Email del 13 de junio 2022

Egon Schiele, «Cardenal y monja» (1912)

 

Farsa afectada o si Spinoza levantara la cabeza

 
 

PROPOSICIÓN XXI

Dios rige las vidas de los badulaques desde el trono de la inexistencia.

Demostración:

Cierta clase de humanos, sobre todo los que se niegan a marcar la casilla para la asignación a la Iglesia en la Declaración de la Renta, siempre han renegado de la manifestación divina o sobrenatural de un dios creador y señor de todo el universo; pues no puede existir un Creador si no existe un eliminador. No olvidemos que sólo se puede construir si antes se ha destruido; construir a partir de la nada absoluta es algo tan demente e irreflexivo como intentar convencer a un futbolista de élite de que se conforme con el sueldo de un carpintero de la plebe.

Corolario:

Si violamos la ley de la construcción-deconstrucción a nuestro antojo, simplemente para poder calzar un pie de pívot en un zapatito de muñeca, el resultado es una falacia, una mentira inútil que sólo puede contentar a los más estrechos de miras o necesitados de falsa fe. Y la fe, tras siglos de comercio ineficaz, llega un momento en que se devalúa, se deprecia: el importe que se pagaba por kilogramo de dogma hace tres siglos no es el mismo que ahora se abona, ni siquiera la calidad es la misma, de lo cual deducimos dos verdades fundamentales:

1) La deidad inexistente (Dios) no cotiza a Hacienda.
2) Los súbditos de la inexistencia (clero) exigen máxima calidad en sus perversiones.

La materia de las perversiones ya ha sido tratada en el corolario I de la proposición XIX  y en el escolio II de la proposición XVI, por lo tanto sería una reiteración molesta volver a ella, pero no estaría de más hacer hincapié en la motivación: la lascivia irrefrenable derivada de trastocar las falsas palabras escupidas por la inexistencia.

Escolio:

Esta proposición, junto a las de los números XIII, XVI, y los corolarios de las proposiciones XV, XVI, XIX y XX, no tratan de hurgar, remover o inquietar a los fieles adeptos a la conjetura especulativa de «El inexistente»; tampoco es deber del que esto escribe teorizar sobre la inutilidad de la sinrazón de los motivos divinos y sus prosaicas consecuencias, éstas, mucho menos gloriosas y etéreas, pero sí tratar de componer un fragmento audaz sobre los últimos estertores de la misericordia del vacío más irreal.