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| Michael Sowa School of Fish |
Hola:
El otoño me encanta, pero la falta de horas de luz me afecta. Y ya empiezo a notar los síntomas en mi cabeza. Ayer intenté construir un cohete espacial con el que desplazarme a otro planeta, utilizando piezas de una tostadora eléctrica, varios teléfonos rotos y un consolador que alguien se dejó olvidado alguna vez en mi casa, pero no pude conseguir lo que deseaba. Hoy lo volveré a intentar aunque ya se me han pasado las ganas de emigrar a otros mundos; me conformo con este, repleto de mierda e imbecilidad a partes iguales, gobernado por miles de pequeños dictadores que intentan por todos los medios hacerse un hueco en los libros de historia, ya sea como redentores o tiranos, el adjetivo no les importa demasiado, pero sí las consecuencias de sus egos y circustancias. Para conseguir sus fines estarán dispuestos al sacrificio que conlleva el poder, es decir, mentir, confundir, robar, avasallar, pero tambien violar los derechos de los borregos sin dignidad, entre los que yo no me incluyo, que prefieren vivir en una sociedad consumista y coleccionar piscinas, coches, chalets y posesiones a cualquier precio. Y el precio es la prostitución total de sus vidas y la de sus descendientes. Al otro lado de la balanza tenemos a los desheredados, a los refugiados, a esa clase de gente que realmente quiere cambiar el mundo, pero que se narcotiza con el aroma de sus deseos y que temen pasar de ese punto de no retorno porque todavia no tienen claro cuál podría ser el resultado de sus incógnitas, y por eso se dedican a esperar que otros den el primer paso. Pero nadie se atreve a darlo, basicamente porque temen los resultados; y mientras meditan y salen a la calle con pancartas y gritos de cambio, el tiempo pasa. Y cada día que pasa, son un día más viejos; y cada grito de furia contenida que sale de sus gargantas, les hace más mudos, más reservados y silenciosos, hasta que acaban conformándose esperando a un Salvador que nunca llegará porque no ha nacido. Ignoran que cada uno de ellos es el verdadero enmancipador de sus circunstancias, olvidan que sólo la fuerza de sus aspiraciones y de sus credos es suficiente para transformar el dolor y la desesperación que implica no ser verdaderamente libres.
Pronto llegará el invierno. Hará frio y nuestras ideas se congelarán bajo un manto de letargia y sopor. Caminaremos por las calles con nuestros abrigos de marca, mientras esos dictadores que nos sonrien se hacen cada vez más fuertes, más astutos, más poderosos. Nos prometerán el Nirvana y muchos de nosotros les aplaudiremos extasiados, pero más tarde, en la inmensidad de nuestras soledades y ocultos en nuestros rincones preferidos, malgastaremos un tiempo del que no disponemos soñando con utopias a las que disfrazaremos con la etiqueta de la imposibilidad o el impedimento. Tenemos el suficiente poder adquisitivo para comprar tabaco, pagar putas y emborracharnos. ¿Para qué queremos más? ¿Qué nos importa que esos Grandes Hermanos que dirigen nuestro futuro se hayan forrado a nuestra costa? Nos dan pan y a veces nos pagan el circo. ¿Es ese el verdadero estado de felicidad absoluta? ¿Fue ese el principal motivo para nuestra concepción? ¿Pensaron nuestros padres que nuestra existencia sería todavía más miserable que la suya? Sólo somos esclavos. Caminamos sin cadenas, pero necesitamos permisos para utilizar las aceras. Si nos abofetean optamos por el ejercicio de la sumisión. Somos furcias que regalan sus servicios. Somos el servicio de limpieza de las letrinas de la autoridad y su supremacía. Nos escupen y damos las gracias porque no nos han disparado.
La primavera y el verano recargarán nuestro cansado ímpetu y lo alteraránn de una forma tan sublime que parecerá que toda esa fuerza contenida en la rabia que destila nuestra cobardía servirá para imponer nuestros deseos. Pero esos deseos carcomidos por la ignorancia y el arrepentimiento nos llevarán al próximo otoño. Y la rueda, el ciclo volverá a iniciarse. Y mientras eso sucede, cada microsegundo que gastemos en fabricar quimeras y equivocadas visiones, será irremplazable. Si no salimos a la calle ahora, en estos momentos, y desalojamos a cada uno de esos falsos profetas y caudillos de la vileza, la oscuridad que reina sobre nuestra impotencia lo hará eternamente.
Besos y abrazos.
