![]() |
| Pierre Alechinsky. In Society (En société) (1962) |
El equilibrio crítico entre mi yo neurótico real y el yo antitético al que todo le importa una mierda, está provocando que mis despertares neuróticos, desayunos neuróticos, duchas neuróticas y paseos neuróticos, entre los que se incluyen algunas conversaciones neuróticas con varios individuos y entes neuróticos de diferente sexo y calaña, terminen asfixiándome emocional y, cómo no, neurasténicamente. Soy neurótico porque soy humano. ¡Ojalá fuera un puto y repulsivo blatodeo! Aunque también podría decir que he llegado a semejante grado de neurosis porque me siento como si estuviera muerto. Esa misma sensación de óbito -que comencé a experimentar nada más abandonar la calidez y la seguridad del vientre de mi madre- modificada, transformada (y desvirtuada) que con el inefable e ineludible paso del tiempo ha acabado convirtiéndose en una especie de plegaria onírica e involuntaria:
«No arruinaré mi vida, no arruinaré tu vida. No arruinaré la vida de nadie cuya vida no esté ya arruinada».
Hay un monstruo suelto. Se llama «sobreingesta compulsiva de sociedad», quizá «suciedad». ¿Qué es peor, padecer una enfermedad mental o ser obligado por la «sociedad» a que nos curen dicha enfermedad? Mi cerebro-policía y mi cuerpo-delincuente entran en conflicto. Es entonces cuando esa furcia llamada «aprobación» o a veces «afecto» se convierte en una necesidad vital. Ya lo decía una de mis múltiples personalidades: el enfrentamiento es la cualidad inherente de la existencia.
¿Por qué todos mis amigos quieren que les quieran?
