Email del 16 de Octubre 2011

Antonio Berni, «Manifestación» (1934)

Hola querida:

Me imagino que ayer te unirías a las manifestaciones diseñadas por ese grupo de soñadores llamado «los indignados» que tanto está haciendo fantasear a una pequeña parte de la sociedad. Creer en utopías no es malo, el problema se presenta cuando la solución no se materializa. Una parte de mi endurecido corazón está con ellos, pero la otra, mucho más realista y sabia, entiende que esa no es una solución factible y que, aparte de sembrar un poderío absolutamente devastador sobre la derecha caníbal, no va a cambiar las cosas ni un ápice. Los políticos que gobiernan todas las pequeñas porciones de este enrarecido mundo son realmente inteligentes (salvo el bolivariano Hugo Chávez que es subnormal) y no van a permitir un cambio de esas dimensiones de una forma tan radical y en un lapsus tan corto de tiempo, pues la mayor parte de ellos aún no han saqueado lo suficiente. Personalmente, y tú lo sabes, opino que el único cambio decisivo sólo puede conseguirse por medio de la fuerza y a un precio muy alto en cuanto a bajas humanas; y no estoy haciendo proselitismo catastrofista, simplemente barajo las posibilidades por medio de las estadísticas desde que el ser humano aprendió a subyugar a sus semejantes. Pocas veces en la historia un cambio semejante se ha producido sin víctimas inocentes, los ejemplos se pueden contar con una mano (quizás con dos manos).

Sé que mi opinión fría y perniciosa para la psique de los ingenuos puede inducir al vómito, pero no hay que olvidar que por encima de seres humanos somos animales, y hasta que se demuestre lo contrario, obraremos de una manera muy poco racional cuando estén en juego nuestras piscinas climatizadas y defenderemos estas con uñas y dientes. ¿Qué importa que un puñado de gente inteligente quiera vivir mejor? Las piscinas son los castillos de los cenutrios que gobiernan el mundo; los vasallos, el vulgo, la plebe, solo han nacido para desinfectar el agua y de vez en cuando echar un poco de cloro. Nadie puede cambiar la rueda del tiempo con ensoñaciones quiméricas o ilusiones vanas, pero si con fuerza y barricadas.

El tiempo dará la razón y pondrá las opiniones donde merezcan ser puestas. Personalmente lo único que espero es estar equivocado y que con la fuerza de la razón podamos sintetizar un espacio donde se pueda vivir en ligera armonía, sin amos ni esclavos; pero mientras los peones deban luchar por la supervivencia y los alfiles estén demasiado abstraídos por la ignorancia que brindan las posesiones, los reyes y reinas dominarán el tablero por los siglos de los siglos.

Un besazo