Email del 3 de octubre 2022

James Joyce. Leopold Bloom (Siglo XX)

Tengo algunos conocidos que me achacan un cierto tufillo dogmático en lo que atañe a los conceptos ordinarios relacionados con la existencia y la forma o modales que utilizo para enfrentarme a ella.¹ Me atribuyen proposiciones vacías, sin ningún rastro de principios innegables, forradas con ramalazos humorísticos que emborronan los mismos conceptos que trato de definir con un léxico anticuado y falsamente espeso.² Algunos incluso van más allá y se atreven a mostrarse escépticos con mis demostraciones y las boicotean con locuciones relámpago o intentos vergonzosos de desacreditar mi persona.³ Pero cuando les dejo un espacio en la mesa y les doy permiso para manifestar su verdad empírica, responden indignados que el único con pretensiones racionales pseudofilosóficas y egomaníacas soy yo, y que ellos sólo intervienen para impedir que mi super-ego se suicide bajo el peso del dualismo intrascendental que se retroalimenta con mis muchas contradicciones.

Es muy cierto, soy un emisor malfamado y presuntuoso, pero sólo porque me repugna la falsa modestia y la sencillez oligofrénica de sus pusilánimes propuestas.⁴ Reflexiono sobre las consideraciones y destruyo sus consecuencias. Intervengo cuando tengo seguridad de que causaré deterioros en la lógica y no me amedrento cuando tengo que defender las paradojas incoherentes que salen de mi boca.⁵ Generalizo, etiqueto, falseo e invento porque nadie se atreve a hacerlo con la impericia necesaria. Mi omnisciencia es tan imprecisa como obstinada. Mi propósito, acoquinar el sentido de las palabras.

¿Soy un terrorista gramatical y un homicida del léxico? Un gran sí afirmativo al estilo de Molly en el 18. ¡Y no me avergüenzo de ello!

Notas:

  1. Puta mierda de los cojones.
  2. ¿Principios innegables? ¡Ja! ¡Esa si que es buena!
  3. Vuelvo a vivir en la entropía.
  4. ¡Y muy atractivo!
  5. ¡Yupiiiiiiiiiiiiiiiiii!