Edvard Munch, «Love and Pain (Le Vampire)» (1894)
Querida:
Esta noche los mosquitos han celebrado una orgía con mi sangre; he contado 14 habones repartidos entre los tobillos, el torso, espalda y frente. Sobre las cuatro más o menos y totalmente cansado de rascarme las ronchas he optado por una solución brutal: he vaciado medio bote de insecticida repartido por toda la habitación que, aparte de producirme arcadas, nauseas y angustia, eso sin contar el posible envenenamiento al inhalarlo, lo único que ha ocasionado entre la fauna díptera han sido jarana, farra y bulla; incluso he oído las risas de uno mientras se posaba en el agujero del bote de veneno, posiblemente para chuparlo desde más cerca y no compartirlo con sus hermanos. Llegados a este punto no me ha quedado más remedio que ducharme para intentar aliviar las picaduras y sobre todo para limpiar de mi perfecta piel toda sustancia venenosa producto de la fumigación. La ducha hubiera resultado completamente satisfactoria de no ser por dos factores que la han convertido en un infierno: a los dos minutos aproximadamente de estar bajo el agua, el gas se ha terminado y he tenido que salir chorreoso y cabreado a cambiar la bombona. Cuando al final he reanudado el baño, un mosquito ha apartado de golpe la cortina y me ha picado en las fosas nasales, recordándome por un instante la escena de la ducha en la película Psicosis.
Mientras te escribo esto estoy ojo avizor al próximo ataque culícido; sé que van a por mí y no pienso ponérselo fácil; por alguna extraña razón mi sangre les sabe a frutas del bosque y no van a dejar que les hunda la fiesta. En estos momentos me encuentro parapetado en una esquina cubierto por una sábana y con un crucifijo en la mano; pienso cobrar cara mi vida a esos vampiros desangradores. Falta una hora para que empiece el día y con él llegue mi salvación. Si no logro sobrevivir a esta larga noche de espanto, horror y pánico, quiero que el mundo sepa que he luchado hasta donde mis fuerzas me lo han permitido. ¡Espera!, parece que oigo unas risas acercándose, ¡sí! es uno de ellos, el más risueño y atrevido; te dejo, la guerra contra las fuerzas del mal prosigue su camino y esta batalla significa la diferencia entre una piel lisa, hidratada y sana y otra repleta de pruritos, pústulas y forúnculos.
Besos
