Email del 28 de agosto 2020

Lygia Pape. Box of cockroaches (1967)

Por razones de seguridad desde el punto de vista edilicio fuimos desalojados sin la más mínima contemplación. A mí me alojó una cucaracha considerada. A mi compañera y sierva la alojé yo, un perfecto caballero condecorado en numerosas ocasiones por altezas reales de varios países europeos. ¡En el cuchitril! La alojé en el cuchitril del insecto. De la cutia. De la barata. Por supuesto con el permiso del patriarca Periplaneta, Ernesto Cleido Blattodeo. Afortunadamente al día siguiente fuimos realojados. Fruffff fruffff. Cuando le di las gracias a Ernesto solo me respondió con un fruffff fruffff. Al día siguiente del día siguiente fuimos nuevamente desalojados. Esta vez me alojó una cuca poco permisiva y que evitaba hablar siempre que las circunstancias lo permitían. A mi compañera y sierva no pude alojarla porque desapareció unas horas antes. Algunos dicen que con Ernesto Cleido Blattodeo. Fruffff fruffff. Sí, el bichejo que hacía fruffff fruffff. No hubo día siguiente, pues alguien que calzaba unas botas reforzadas pisoteó a toda la familia hemimetábola. ¡Cutia! ¡Cutia! ¡Barata! ¡Barata!

Mientras me alejaba,
nananana nananana…
nananana nananana…
llegué a otro lugar.

Cuando intenté alojarme divisé en la lejanía al tipo que me había desalojado en las dos ocasiones anteriores con cara asquerosamente desalojadora y no tuve más remedio que volver a ponerme en camino.

Mientras caminaba,
nananana nananana…
nananana nananana…
llegué a otro lugar.

Este otro lugar estaba repleto de diferentes, aunque desiguales, lugares más pequeñitos. En cuanto me sentí fuerte anímicamente me subí a una especie de atalayita natural para ver si el desalojador aparecía. ¡Apareció! ¡Apareció! Y me dio cuarenta segundos para desalojar cada uno de los lugarcitos pertenecientes al gran lugar Alfa.

Mientras me cagaba en su padre,
nananana nananana…
nananana nananana…
llegué a un lugar que reconocí al instante.

El sitio en que por razones de seguridad desde el punto de vista edilicio, habíamos sido desalojados sin la más mínima contemplación al principio del texto. Mucho antes del primer fruffff fruffff. ¡Cutia! ¡Cutia! ¡Barata! ¡Barata!