Email del 20 de septiembre 2012

Jackson Pollock, Nº 8 (fragmento) 1949

Hola:

Ayer rellené una solicitud para el 13º Concurso de Suicidios Nacionales y no hace ni media hora que acabo de recibir la aceptación y las bases. Como ya sabes, y si no es así yo te lo explico, esta competición la gana el insensato que acaba con su vida de una forma más excéntrica y absurda. El año pasado el ganador se eutanasió introduciendo sus genitales en una batidora Mulinex, junto a unas peras tendrales y varios melocotones de Calanda. El premio, como ya supondrás, es un ataúd de madera de nogal, con incrustaciones de metal y acabados con forrado de raso acolchado de forma personalizada para el finado y clases de Gori-Gori (el canto fúnebre) gratis durante un año para los parientes más próximos. Como soy un tipo al que le desagrada perder, he diseñado una forma de poner fin a todo excepcional que, estoy completamente seguro, dejará al jurado con la boca abierta de asombro y perplejidad. Seguramente te estarás preguntando qué manera maquiavélica pienso utilizar. Pues la implosión visceral total. Me tragaré tres o cuatro masclets valencianos y trataré de explosionarlos de una forma artística, es decir, intentaré por todos los medios que mis entrañas dibujen un gran cuadro sicodélico con patrones caleidoscópicos y fractales, repletos de motivos fosfénicos y otros fenómenos entópticos, en las paredes y las ropas de los asistentes. Si no me proclaman vencedor, es porque los tipos que juzgan el concurso de muertes son unos completos inútiles y artísticamente incultos o porque se presenta algún primo, amante o hermano de los miembros del jurado.

Antes de decidirme por este sensacional final, había barajado otros; como por ejemplo tatuarme en el pene la imagen de un judío ortodoxo sodomizando al Papa y presentarme desnudo y recitando la bendición Urbi et orbi en una iglesia cristiana de las más fundamentalistas. ¿Te imaginas mi cuerpo atlético sin ropa y mi boca perfecta, con esos labios rojos vampíricos que me caracterizan cantando eso de «Sancti Apostoli Petrus et Paulus, de quorum potestate et auctoritate confidimus, ipsi intercedant pro nobis ad Dominum»? Si no he elegido esta sutil y estrambótica forma de suicidio ha sido por dos razones:

1) Aunque mi miembro viril es inmenso y está bastante bien formado, es decir, no se dobla hacia ningún lado cuando experimenta una formidable erección, no es lo suficientemente voluminoso como para que quepa el tatuaje que pretendía, o por lo menos, para que pudiera ser visto en todo su esplendor y detalle.
2) El año pasado ganó un sujeto utilizando sus partes intimas y no he querido repetirme.

Esta tarde, si no llueve, pienso ir a cambiar mi testamento. Sí, no te preocupes, a ti te lego mi colección de baberitos, parte de mi enorme biblioteca y un tratado escrito por el doctor Miguel Tortajada acerca del furor uterino y sus consecuencias en una sociedad como la que nos ha tocado vivir. A mis padres, las facturas impagadas, a mis hermanos el cenicero de cobre con motivos florales y a mi vecino Serafín mi birimbao fabricado en el Chaco.

Besos