Email del 10 de abril 2013

H.J.Ward, Superman painting (1940)

Hola:

Tengo un amigo, bueno, más bien es un conocido del barrio, al que apodan «toallitas húmedas wc» -aunque él prefiere que le llamen «toallitas limpiadoras purificantes»- que está cansado de morir. Según su cómputo particular ha muerto un promedio de dos veces al día en los últimos 20 años. Además, y esto es lo que le hace especial, sus muertes suelen ser espectaculares y demenciales: por inhalación, por sofocación, estrangulado, pisoteado, disparado, ahorcado, envenenado, de un ataque de risa provocado por algún motivo banal, e incluso electrocutado con la corriente producida por un mal contacto del vibrador que utilizaba su abuela para hacer mahonesa.

Este tipo tiene un primo por parte de madre, al que conocemos como «gel de ducha exfoliante», que ve el interior de las personas, pero ojo, por interior no me refiero a su Yo, conciencia, alma o ser, sino al estado de exposición que provoca la desnudez. En pocas palabras y para que nos entendamos: el fulano tiene la capacidad de vernos en pelotas, y lleva esa capacidad hasta límites insospechados, burlándose de los atributos de cualquiera que le caiga mal y ensalzando los de los que le dan coba o ríen sus gracias.

Hace unos años, el primero se enfadó con su pariente porque éste había pregonado a los cuatro vientos que el miembro viril de su primito era del tamaño de un cacahuete a mitad de crecer. Como venganza especial, «toallitas húmedas wc» decidió morir de elefantiasis de pene y así silenciar todos los rumores que le acobardaban, demostrando que el tamaño descomunal de su pito era una realidad. Cuando «toallitas limpiadoras purificantes» se enteró del desaire, se enfureció de tal manera que desde ese día su poder para atravesar la ropa desapareció por completo y un par de semanas más tarde decidió largarse a vivir a Bangkok.

Unos meses después de este suceso, llegó al barrio un chaval de aspecto afeminado al que enseguida todos empezaron a llamar «champú acondicionador». Pronto, «champú» y «toallitas» se hicieron colegas y formaron una especie de hermandad llamada «Quitaesmaltes sin acetona», para formar parte de la cual era necesario demostrar un poder especial. «Champú» también tenía su don particular: era capaz de beber productos en estado sólido. Al cabo de un periodo corto de tiempo, la hermandad fue creciendo y llegaron a pertenecer a ella seis tipos raros más:

– «Apósitos de gasas esterilizadas», que podía mantener largas conversaciones con las zapatillas de invierno.
– «Enjuague bucal sin alcohol» que poseía la capacidad de escuchar la radio sólo con apretarse la nariz y sintonizaba las emisoras con la oreja derecha que le servía de dial.
– «Bastoncillos de algodón» que fabricaba bizcochos sin azúcar al chasquear los dedos de la mano derecha y plum cakes cuando chasqueaba los dedos de la mano izquierda.
– «Leche solar protectora» que levitaba cuando un vendedor de enciclopedias a domicilio estornudaba.
– «Crema nutritiva corporal» que domesticaba caracoles y contaba chistes a las mariposas, que se partían de risa y a menudo necesitaban posarse en cualquier lado para recomponerse.
– «Gel hidroalcohólico» que era sacerdote, proxeneta y traficante de toallas en un universo paralelo.

Esta fraternidad de sujetos extravagantes y con superpoderes siguió funcionando -por llamarlo de alguna forma- durante casi cuatro años e incluso llegaron a aparecer en la televisión nacional. Pero todo se vino abajo el día que los expulsaron sin miramientos del local que alquilaban y que les servía de sede, por impago repetido de cuotas de arrendamiento. Desde entonces nadie ha vuelto a verlos. Algunos están convencidos de que emigraron a Tailandia para conocer o reencontrarse con «gel de ducha exfoliante», pero esta versión carece de fundamento y no está plenamente demostrada.

Te juro por Dios que todo lo que he relatado es verídico y puede ser fácilmente confirmado. Te doy mi palabra de honor de que esta historia es tan cierta como que yo soy el tipo más feo y deforme que puebla el planeta (actualmente).

Un saludo