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| Katsushika Hokusai, Yurei. sXVIII |
Hola:
Creo que tengo fantasmas en mi casa. Esta mañana cuando me he despertado he notado que algo me colgaba de una oreja: era un papel con un pedazo de celo en la parte superior en el que se podía leer:
De las encantadoras presencias ectoplásmicas
ningún año ha de faltar,
el saludo cariñoso,
y que os vengan a felicitar.
De casa en casa pululando
con mucha perseverancia,
vamos poco a poco asustando
con inusitada extravagancia.
Y sin esperar mucha pasta
por nuestro duro trabajo,
les saludamos con simpatía,
y con cierto desparpajo.
Después de todo lo expuesto,
no queremos continuar:
pues nuestro principal deseo
les vamos a manifestar.
Con alegría y pasión
celebrad las navidades
y el próximo año nuevo
las mejores prosperidades.
Si quieres que te sea sincero, no me molesta tener espectros rondando por las habitaciones; lo que verdaderamente me cabrea es que sean tan cursis y me feliciten las putas fiestas navideñas. Además, ¿a quién se le ocurre pegarme la felicitación en una oreja? Podían haberla fijado en un espejo o en el tablón de corcho donde anoto la relación de iglesias que tengo que incendiar. Otra cosa que me ha fastidiado ha sido su nulo talento como escritores, pues algunos versos parece que los haya compuesto un ratón almizclero al que se le han inflamado las meninges. No comprendo cómo el primero les ha podido salir tan extremadamente largo. ¿Y eso de encantadoras presencias ectoplásmicas? Podían haberlo sustituido por la palabra «fantoches» y la poesía, por llamarla de alguna forma, no se habría resentido tanto en su métrica. Si esperan que les deje un aguinaldo lo llevan claro, sobre todo adelantándose en casi un mes a la fecha.
¿Te imaginas que cada ser vivo (o muerto) que vive en mi hogar me felicitara las fiestas? Entonces tendría que repartir aguinaldos a las moscas, a mi pez Betta, a mis cerca de 200 plantas, a los pimientos y berenjenas, incluso a la gripe. Ni siquiera atracando joyerías o Mercadonas podría permitírmelo. Yo no voy por la escalera entregando felicitaciones a los vecinos, pues lo considero de mal gusto y no creo que recogiera una gran cantidad de dinero, más que nada porque mis vecinos son tan avaros y roñosos como yo, sobre todo la señora Mariana que reside en el segundo derecha, que come todos los días sardinas para no gastar demasiado. Incluso su cara va tomando un aspecto clupeiforme que asusta; pero esa no es la cuestión, creo que me estoy alejando del tema. No me extrañaría nada que Bankinter me enviara algo así: «El banco que le exprime le desea una navidad y un año nuevo dichosos.»
Llegados a este punto, sólo me queda una opción: emigrar a Australia hasta enero. Y créeme, lo haría si pudiese costearme el viaje. Prefiero estar rodeado de canguros y Taipanes antes que de gente que celebra algo que no existió, simplemente porque es una tradición. Lo que debería ser una tradición es suicidarse cuando el cociente intelectual no llega a un mínimo.
Bueno, cielo, no quiero molestarte más, sé que tienes muchas citas importantes garabateadas en tu agenda. Yo voy a tratar de imaginar que no existo. Pero antes, quiero dejarles una respuesta a los fantasmones que me han amargado el día. ¡Y pienso pegársela en los faldones con Superglue!
Un saludo.
