Email del 9 de abril 2013

Briton Rivière. Daniel’s Answer to the King (1890)

Hola.

Algunos lectores de mi blog me han preguntado sin rodeos si sufro trastorno bipolar, ya que según ellos, fluctuar de la tristeza pesimista al humor eufórico en un mismo día no les termina de cuadrar, a menos que padezca de esa enfermedad o sea un camaleón o una sepia. Cualquiera que tuviera 75 dedos de frente se reiría de las cosas que me han preguntado en esta vida, antes y desde que me dió por abrir una bitácora, así que me he sentido obligado a responder de una vez por todas a las más recurrentes. Te adjunto el texto que contiene  las jodidas respuestas para que te sientas orgullosa de ser la primera en leerlas…

-No padezco TAB (trastorno afectivo bipolar), pero si faringitis crónica, aunque a veces, sobre todo en la ducha, puedo entonar perfectamente un aria de Puccini o incluso de Wagner con una voz perfectamente modulada que suele dejar pasmados a los vecinos que espantados aporrean el tabique.

-No soy homófobo, pero como a veces me silban los albañiles cuando me ven caminar, acabo descargando mi ira contra el gremio (albañilería y construcción) en los textos. Una vez, incluso un fontanero tartamudo me echó un piropo, supongo que con la intención de que le dejara algo de propina. Algunos de los mejores amigos que he tenido han sido homosexuales y jamás he sentido la necesidad de no darles la espalda.

-Escribo sobre los malos rollos, básicamente porque alguien tiene que hacerlo. Podría perfectamente garabatear un millar de folios alabando las maravillas de la creación y su perfecta armonía dentro del cosmos, pero como el ser humano, a día de hoy, no me produce ningún asombro y sí diarrea, y como básicamente, es mi tema predilecto (después de los gayumbos o croissants) no me queda otra opción alternativa.

-Me gustan las moscas. Las encuentro perfectas. Me encanta su pasión por la podredumbre, la descomposición y la mierda. Ellas fueron las musas que me hicieron darme cuenta de una vez por todas que una hez y un ser humano son la misma cosa, aunque generalmente, la primera sea un regalito del segundo.

-Me gusta escribir chistes escatológicos. ¿Qué pasa? Yo no he inventado la escatología. Esa palabra ya existía cuando vine al mundo. En todo caso la he violado, aterrorizado, y si me apuran, la he exaltado.

-Sí, odio a los idiotas, pero ojo, no a toda clase de idiotas; sólo a los que se han hecho idiotas a sí mismos, con trabajo, paciencia y dedicación. Por el contrario, adoro a los idiotas de nacimiento. Yo mismo soy uno de ellos.

-Prefiero escribir textos serios, por llamarlos de alguna manera, y aborrezco mis textos humorísticos. El problema es que para un cínico sin talento es mucho más sencillo expresarse en un tono gracioso e irónico.

Respondidas estas cuestiones, sólo me resta rogar a los dioses para que intenten hacer insoportable la vida de los autores de las preguntas. Y de paso, la de sus acreedores.