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| Edward Ruscha. Pay nothing until april (2003) |
AXA: Le informamos que, por motivos de seguridad, esta conversación será grabada. Seguros AXA, le atiende Flor Amparo Cabrales. ¿En qué puedo ayudarle?
YO: ¡Otro puto Nevus rufus! ¡Me hago jodidamente viejo! Y parece ser que los lunares me obligan a mantener en mi memoria que el tiempo -esa magnitud física, inescrutable, execrable, inconmensurable, abominable, intolerable, vituperable, irreglamentable, censurable, incontrarrestable, refutable, ineluctable, trasmutable, imperscrutable, metaestable, indescifrable y cientos de «ables» y «ables» y más «ables»- es nuestro mayor enemigo, por supuesto, si exceptuamos la eyaculación precoz o cualquiera de los numerosos ejercicios propedéuticos relativos a la oblicuidad de la eclíptica.
AXA: Señor, no he entendido una palabra. Ha llamado a Seguros AXA. ¿Puede decirme su nombre?
YO: Es posible que tras décadas de absorción indiscriminada de cristalitos blancos adiamantados haya terminado chamuscando mi viejo y cansado mosco (cerebro en Nadsat). Ya sabe, la farlopa puede convertir a alguien tan magnífico como yo, y además, totalmente libre o exento de masculinidad tóxica, en algo semejante a un tardígrado aberrado.
AXA: Señor, lo comprendo perfectamente. Yo también he sufrido mucho, pero por favor, ¿podría ser tan amable de decirme su nombre?
YO: Recuerdo mis primeros intentos. También recuerdo las continuaciones a mis primeros intentos, a los que llamaremos segundos y terceros intentos para distinguirlos de lo primeros. Por supuesto, antes de atreverme a experimentar mis primeros intentos, obligué a alguien a experimentar sus propios primeros intentos, sin embargo la tentativa fue un fiasco, pues el tipo que hizo de cobaya se dedicó a experimentar sus propios cuartos intentos y los terceros intentos de la que había sido su amante polaca y que yo no conocía.
AXA: Señor, me está preocupando. Necesito saber su nombre o por lo menos su número de póliza para abrir su expediente…
YO: En realidad nunca he llegado a saber qué es lo que se esconde detrás de las paredes. Supongo que más paredes. Pero entre todas esas paredes siempre debe haber un espacio que separe esas paredes. Si en lugar de llamarlas paredes optamos por el vocablo tabique, entonces está claro que detrás de los tabiques hay más tabiques. Pero entre todas esos tabiques siempre debe haber un espacio que separe esos mismos tabiques. Si no existiese un espacio que separase a los tabiques… ¡Dios! ¡No quiero pensar lo que sucedería si no existiese un espacio que separase a los tabiques.
AXA: Le paso con urgencias y autorizaciones médicas de AXA. Que tenga un buen día.
YO: ¡Otro puto Nevus rufus! ¡Me hago jodidamente viejo! Y parece ser que los lunares me obligan a mantener en mi memoria que el tiempo -esa magnitud física, inescrutable, execrable, inconmensurable, abominable, intolerable, vituperable, irreglamentable, censurable, incontrarrestable, refutable, ineluctable, trasmutable, imperscrutable, metaestable, indescifrable y cientos de «ables» y «ables» y más «ables»- es nuestro mayor enemigo, por supuesto, si exceptuamos la eyaculación precoz o cualquiera de los numerosos ejercicios propedéuticos relativos a la oblicuidad de la eclíptica.
AXA: Señor, no he entendido una palabra. Ha llamado a Seguros AXA. ¿Puede decirme su nombre?
YO: Es posible que tras décadas de absorción indiscriminada de cristalitos blancos adiamantados haya terminado chamuscando mi viejo y cansado mosco (cerebro en Nadsat). Ya sabe, la farlopa puede convertir a alguien tan magnífico como yo, y además, totalmente libre o exento de masculinidad tóxica, en algo semejante a un tardígrado aberrado.
AXA: Señor, lo comprendo perfectamente. Yo también he sufrido mucho, pero por favor, ¿podría ser tan amable de decirme su nombre?
YO: Recuerdo mis primeros intentos. También recuerdo las continuaciones a mis primeros intentos, a los que llamaremos segundos y terceros intentos para distinguirlos de lo primeros. Por supuesto, antes de atreverme a experimentar mis primeros intentos, obligué a alguien a experimentar sus propios primeros intentos, sin embargo la tentativa fue un fiasco, pues el tipo que hizo de cobaya se dedicó a experimentar sus propios cuartos intentos y los terceros intentos de la que había sido su amante polaca y que yo no conocía.
AXA: Señor, me está preocupando. Necesito saber su nombre o por lo menos su número de póliza para abrir su expediente…
YO: En realidad nunca he llegado a saber qué es lo que se esconde detrás de las paredes. Supongo que más paredes. Pero entre todas esas paredes siempre debe haber un espacio que separe esas paredes. Si en lugar de llamarlas paredes optamos por el vocablo tabique, entonces está claro que detrás de los tabiques hay más tabiques. Pero entre todas esos tabiques siempre debe haber un espacio que separe esos mismos tabiques. Si no existiese un espacio que separase a los tabiques… ¡Dios! ¡No quiero pensar lo que sucedería si no existiese un espacio que separase a los tabiques.
AXA: Le paso con urgencias y autorizaciones médicas de AXA. Que tenga un buen día.
