Email del 28 de noviembre 2022

Mientras la escorrentía se dividía jubilosamente sobre el pavimento, yo me distraía intentando conjugar para mis adentros el verbo bifurcar, sin embargo tuve algunos serios problemas con la primera persona del plural del pretérito imperfecto de subjuntivo, así que dejé de complicarme la vida y de mirar por la ventana. Lo mejor -pensé fascinado- era abrir la puerta y con un poco de suerte podría ver resbalarse a alguien y pegarse un gran trastazo. ¡Pero no pude hacerlo! De repente me di cuenta de que no tenía brazos. Lo primero que me pasó por la cabeza fue cómo diantres me hurgaría la nariz a partir de ese instante, pero cuando comprendí la situación tan irreal en la que me veía inmerso, me dio por enviar una orden al cerebro para que me provocara ganas de miccionar y de esa manera despertar del sueño.
Porque todo debía ser un jodido sueño. Posiblemente inducido por los numerosos cunnilingus que tuve que hacer unas horas antes de irme a la cama. Mi novia quería batir su propio récord de orgasmos y no fui capaz de negárselo ya que era su cumpleaños.
ELLA: Este último ha estado muy bien pero tienes que apretar más con la lengua cuando yo deje de decir «ay, ay, ouah» y doble las piernas en un ángulo de 35 grados.
YO: Querida mía, no tengo transportador pero haré lo que pueda. Si no aprieto más en alguna ocasión es por esta maldita afta que…
ELLA: Además todavía no he batido mi plusmarca. Necesito correrme otras 32 veces más. ¡Vamos a por otro!
YO: No sé si seré capaz de apretar 32 veces más, pero te aviso, yo de matemáticas estoy fatal…
El problema es que nadie excepto el mismo cerebro es capaz de dar órdenes, así que todo lo que me estaba sucediendo probablemente era real. Pero si yo siempre había tenido brazos, ¿cómo es que ahora me colgaban una especie de muñones renegridos y alabeados de unos 14 centímetros? ¿Qué es lo que había sucedido? Si no era un sueño, quizá me estaba volviendo loco, pero yo ya estaba loco desde que salí del útero de mi madre abriéndome paso con un machete fabricado con parte del cordón umbilical y algunos pedazos de placenta.
OBSTETRA: Ya casi está afuera. ¡Eh!
PEDIATRA: ¿Qué es eso que lleva en la manita?
MATRONA: Parece una especie de…
PEDIATRA: Es un cuchillo grande. ¡Cuidado! ¡Cuidado!
OBSTETRA: Me ha apuñalado. Ese bebé me ha apuñalado…
MATRONA: Volved a meted a esa cosa en el útero. Yo mientras intentaré taponar la herida que le ha infringido ese demonio del averno. ¡Pedid refuerzos! ¡Llamad al padre Karras! ¡Llamad al Ejército! Mierda… ¡No, por favor, a mí no! Cárgate a las auxiliares que son unas presumidas, pero a mí perdóname la vida. Tengo dos pomeranias que mantener. Aaaaahhhhh…
Creo que necesito mirarme al espejo. Si estos pedazos de carne colgante me quedan bien y resaltan mi silueta, no debería preocuparme. ¡Con tal de que mande arreglar mi ropa un poco! Dicen que las costureras tienen una o varias hipotecas de las que hacerse cargo y ahora cobran unos precios extraordinariamente asequibles. Además, supongo que el Estado me dará una buena paga y cupones regalo. Um, no estoy nada mal. Ni siquiera de lado. ¿Es posible que haya salido ganando? Me gusto. Me gusto mucho. ¡Qué guapetón! ¡Qué porte! No me encontraba tan fascinante desde que me desnudé para que me valorara un director de casting de películas pornográficas.
DIRECTOR: ¡Los calzoncillos también! ¡Bájeselos!
YO: Es que tengo un poco de vergüenza…
DIRECTOR: ¿Y usted quiere ser actor porno? ¿Cómo piensa follarse a las actrices? ¿Con los gayumbos puestos?
YO: Es, está bien. ¿Así vale?
DIRECTOR: ¿Me está vacilando? ¡Todo el jodido calzón afuera! ¡Quiero verlo en el suelo en menos de cinco segundos.
YO: ¡Ya!
DIRECTOR: A usted no, so memo. ¡Al puto calzoncillo de los cojones!
YO: Quiero ir con mi mamá…
Lo único que me fastidia de esta terrible transformación es que ya no volveré a agarrarme el pene para masturbarme o mear. Pero pagando cualquiera puede conseguir cualquier cosa. Incluso agarrar miembros ajenos. Si no recuerdo mal existe una web de una asociación de falo-manipuladores en internet. Estoy seguro de que con la nariz podré teclear su URL y ponerme en contacto con ellos. Voy a intentarlo.
¡Albricias! Tienen un teléfono de contacto. Voy a llamarles ahora mismo.
RECEPCIONISTA DE LOS FALO-MANIPULADORES: Dígameeee. Aquí la AFMV. ¿En qué puedo ayudarle?
YO: ¿La qué?
RECEPCIONISTA DE LOS FALO-MANIPULADORES: La AFMV. Asociación de Falo-Manipuladores de Valencia. No me diga que usted también intentaba llamar al teléfono de ayuda al cliente de Mercadona y se ha equivocado…
YO: No, no. Les llamaba a ustedes. Tengo un pene que manejar. Ejem…
RECEPCIONISTA DE LOS FALO-MANIPULADORES: Nosotros preferimos llamarlo falo. Explíqueme un poco lo que desea de nosotros, por favor.
YO: Desde hace unas horas ya no dispongo de… bueno ¡que no tengo brazos, coño! Y necesito que alguien… es decir… cuando vaya a orinar… o cuando me ponga choto… La nariz me sirve para teclear pero no para… Usted ya sabe lo que quiero decir. Es una situación muy delicada. Es la primera vez en mi vida que pierdo unas extremidades superiores. Compréndame. La vida ha cambiado para mí. Por eso les he llamado. Ustedes son mi salvación. Y si su trabajo es acertado y lo realizan con entusiasmo y con buen humor, todo puede llegar a terminar bien para todos. Supongo que no seré el único individuo que se pone en contacto con su asociación por una desaparición súbita de brazos. ¿Oiga? ¿Está ahí? ¡Mierda! ¡Se ha cortado!
¡Cómo cansa pulsar las teclas en el ordenador portátil con la napia! Pero tengo que dejar por escrito, aunque sea en una hoja Word, mis inquietudes, mi nerviosismo, mi desazón y ¡mi mandarina! Joder, se me ha caído al suelo la mandarina. Tengo que cogerla. Pero es muy grande para pillarla y mantenerla en la boca mientras intento pelarla con los dientes. Por esa razón se ha caído. ¡Probaré con el ojete del culo!
Un desvalido desesperado y desamparado.
Email del 28 de noviembre 2022 Leer más »








