Email del 25 de noviembre 2020

 

Luigi Nanni. L’Idiota (XXI century)

Reflexiones sobre algunos imbéciles. Parte I

El impregnado manuscrito descansaba sobre la mesa de madera lacada. Resalto esto último porque en aquella casa extraordinariamente húmeda la mayor parte de los muebles lucían sin barnizar. No en balde llamaban a su propietario Jonás Gilberte de Soberron, alias «el Antiesmalte». Jonás había comenzado a escribir a mano su biografía, a la que había titulado Empapamiento, hacía unos pocos meses, y aunque todavía no la había finiquitado se sentía muy orgulloso de sí mismo y de su innata capacidad para recordar cualquier cosa relacionada con la higrometría. Según se comentaba entre su círculo de amistades, Jonás era incluso capaz de evocar lo que sintió en el mismo instante que salió del húmedo vientre materno y tuvo que enfrentarse con una toalla áspera y reseca. 

Aquel día -me refiero al ultimo día en la vida de Jonás- transcurrió con absoluta normalidad. Se despertó a las nueve, desayunó sobre las diez. A las once y pico se puso a tocar su Framus Riviera 5/54 del 67 y no terminó hasta las dos del medio día de rasguear las cuerdas. Luego comió, se hizo una paja y desapareció. El experto en evanescencias y enigmas sin resolver, Eladio Iscla, mantiene que su cuerpo se desintegró debido a un extraordinario y extra-terrenal O. C. (orgasmo cósmico). Desde que sucedió su, ejem, evaporación, ninguno de sus amigos y conocidos se ha sentido a gusto tomando una reconfortante ducha o dándose un buen baño con sales de epsom o magnesio. El vaho, el vapor, el rocío, la lluvia, y en general cualquier fenómeno húmido casi siempre termina por recordarles las risotadas caballunas de Jonás cuando se carcajeaba de cualquier hecho que tuviera poca gracia, por supuesto, higroscópicamente hablando.