Email del 24 de enero 2021

 

Giorgio de Chirico. El mal genio de un rey (1915)

Querida:

Ranfanfanfan, a veces también llamado Fanranranran, Ranfan o Fanran, es un tipo bastante peculiar, tanto físicamente como en su manera de comportarse cara a la galería, pues me consta que en la intimidad de su habitación, cada una de las diferencias propias que de alguna forma marcan su infinita extravagancia se transforman en lo que la mayoría de personas, más o menos ordinarias, calificarían de comportamiento social, ético y moral. En resumidas cuentas, cuando Ranfanfanfan no actúa, se sitúa. Todo lo contrario a como proceden los sujetos como tú o como yo, que nos creemos los adalides de la conducta determinada, espontánea y connatural. ¡Fanranranran es único! Y como ser singular tiene la capacidad de transmutarse en cenutrio cuando está con badulaques, en astuto cuando se codea con los pocos organismos perspicaces que quedan en el planeta, o en venerable y virtuoso santurrón cuando quiere sacar provecho de alguien.  

He traído a colación el ejemplo de Ranfan porque he llegado a ese punto en el que pienso que sería más feliz o, como mínimo, me sentiría menos miserable y desgraciado, si comenzase la transformación a HGP (es decir, hijo de la grandísima puta) que me pide el cuerpo. El problema estriba en que hasta para mutar a bastardo y malnacido se necesita poseer una cierta categoría de la que carezco por completo. Y no es que me sienta triste o deprimido por no llegar ni siquiera al mínimo de condición -o mejor, rango- que existe, el de paria de barrio, sino que me enorgullezco de representar a todos los Dx4 (desarraigados, delusivos, deletéreos y, por qué no, deicidas) de mi comunidad autónoma from Spain.