
Hola:
A partir de una sencilla realidad construyo una ficción adulterada. Puedo escuchar unas palabras en forma de letanía maliciosa retumbando en mi cabeza: «no limpies las manchas, no limpies las manchas». Nunca limpio las manchas. Con el paso del tiempo he llegado a descubrir que cada mácula corresponde a un periodo de mi vida. De modo que las conservo, las protejo y, en ocasiones, hablo con ellas. Nunca me contestan, pero no me importa, sé que me escuchan, que comparten mis presentimientos, entonces, ¿por qué sigo escuchando esas súplicas semejantes a oraciones? ¿Imbecillitas mentis? Nunca limpio las manchas. Nunca limpio los recuerdos, aunque intento mantenerme alejado de ellos. Contemplo cómo pasan los días. Observo cómo se suceden las noches. En ocasiones falsifico los instantes. Me siento tan a gusto encerrado entre luz y sombras, administrando ocasiones, estipulando coincidencias. Rebelándome ante las sonrisas desnortadas e inclinadas que se desgañitan cuando reprimes sus murmullos.
Tengo una cuerda. La acaricio con las manos abatatadas. La imagino rodeándome el cuello. Siento cada uno de sus hilos torcidos besándome la piel. Es una sensación extraña a la que no puedo resistirme. La alejo de mi cuerpo. La alejo de mi vida. La guardo en una caja de cartón y meto ésta debajo de la cama. Me arrodillo en el suelo. Intento imaginar que no existe. Pero existe. Intento distraerme dirigiendo mis ojos en todas direcciones, pero ya no hay direcciones. Ya no queda nada, sólo ese rumor del viento arrastrando las siluetas imaginarias de los esqueletos de mi confusión.
La niebla se ha esparcido. Cada uno de sus puntitos repletos de fluido ha volado en direcciones opuestas. Intento reconstruirlos para formar una figura mojada. Estoy convencido de que soy el único ser vivo capaz de moldear el agua. Me responsabilizo de mis actos, aunque nunca he creído en las obligaciones. Me inmiscuyo en divagaciones, pero cada uno de esos desvíos me remolca al presente. Necesito creer que sirvo para algo, pero entonces vuelven a surgir desde dentro esas molestas repeticiones. No, no pienso limpiar las manchas. Han estado ahí demasiado tiempo.
Greg
P.D.:
Hoy ha salido el sol. Me hubiera gustado más que saliesen los números a los que apuesto en la primitiva, pero no se puede tener todo en esta especie de lánguida estridencia que es la vida. Hace unos doscientos años existió un tipo que tenía tres ovejas en una cabaña, pero en estos tiempos que corren, mantener un ganado, por pequeño que sea, no deja de ser una contumeriosa inutilidad. Personalmente, mantengo varias cosas, entre ellas, los nervios a base de tranquilizantes; aunque no me dan leche ni lana, ni siquiera me mantienen toda la semana, por lo menos son de mi propiedad y me sirven para marcar el terreno sin necesidad de mear en las paredes.