… animal)

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Email del 2 de mayo 2020

Philip Moss. Buntys’ knickers (1994)

Querida:

Hoy no me encuentro con fuerzas para contarte lo que he hecho o he dejado de hacer. Por esa razón te voy a transcribir el famoso soliloquio en el mingitorio, extraído del tercer acto de Heresifobia, mi primera obra de teatro en cinco actos que escribí cuando tenía 20 años.

Es frecuente que el aburrimiento influya en el pensamiento; sin embargo en numerosas ocasiones ocurre a la inversa. Sobre todo cuando uno trata por todos los medios de alcanzar un modo de hastío existencial que le permita sobrevivir a la velocidad con la que se suceden los hechos. Como en cualquier verdad relativa, o por lo menos, difícil de probar, las certezas se combinan con las dudas de la misma manera que un pantalón barato se conjunta con una camisa poco almidonada. En realidad entiendo tanto de combinaciones como de enaguas, refajos o sayas. Por supuesto, mi absoluta ignorancia en cuanto a prendas íntimas femeninas cuasi protohistóricas no implica que alguna vez, sobre todo cuando era joven y atractivo, no hubiera estado interesado en sus parientes más cercanas en el tiempo, es decir, las bragas. 


Una vez fui atacado por una de ellas. Sí, por una braga faja pantalón de esas que se llevan con vestidos semitrasparentes. Ocurrió hace unos veinte años. Desde entonces prefiero no tener que estar en la misma habitación con una o varias de esas malditas prendas femeninas. Por esa razón, siempre que quedo con una mujer para conversar, ir de compras o al cine o incluso a misa, le pido que se quite las braguitas, ya sean altas, tipo bikini, tanga o culottes. La mayor parte de las veces se niegan en redondo y yo suelo acabar con un horrible ataque de nervios o directamente sedado. Afortunadamente no me ocurre lo mismo con los calzoncillos, aunque en una ocasión me puse muy malo al lado de un compañero de trabajo. Al día siguiente me enteré de que dicho compañero se había puesto por error unas bragas brasileñas XXL de su amante bandida. 


En estos instantes me viene a la cabeza la letra de una canción de una banda llamada «The Gregory’s cemeteries». Si no me equivoco decía algo así:
Ella se pone las bragas.
Ella se quita las bragas. 
Ella se vuelve a poner las bragas.
Ella se vuelve a quitar las bragas.
Y yo me aburro tanto…


Mientras trato de recordar el resto de la canción he notado que una de las filtraciones del techo ha dejado de gotear. Justo la que está encima de mi cabeza. Supongo que mañana tendré que subir al tejado de este urinario público con un berbiquí…

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Email del 1 de mayo 2020

Wojciech Siudmak. Strange Démesure (XX cent.)

¡Frunfrunfrín era un crío raro! Supongo que estaréis de acuerdo conmigo en que solo de esa manera se podría calificar a alguien que coleccionaba fotos de perros defecando. Brinadón era otro personaje extraño, aunque comparándolo con el primero sus extravagancias deberían ser consideradas cándidas e intrascendentes. Un día Frufrumfrín y Brinadón organizaron un concurso para saber cuál de los dos era capaz de comerse más piedras en 43 segundos. Poco antes de empezar a tragar cantos se unió al torneo Dropilacio, primo segundo de Frunfrunfrín y mediador entre Sarabanom y Carnabacho, dos chalados que algunas veces formaban parte del grupo. Pero antes de continuar, me gustaría poneros en antecedentes familiares sobre todos ellos.

– Frunfrunfrín, de 12 años, era hijo de Frunfrunfrín y Hanicohosa (o Janicojosa).
– Brinadón (o Brinadón IV) era un poco más mayor que Frunfrunfrín pero varios años más joven que Dropilacio, Sarabanom y Carnabacho. Su padre era Brinadón III y su madre Potencina.
– Dropilacio, que nació siete meses antes Carnabacho era hijo de Dropilacio y Funicutilia.
– Sarabanom era hijo de Sarabanom y Alamana. Cumplió 13 años el día de la competición, aunque en aquel momento se encontraba junto a Carnabacho a cinco kilómetros de distancia del resto del grupo.
– Carnabacho, de 14 años, era hijo de Carnabacho y Carnabacha. Ambos, pese a la semejanza homonímica, no eran hermanos ni miembros del mismo clan familiar.

Frunfrunfrín se tragó 12 cantos rodados de tamaños variados, siendo de unos 2 centímetros los más voluminosos y 10 milímetros los más pequeñajos. Brinadón, para no quedarse atrás, agarró un puñado que comprendería cerca de 20 piedrecitas bastante diminutas y se las metió en la boca mientras trataba de llegar a la madre de las conclusiones, es decir, la conclusión que le permitiera sobrevivir a otras competiciones. Cuando le llegó el turno, Dropilacio se sentó sobre algo que un día fue un tocón y se tragó una por una 14 piedras calizas y un poco de arenisca que le produjo angustia, aunque contuvo las ganas de vomitar.
Antes de seguir con la narración de los hechos, me gustaría dejar claro que…

– A Frunfrunfrín le gustaba medirse la minga. Mientras lo hacía solía pensar el tamaño descomunal que alcanzaría cuando cumpliese los 20.
– A Brinadón no le gustaba medirse la minga. Nunca se supo por qué, ya que es una de las características que definen a un adolescente. Carnabacho estaba convencido de que Brinadón no tenía minga y Sarabanom pensaba que Carnabacho tenía dos mingas, quizá tres mingas.
– Dropilacio solo se medía la minga cuando no le quedaba otro remedio y a menudo hacía trampas con la cinta métrica.
-Sarabanom utilizaba los palmos de su mano derecha para medirse la minga. Su última medición dio un resultado de un poquito más de medio palmo.
– Carnabacho utilizaba su minga para predecir cuándo cambiaría el tiempo. Por esa razón siempre estuvo exento de cálculos y calibrados.

Mientras se limpiaba la boca con un extremo de la camisa, Dropilacio pensó que tanto Sarabanom como Carnabacho eran muy afortunados por no estar ese día con ellos engullendo guijarros. Al mismo tiempo, Brinadón miraba su propia imagen reflejada sobre el lomo de una oveja imaginaria. Frunfrunfrín, que era el jefe supremo de la banda seguía pensando en el tamaño que alcanzaría su minga cuando cumpliese 240 años.
Creo que para ser coherente conmigo mismo y con los personajes de la historia debería dejarme de pamplinas y pasar directamente al capítulo final o esto se alargará y se alargará hasta convertirse en un texto absolutamente insoportable y demencial.

– Frunfrunfrín murió antes de cumplir los 19. Brinadón, Dropilacio, Sarabanom y Carnabacho no acudieron al funeral.
– Brinadón fue atropellado mortalmente unas pocas semanas después de cumplir los 24 años. Ni Dropilocio, ni Sarabanom ni Carnabacho fueron vistos en el entierro.
– Dropilocio falleció a los 30 años debido al abuso de alcohol, verduras sin lavar y fármacos. Tanto Sarabanom como Carnabacho siguieron con sus vidas y rehusaron acercarse al tanatorio.
– Carnabacho se suicidó a los 36 años. Cuando Sarabanom se enteró de la noticia le entró un ataque de risa. Nunca se acercó al domicilio de los padres del fallecido para darles el pésame o acompañarles en el sentimiento.
– Sarabanom sufrió un ataque de corazón del que no pudo recuperarse y que le llevó al crematorio unos meses antes de cumplir el palmo y medio de vida.

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