![]() |
| Francisco de Goya. Disparate conocido (1815) |
Carlos amaba a Beatriz. Beatriz estaba loca por Javier. Javier dejó preñado a Carlos, pero no a ese Carlos, sino a otro Carlos, lo que causó una pequeña revolución entre los andrólogos y ginecólogos de medio mundo. Cuando Beatriz se enteró de que el tío al que quería iba a ser padre o madre, se puso a salir compulsivamente con Sergio, Vicente y Gregorio. Este último babeaba al dar besos con la lengua. Pasaron tres siglos. Carlos había muerto doscientos cincuenta años antes. Beatriz doscientos treinta y dos años antes. Javier doscientos veinte años antes y Carlos, el otro, se había convertido en inmortal y todavía vivía, aunque su pequeñín fruto de la relación con Javier había dejado este mundo hacía poco menos de ciento setenta años. Tanto Sergio como Vicente y Gregorio fallecieron por orden alfabético aunque ninguno de sus decesos son importantes para que este relato avance, sobre todo porque no hay por donde cogerlo.
Carlos tocaba el dulcémele. Beatriz tocaba el birimbao. Javier no tocaba ningún instrumento pero solía manosear algunos billetes pequeños. Carlos (el otro) era director de la Filarmónica. Sergio, Vicente y Gregorio formaban una especie de sizigia…
Carlos era logopeda. Beatriz tenía las pezuñas partidas, por lo tanto era fisípeda. Javier era ortopeda y Carlos (el otro) se apellidaba Cepeda.
Carlos se acariciaba los lunes. Beatriz se tocaba los miércoles. Javier se tanteaba los martes y los jueves. El otro Carlos no se acariciaba ni se tocaba o tanteaba, prefería que Sergio, Vicente y Gregorio lo sobasen después de haberse palpado un rato entre ellos.
Carlos se sonaba los mocos porque en realidad era…
Carlos y Beatriz se habían conocido siete años antes en una… organizada por Javier, el hermano del otro Carlos…
Carlos Carletes y Carlos Carletes (el otro) eran unos tontos, los dos…
Carlos se había disfrazado de desliz casi fatal. Beatriz se había disfrazado de recurso adquirido. Javier prefirió vestirse de creencia subjetiva mientras que el otro Carlos se transformó en adjetivo en desuso…
Carlos tenía un buen trasero. Beatriz tenía una buena delantera. Javier estaba orgulloso de su lateral izquierdo…
Carlos…
Carlos era un sujeto marcadamente eclíptico…
Carlos…
Carlos…
