Infancia, vocación y primeras experiencias de un calcetín inducido a la psiconeurosis por reflejos condicionados y en situación de estrés
8.30 h
Mi dueño y señor, esa especie de infrahumano y super mugriento pedazo de carne sebosa y repleta de forúnculos ha vuelto a usarme; yo esperaba que hoy sería el día de la lavadora, pues ya hace cerca de tres semanas que no me da ningún respiro, pero desgraciadamente no ha sido así y he tenido que soportar nuevamente su hediondez suprema y, lo que es más desagradable para mi, el contacto con ese callo negruzco y queratinoso del tamaño del puente de Khazad-dûm.
9. 15 h
Mi negrero se ha dirigido a un club de alterne y ha intentado montar a una foca humana sin ni siquiera depositarme suavemente en el suelo; en un momento dado, la mujer le ha preguntado la razón de su calcetinitis aguda a lo que él muy seriamente ha respondido que jamás se los quita si no es necesario, pues si lo hiciera, los demás tendrían poder sobre él.
11.22 h
Mientras la mula ectoplásmica que dirige mi vida estaba vacilando ante los otros potrancos que son sus amigotes sobre su capacidad inaudita para electroeyacular, yo he aprovechado para meditar sobre algunos aspectos de mi vida: si en lugar de un calcetín hubiese sido un rollo de papel higiénico absorbente, ¿hubiese cambiado algo este aburrido devenir diario que paraliza totalmente mi afán de supervivencia? Preguntas difíciles que sólo producen respuestas inútiles y vacías.
14.50 h
Después de zamparse un insípido bocadillo de foie gras con perejil, el putero ha vuelto a hacer de las suyas y ha decidido que la mejor forma de explicar al mundo que es un ser repugnante y zafio era evacuar los gases por medio de truenos y relámpagos, y se ha tirado una flatulencia que ha hecho temblar la cama donde depositaba su enorme y flácida barriga. Ignoro el estado sanitario en el que se encontrará su pobre calzoncillo, pero imagino que este ya nunca volverá a ser el mismo.
Mientras se rascaba el culo con gran placer y satisfacción, he sentido unas enormes ganas de estrangularlo, pero mi total ausencia de extremidades hacen de esta tarea algo imposible, por lo cual he decidido obsequiarle con un bonito picor en el dedo gordo del pie.
16.30 h
Aleluya. ¡Se ha desnudado los pies! El problema es que en lugar de guardarme en el cesto de la ropa sucia ha quitado el polvo de toda la casa conmigo. Y no contento con semejante humillación, me ha aparcado encima de la nevera. Ignoro cuál será la próxima ordinariez con la que me obsequiará pero estoy seguro de que no será buena para mi salud y sobre todo, para el medio ambiente.
16.50 h
Me había sumido en una especie de trance, más que nada para evitar el pánico que me dan las alturas, cuando de repente he oído unos gemidos escalofriantes. Era uno de los nuevos calcetines comprados la semana pasada en el super. El pobre se encontraba en un estado tal de terror que ha revuelto mis puntos. Aunque desde esta atalaya que es el refrigerador no puedo ver lo que sucede, me imagino que el mamut oligofrénico no se ha lavado las extremidades inferiores y se ha calzado a los nuevos a pelo.
17.15 h
Acabo de escuchar unas risas dementes que me han helado los hilos y estoy casi seguro de que se trata del nuevo par de calcetines; a esas risotadas trastornadas les han seguido unas frases espeluznantes que ni siquiera me atrevo a transcribir. Estoy convencido de que la esquizofrenia se ha apoderado de mis sucesores, pues no se puede llamar de otra manera a exclamaciones como estas: ¡síííí!, ¡cómo me gustaaaaa esa fraganciaaaa!, ¡un poco más, por favoooor! Personalmente, poco puedo hacer desde el lugar en el que me encuentro.
18.50 h
He estado rememorando lo feliz que era en el establecimiento donde me ofertaron hace ya más de siete años. Si alguna vez un tejido tuvo más mala suerte que el que escribe estas líneas, debió ser en otra dimensión. Ya es difícil que te adquiera un fascista homófobo, misógino y futbolero, pero encima, que sea calcetinofóbico es sencillamente para desear no haber sido confeccionado. Y mientras sigo tirado en lo alto del edificio Frigorífico desvencijado, presiento que una nueva vileza se aproxima.
19.35
Hace un rato el energúmeno neanderthalensis me ha bajado de la nevera pero no se le ha ocurrido otra cosa que sonarse conmigo. En estos momentos, estoy cubierto por una espesa capa de mucosidad seca y verde que no realza para nada mi figura. Ni siquiera pensar en tejidos de seda o cachemir me reconforta. De una cosa estoy seguro: ya no tengo futuro, ¡pero tampoco lo deseo!
21.10 h
En el suelo de la cocina, entre la mugre y la inmundicia hay un mosquito. Yace inerte porque yo lo he matado, eso sí, con ayuda de unas manazas repletas de pelos duros como juncos. ¡Ahora sirvo de matamoscas! Nunca hubiera llegado a pensar que con un tipo como yo se podrían hacer tantísimas cosas. Me imagino que antes de lavarme tendrá pensadas varias exquisiteces excrementales para con mi ser, pero ya he llegado a un punto en el que me es completamente indiferente si me utiliza para limpiarle el trasero a su boa constrictor o simplemente para quitar las legañas del gato. Cuando el sinsentido se abre camino a través de la irracionalidad, ¿qué puede hacer un triste calcetín, sino someterse a las inclemencias de su destino?
22.00 h
Todo está oscuro, no me atrevo a pensar dónde puedo encontrarme; desde luego no con la ropa para lavar, pues a mi lado hay una manzana podrida, dos envases de yogurt desnatado y varias servilletas de papel completamente rebozadas de porquería. Podría imaginármelo pero me encuentro en un estado tan bajo de moral que me impide siquiera reflexionar. Oigo pasos acercándose…
