
Trilogía de la puta mierda. Parte I
Cuando reparó en que no podría ascender más se acomodó justo a un tocón esportillado. Durante unos minutos dejó que su memoria viajara hasta el principio de todo. Después de erguirse se apropincuó al vértice. Desde donde se encontraba podía contemplar vastas extensiones coloreadas de marrón, verde y azul. Una vez se sintió reconfortado Tomó aire y gritó con todas sus fuerzas:
¡Esta mierda es una vida!
¡Esta mierda es una vida!
Varias chovas piquigualdas que planeaban cerca se sintieron violentadas aunque prosiguieron su vuelo. Una de ellas incluso pensó que sería totalmente lícito acercarse por arriba a un par de metros sobre su cabeza y soltarle un par de cagadas. Mientras se alejaban recomenzaron los alaridos:
¡Esta mierda es una vida!
¡Esta mierda es una vida!
Un topillo campesino que descansaba plácidamente en una oquedad estuvo a punto de morder sus zapatos. Si se contuvo fue porque no tenía ningunas ganas de desperezarse y molestar a su pareja que roncaba boca arriba mientras emitía pequeños chasquidos con la lengua.
¡Esta mierda es una vida!
¡Esta mierda es una vida!
Cuando se cansó de proclamar solemnemente sus percepciones sintió la necesidad de descender. Pero antes volvió a acomodarse junto al tronco podrido y volvió a permitir que su memoria se trasladara al inicio. De repente sintió que se había equivocado. Se levanto de un salto y se arrimó peligrosamente al vacío.
¡Esta vida es una mierda!
¡Esta vida es una mierda!
Se hizo de noche. Una víbora áspid bostezó porque tenía hambre. Se acercó al agujero donde habitaban la pareja de topillos dispuesta a darse un gran banquete. Y aunque todo el mundo sabe que los ofidios no tienen oídos externos, los gritos desesperantes del hombre hicieron que esta cambiara de idea.
¡Esta vida es una mierda!
¡Esta vida es una mierda!
¡Y siempre lo será!
¡Y siempre lo será!
Desconozco si descendió alguna vez. Los vecinos del pueblecito donde vivía no volvieron a verlo nunca más, aunque algunos dicen que en ocasiones, cuando los vientos son favorables, escuchan una especie de eco con una voz parecida a la suya. Lamentablemente la única palabra que verdaderamente pueden interpretar es «mierda». ¿De «erda»? ¿De «capi-capi-erda»? ¿De «pim-pam merda»?