febrero 2013

Segundo email del 3 de febrero 2013

Dalí, El caballo de Caligula (1971)

Sí, otra vez soy yo:

Cayo Julio César Augusto Germánico, más conocido con el sobrenombre de Calígula, nombró senador a su caballo Incitato; yo acabo de nombrar virrey a un cimex que he encontrado roncando en mi almohada viscoelástica. Por si no lo conoces, el cimex o chinche de las camas es un insecto bastante pequeñajo y gamberro que se alimenta de la sangre del animal de sangre caliente -humanos incluidos- que tiene más cerca. Y como virrey ha de asumir que dentro de sus competencias está administrar y gobernar la totalidad de mi catre. No creas que es una tarea sencilla, pues entre otros cometidos tiene que llevar una completa relación de los lavados de sábanas, vueltas mensuales del colchón de látex y otros onerosos menesteres. Para enfatizar su nombramiento, le he bautizado como Lectularius de López y Pérez, y su virreinato será recordado como el más cuerdo dentro de la vesania que caracteriza a su omnipresente Dios, yo. Porque seré el señor de toda la habitación y todo se hará siguiendo las tablas de la ley esculpidas sobre mis testículos. Cada ser racional, irracional, ilusorio o incluso extraterrenal estará obligado a santiguarse doce veces antes de osar mirarme. Y mis esclavos lavarán y plancharán mi ropa interior y bailarán de gozo cada vez que me digne a escupirles. Y cuando crea que se han rebajado lo suficiente, les engatusaré con sobres repletos de inmundicias. Y se sentirán agradecidos cuando apoye mis sacrosantos pies sobre las bocas de sus hijos, que servirán de cojines. Y se martirizarán con cilicios diseñados especialmente para el vulgo, la plebe, la chusma. Y de mis orejas brotará ambrosia prodigiosa que… Creo que me he pasado utilizando la conjunción copulativa «Y». Pero es tan bonita; me recuerda un tirachinas o la horquilla de un zahorí. Hace años alguien, no recuerdo exactamente quién, me regaló un monoptongo de cobre. Yo quería una consonante oclusiva y me enfadé con él. Para que hiciéramos las paces, la hermana del sujeto me entregó su «Y» preferida, la que guardaba entre sus pechos, y desde entonces me enamoré de la letra, de la hermana, de sus pechos y de un taxista hermafrodita que pasaba por allí en esos momentos.

Un queso (ya no me quedan besos)

Segundo email del 3 de febrero 2013 Leer más »

Email del 3 de febrero 2013

Michael Sowa, Big buzzer (s. XXI)

Querida:

Cuando tengo pocas cosas que hacer o me aburro demasiado suelo concentrarme en minucias, o por lo menos en detalles que de otra forma se me hubiesen pasado por alto. Ayer estuve cerca de dos horas contemplando un cenicero y estudié su estructura al completo: el metal niquelado, las incrustaciones de madera teñida de colores diversos, la cavidad cóncava, diseñada posiblemente por un visionario de la edad de piedra, que sirve para depositar los cilindrines y que la ceniza no se derrame en cualquier sitio, las muescas de algunos golpes en el pasado que dejaron su huella y le proporcionan un cierto status de ancianidad y deslucimiento, las manchas grises aunque casi imperceptibles resultado de continuas  limpiezas deficientes o descuidos inquietantes. Cuando me harté del cenicero, mis ojos eligieron el mando del televisor y escrutaron con avidez cada uno de sus múltiples botones y los dibujitos que descansan sobre ellos, gastados a fuerza de apretarlos una y otra vez en una especie de movimiento mecánico, absurdo y primario.

No creas que soy un tipo obsesivo, simplemente se trata de un sencillo ejercicio para combatir el sopor y la ansiedad. Podría resolver crucigramas o cambiar de sitio algunos muebles, pero no serviría de la misma manera a mis propósitos, que no son otros que mantener amodorrados los pensamientos. Razonar es un arte, y de alguna forma nos define como seres superiores, pero puede ser un arma de doble filo. En el pasado he llegado a conclusiones inquietantes utilizando el cerebro. Y si lo analizamos debidamente, no parece que esta facultad extraordinaria nos vaya a salvar de la hecatombe final o como lo denominaba Einstein, la aniquilación total.

Ahora estoy mirando las hojas marchitas de un helecho que descansa cerca de una pared, al lado de una ventana situada al norte. Puedo distinguir perfectamente una mosca de aspecto poco lustroso descansando entre sus esporas. Al igual que sus antepasados, el insecto es un superviviente que no conoce la definición de la palabra «moral»; por eso ha sobrevivido sin perceptibles cambios morfológicos. Vuela y se alimenta porque en algún rincón de su cadena genética existe una orden establecida que le obliga a hacerlo. Nada más que eso. Pero al mismo tiempo ¡es tanto! Todo es poco, mucho es demasiado y algo es parecido a nada. Si pudiera reencarnarme, me gustaría ser todo o nada.

Voy a finalizar este email con un pequeño chiste: ¿en qué se parece un microtúbulo a un ñoclo poco hecho? Yo no lo sé, pero espero que tú me des la respuesta.

Un abrazo.

Email del 3 de febrero 2013 Leer más »

Segundo email del 2 de febrero 2013

Adolphe Ladurner, A Fencing Scene (1827)

Hola otra vez:

Sinceramente, lamento que opines que los textos de algunos de mis emails, por ejemplo, el anterior, están más cerca de los postulados místicos de Teresa de Jesús que de Nietzsche o Sartre. Salvando la enorme distancia literaria que me separa de ese trío de legendarios pensadores, no puedo estar de acuerdo con tus críticas, aunque sean benignas e incluso por encima de lo que un inhumano como yo merece. El único punto de coincidencia entre la Santa de Ávila y yo es que ambos en una época de nuestras vidas sucumbimos a los encantos que proporciona el cornezuelo del centeno; ella posiblemente ignorando lo que hacía, y yo con plena conciencia de mis actos. Nada más. Que encuentres en mis líneas trazas místicas o incluso románticas no significa que mi ateísmo se encuentre en un estado latente, sino que utilizo a mi antojo algunas palabras que están en el diccionario. Yo no soy el culpable de que los vocablos Ente o Yo estén aprobados por la Academia de la Lengua. Puedo asegurártelo: si de mí dependiera, ahora mismo metería las dos palabrejas junto con unas cuantas más en un saco de arpillera atado a un bloque de granito y lo arrojaría al mar. Pero desafortunadamente, eso no es posible, y aunque lo fuera, ¿crees que serviría para algo? Seamos sensatos; tú puedes ser una marxista recalcitrante, y admiro que sigas líderes, pero yo estoy por encima de esas fruslerías, o puede que por debajo, es algo que no importa demasiado. Quizá debería fundar la escuela doctrinaria de la ontología apóstata; estoy convencido de que tendría éxito. Todos los locos y avasallados de este planeta y del mío podrían mantenerme vivo y con esperanza durante el resto de mi vida.

Te quiere (y lo sabes)

Greg

Segundo email del 2 de febrero 2013 Leer más »

Email del 2 de febrero 2013

Leo Wijnhoven, Global uniformity (1998)

Hola:

Lo bueno que tiene vivir bajo el sentido trágico de la vida, es decir, observando y creyendo que todo lo concerniente al ser humano es una auténtica estafa, y por consiguiente una mierda de dimensiones francamente considerables, es que cuando algo realmente tiene sentido, y de alguna forma se aleja de esos principios de decadencia y juegos falseados en que al final se convierte todo, un sentimiento absurdo y al mismo tiempo tonificante hace que me replantee si no me estoy equivocando en mis percepciones. Y es entonces cuando todo recupera su lógica. Poco importa si esa es un mero artificio sometido a la fuerza lunática de la inconsciencia que se atrinchera en cada una de las preguntas que nadie puede o quiere responderme. Parece que ya nada tiene sentido. Juego porque me gusta perder; ni siquiera intento hacer trampas, simplemente observo cómo los compañeros de partida las hacen, y eso, aunque pueda parecer obsceno, me reconforta.

En estos días que corren, todo me parece irreal, extraño. Mientras algunos reciben sobres, yo, sólo recibo facturas que me niego a pagar. Quiero que me den el premio al moroso del año. Cuando lo reciba, y después de analizar cada una de las firmas del jurado, convertiré el diploma en un bonito avión o una cuña para estabilizar muebles. Podría realizar la prueba de reacción en cadena de la polimerasa para replicar el número de copias de cada uno de los fragmentos de ADN que pudiera extraer del documento, pero hace tiempo que dejé de coleccionar ácidos nucleicos. Ahora sólo colecciono reacciones neuronales, y a veces, cuando mi natural falta de escrúpulos me lo permite, las desnudo por completo y les hago fotos sucias en posiciones lascivas y absurdas. Quiero perpetuarme como el dictador supremo de una civilización distópica y polimórfica, donde cada uno de los individuos que la formen, haya demostrado una y mil veces su absoluta bajeza moral. Creo que me haré político de derechas; engatusaré a los memos con estampitas de San José María Escrivá de Balaguer y pervertiré a sus hijos, y a los hijos de sus hijos; y cuando los tenga narcotizados con toneladas de esperanza y fe, los transformaré en cleptócratas a sueldo. Porque no se puede demostrar la completa maldad latente si no se es un verdadero canalla.

Saludos, besos, abrazos, perversidad.

Email del 2 de febrero 2013 Leer más »

Email del 1 de febrero 2013

Ken Currie, Two Figures At The Base Of A Crucifixion (2009)

Cielo:

No sé por qué se ha armado tanto revuelo con lo del duque empalmado. ¿Acaso los duques, archiduques, condes, vizcondes, marqueses o barones no tienen derecho a gozar de una satisfactoria erección, ya sabes, de esas que suelen rasgar los calzoncillos y que tan contentas ponen a las duquesas, archiduquesas, condesas, marquesas o fulanas contratadas a base de talonario nobiliario? Claro que también es posible que alguna de las consortes de sus señorías, o como cojones se les deba llamar, puedan padecer el PSAS o Síndrome de excitación sexual persistente y prefieran llegar al orgasmo leyendo el prospecto de unos supositorios de glicerina antes que ser penetradas o incluso salivadas por sus aristócratas maridos.

Llegar a ser noble es muy fácil. Existen tres maneras:

A) CONCESIÓN: Si te lo mereces porque has sido un cabrón, has amasado fortuna explotando al obrero o simplemente has aparecido en el Libro Guinnes de los records por empalmarte delante de un mono.
B) HERENCIA:  Lo heredas porque tu padre fue un cabrón o amasó fortuna explotando al obrero o simplemente porque te empalmaste en el zoo contemplando a un mono empalmado.
C) MATRIMONIO: También denominado «braguetazo»; el título se obtiene al casarte con un carcamal, sea del sexo que sea, -incluso un mono- para gozar de sus privilegios (y sus empalmes).

Como verás lo tenemos muy fácil. He decidido ser noble antes del año 3000. Me conformaré con un título vitalicio, pues no soporto la perpetuidad, ni siquiera si está engalanada con cachemire, cambray o charmeuse. En cuanto a los empalmes, bueno, una vez empalmé un cable eléctrico que pertenecía a una tostadora y cuando intenté tostar un par de rebanadas de pan integral explotó la casa de la madre política de mi ex-vecino. ¡Cosas que pasan!

La verdad, no sé por qué pierdo un valioso tiempo divagando sobre la nobleza; podría haber despotricado sobre herpes genital o excrementos y seguramente no tendría esta sensación de inutilidad que aprisiona con fuerza cada una de mis células cancerígenas y que al mismo tiempo las convierte en agua de litines. Dejemos que el conde empalmado se vanaglorie de su esfuerzo. Al fin y al cabo, es preferible que nos sodomicen con un miembro erecto a que nos desollen vivos a base de latigazos.

Un abrazo.

Email del 1 de febrero 2013 Leer más »