Robert Hardgrave, «Kiss of death» (2007)
Conversación entre cánceres
CÁNCER DE HÍGADO: Me importa un comino que en el hospital se hayan empeñado en salvar la vida de este cuerpo; me lo voy a cepillar. Estoy metastasiando hasta el cerebro. Ahora va a joderse por todos esos años de excesos, ¡puto mamón!
CÁNCER CEREBRAL: Haces bien, polvo es y en polvo se convertirá. ¿Puedes creerte que mi cuerpo me sometió durante 37 años al horror de aguantar una novela de Marcial Lafuente Estefania cada dos días? ¡ Toma novela de vaqueros! ¡Toma Estefanía! Aún recuerdo el título de la última que leyó antes de que mi menda le provocara el primer desmayo con pérdida de desorientación total: «Acabarás bailando en la cuerda, caballo». No te miento. ¿Habías escuchado alguna vez un título más subnormal?
CÁNCER DE HÍGADO: ¿Es increíble! ¿Lo que hay que aguantar! Ahora nuestros cuerpos lloran y gritan de dolor, pero nunca llegaron a pensar en lo que estaban haciendo a sus carcasas. ¡Que se jodan! Una noche de 1998 mi cuerpo se bebió 48 cubatas de ron y 12 margaritas. Y aun se quejó el tío al día siguiente cuando le regalé cinco horas de continuo malestar y varios vómitos con bilis. ¿No te joroba?
CÁNCER CEREBRAL: No te quejes, yo he tenido que ver las carnes celulíticas de la mujer de mi capullo de cuerpo durante 27 años. Y eso es algo que no se puede olvidar. ¿Sabes lo que echo de menos?, poder ver la polla flácida de ese tipo al mear. Su jodida e inmensa barriga me la tapa. Hace años que no la veo. ¡Quiero verla! ¡Quiero verla!
CÁNCER DE PIEL: Perdonad, os he escuchado por casualidad, ¿me permitís decir unas palabras?
CÁNCER DE CEREBRAL: Claro, colega, adelante.
CÁNCER DE PIEL: Mi cuerpo no hizo caso a la primera manchita roja que le provoqué; el fulano se tatuó un pimiento para disimularla, así que le produje otra y bastante más grande y fea. ¡Y el tío lo volvió a hacer! Esta vez se tatuó una azagaya de base biselada en colores rojo y azul. Como yo soy realmente terco, le volví a provocar otra mancha. Esta vez en la punta de la nariz. Tenía un color amoratado con ribetes rojizos que no podía tomarse a la ligera a menos que mi cuerpo fuera un papanatas. Pero se lo tomó a la ligera. Se puso un piercing. ¡ En la punta de la nariz! Parecía un hombre-arandela, así que me cabreé y le creé 17 lunares horribles repartidos por la espalda y el torso, que sangraban abundantemente y le ponían perdida la ropa cara de marca que su señora le compraba con el dinero que sacaba prostituyéndose. Pero otra vez no me sirvió de nada. El sujeto se las dio de místico y anunció al mundo que la sangre se la provocaba el mismísimo Jesús de Nazareth y se lió a sacar pasta de los borregos que se lo creían…
CÁNCER DE HÍGADO: ¿Y por qué no lo has matado ya? Ese tipo no se merece ni sufrir un poquito.
CÁNCER DE PIEL: Él mismo hizo el trabajo sucio. Llevado por una pasión espiritual y ascética, se prendió fuego mientras cantaba una alabanza a Yaveh, en presencia de 23 de sus adeptos. Creo que incluso un par de ellos se encendieron un pitillo con las llamas de la antorcha humana.
CÁNCER CEREBRAL: Entonces…. ya no existes ¿Cómo es que estás aquí? Por cierto, ¿sabéis? Rodolfo, mi cuerpo, sale de la quimioterapia mañana. Creo que voy a producirle un par de meses de balbuceos, farfulleos y tartamudeos. Ni siquiera su perro va a entenderle. Jajajaja
CÁNCER DE PIEL: Esa es muy buena… jajajaja
CÁNCER DE HÍGADO: Yo tenía pensado producir a mi cuerpo colitis horribles cuando caminara por la calle, para que se cagara patas abajo en la parada del bus o en la del metro, Jajajaja. Rodeado de chicas bonitas. Jajajaja.
CÁNCER CEREBRAL: Bueno chicos, tengo que irme. Nos esperan en cirugía y no quiero que se ponga nervioso el matasanos. Nos vemos.
CÁNCER DE HÍGADO: Si, yo también me voy. Necesito inventar dolores nuevos. Me ha gustado un montón la conversación. Espero que podamos repetirla….
CÁNCER DE PIEL: Adiós, ha sido un placer.