
Un sonido delicadamente melodioso que me recordó al canto del uirapuru me despertó muy temprano. Lo primero que hice nada más levantarme de la cama fue intentar averiguar de dónde procedía. Abrí la ventana y saqué medio cuerpo fuera. Estaba claro que del silencio de la noche no, así que intenté seguir la epatante dulzura de ese sonido mientras recorría toda la casa, hasta que me di cuenta de que esa especie de trino se hallaba dentro de mi cabeza, junto a toda la mierda que procesaba diariamente mi cerebro.
Recuerdo como si fuera ayer que, mientras intentaba afeitarme, el trino se transformó en un gorjeo y un poco más tarde en un gorgorito. Mientras me hacía el desayuno el sonido se alteró drásticamente hasta acabar convertido en una ululación lastimera y cuando me vestí, una serie de chasquidos y crujidos que aumentaban brusca y enérgicamente amenazaban con resquebrajar mi cordura para siempre.
De repente recordé que en el cajón de los cubiertos de la cocina tenía un cuchillo filetero y una hachuela. Decidí que debía filetearme la garganta. ¡O por lo menos realizar una serie de cortes precisos en el cráneo! ¡En mi cráneo! Sabía que si fallaba con la trepanación acabaría ingresado en un manicomio escuchando ese sonido ignominioso e inestable y rebuznalmente alterable. Y por supuesto, a un sinnúmero de matasanos divagando sobre la etiología suicida del paciente Gregorio López.
DOCTOR 1: Creo que deberíamos dejar dopadísimo a este pobre chalado y feo de salud mental más que dudosa hasta que se nos ocurra algo… No sé… Cualquier cosa. Mientras, podríamos echar otra partidita al parchís.
DOCTOR 2: ¡No, al parchís, no! ¡Siempre nos ganas tú!
DOCTOR 3: Estoy de acuerdo con mi colega. ¿Por qué no damos la vuelta al tablero y jugamos a la Oca?
ENFERMERA RUBIA OXIGENADA: Ustedes hagan lo que quieran. Yo me voy a comprar una negligé a Mercadona.
Mientras meditaba sobre el miedo interior y cada una de las extrañas formas que suele adoptar, reparé en que el jodido ruido había desaparecido dejando paso a un anuncio que ofertaba bolígrafos personalizados con leyenda a elegir. Ummmm. ¿Greg, el tipo que padece trastorno antisocial de la personalidad con rasgos psicopáticos? ¡Demasiado largo para que cupiera en el boli! ¿Gregory Pez is back in the toilet? ¡Demasiado antisocial y con ciertos rasgos psicopáticos!
DOCTOR 1: ¿Churro, mediamanga o mangotero?, adivina lo que tengo en el fregadero…
DOCTOR 2: Será en el mortero…
DOCTOR 3: ¡Sigo estando de acuerdo con mi colega! ¿Por qué no colgamos las batas y nos vamos a la cantina?
ENFERMERA RUBIA OXIGENADA: Ustedes hagan lo que…
YO: ¡Estoy harto! ¡Salgan de mis pensamientos! ¡Bastante tengo con los putos bolígrafos!
Recuerdo a mi madre, una mujer bella, amable y resignada. También recuerdo a mi padre y la verdad es que no sé por qué. Era un tarugo y supuraba malicia. Teníamos un perrito al que llamábamos Organus Maximus, pues iba siempre empalmado, y un periquito tartamudo. ¿Dónde estarán todos… ahora? Porque supongo que estarán aunque no sean. ¿Se puede estar sin ser? ¿Sin parecer? ¿Sin perecer? ¿Sin carecer? ¿Merecer? ¿Meretriz? Dorotea era una furcia. Cuando requería sus servicios siempre me cobraba una tasa Vectigal urinae. Sí, entonces me encantaba la lluvia dorada. Ahora sin embargo me cuesta tanto mear… Jodida próstata y jodido planeta me gustaría tanto traspasar ese círculo cromático no no hace falta
estar
loco
para
cometer
unaputalocuraporejemploesapersonaqueestaacuatropasosdemiyseapoyalapatasobresuotrapatacomosifueraunamalditacigueña adinamicaataxica
en
el interior
de mi habitaci on on
no
estapermitido
regoldar