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| Friedensreich Hundertwasser. Le grand chemin (1955) |
Mi sentido de la propiocepción debe estar de vacaciones en Vantablackland o algún lugar con igual insuficiencia lumínica, pues desde hace un tiempo fracasa estrepitosamente en cada una de sus razonables pretensiones. Todo comenzó el día que asistí a un seminario nacional sobre la soledad existencial producida por el insomnio. Recuerdo que en una de las pausas regladas por la organización decidí entrar en uno de los aseos dispuesto a mirar mi reflejo en el espejo fabricado por el señor G y su ayudante L. Según se especificaba en el apartado C de la hoja de ruta diseñada por los insignes F, M y P, miembros del concejo colectivo, dicho espejo y su particularidad cuasi cósmica, pues no creo que se pueda llamar de otra manera a una luna cristalina que refleja las imágenes de cada uno de forma grotesca y vacías de toda subjetividad hipostásica, fueron diseñadas con la única pretensión objetiva de proporcionar a los asociados, afiliados e invitados egregios, una sensación profunda acerca de lo que es, o por lo menos, debería ser, según los cánones establecidos en anteriores reuniones, la sofocante y absoluta Nada.
Cuando salí del «aseo de los reflejos condicionados», como a partir de entonces denominé a ese martirio desapasionante, sentí la necesidad imperiosa de regocijarme con cada una de las imágenes excrementales en forma de orla que pendían gravitatoriamente sobre las cabezas del resto de asistentes, contertulios y ponentes. Porque, aunque yo era el único que podía observarlas o diferenciarlas, y no se trataba de un proceso esquizofrénico o paranoico, sino una especie de estado inductor de una percepción absoluta avasallante, todos sentían que algo les presionaba desde la parte superior del cráneo hacia abajo, como si de una fuerza irracional y desmedida se tratase.
Al final comprendimos que todo era otro jodido sueño del maldito borracho protagonista del email del 14 de noviembre de este mismo año y nos felicitamos efusivamente por la actuación. Algunos incluso se dieron palmaditas a sí mismos mientras prometían que en la próxima cabezada lo harían incluso mejor.
