Email del 1 de septiembre del año de la pandemia 2020

Autor desconocido. Título desconocido. Año desconocido.

Querida:

He decidido que no voy a publicar ¡Estoy completamente loco por mí!, el tomo IX de la serie de crestomatías y florilegios sin periodicidad o cadencia extraídos de mi abundante catálogo bibliográfico. Y voy a archivarlo en el cajón donde guardo los textos fallidos porque creo que los lectores todavía no están lo suficientemente preparados. Lo demostraron con sus feroces críticas a los ocho volúmenes anteriores. Es más, he llegado a la conclusión de que no sé si debo seguir haciendo todo lo que hago, ya que tanto todo lo que hago, como lo que hice en el pasado (y posiblemente lo que sea capaz de hacer en el futuro), de alguna extraña manera está ya hecho. Y no creas que únicamente me refiero a escribir y editar ensayos, cuentos y alguna que otra novela larga. Alguien dijo alguna vez que hay que golpearse la cabeza con un costillar porcino congelado para saber lo que realmente es el dolor. Yo sé lo que es el dolor, aunque nunca he sido golpeado con tegumento torácico aterido.

Hay momentos en los que subo y momentos en los que bajo. Los primeros podrían ser descritos como algo semejante a la alegría infinita; los segundos como un reflejo de la aflicción mortal. Ambos son respuestas involuntarias a estímulos disímiles y arcanos. Sin embargo, uno de esos momentos sin el otro delante, detrás o a alguno de los lados, puede llegar a convertirse en un maldito contratiempo. Sobre todo cuando me valgo de estrambos a la hora de materializarme como víctima suprema, aunque sin llegar a ese punto en el que la necesidad de convencimiento emocional se convierte en mera obligación.

¿Sabes por qué guardo las fotos antiguas en una caja metálica relativamente moderna? Yo sí lo se, por supuesto, pero me gustaría que me ofrecieras una contestación lo más simple posible. Mi respuesta es demasiado freudiana. ¡Joder, no puedo seguir contando la misma sandez a todos los que me hacen esa misma pregunta! Y te aseguro que me la hacen constantemente, quizá asombrados por los dibujos en forma de ositos cariñosos que adornan la tapa y los laterales y que según los dictámenes de los que dicen ser eruditos en comportamiento humano, no pintan demasiado con mi engolada personalidad.

Mientras escribía el párrafo anterior he decidido que sí voy a llevar a la imprenta el volumen IX de ¡Estoy completamente loco por mí!, aunque con el nuevo título de ¡Me voy a follar a mí mismo, pero con condón! Y si una parte de los lectores sienten arcadas después de leerlo, que se jodan. Nacer es una jodienda. Vivir es una jodienda. Pagar facturas es una jodienda. Todo es una puta jodienda. Incluso follar con otra o con otro no deja de ser una jodienda. Sin embargo contemplar cómo follan dos mujeres es el auténtico nirvana, por lo menos eso pienso en los instantes en los que me siento más y más heterosexual. ¿Morir es una jodienda? No puedo pronunciarme por la sencilla razón de que no he vivido esa experiencia, pero no me sorprendería en absoluto que lo fuese.

(Ossip) Gregorovius

P.S.
Te juro por Garbancito de la Mancha, aunque también por Manazas, Pelanas y Pajarón, que no sé qué diantres quiere decir el vocablo «estrambo» que he utilizado en su forma plural en el segundo párrafo.