Email del 6 de septiembre 2014

Nicholas Roerich. Star of the hero (1932)

Querida:

Se supone que existen cientos de miles de galaxias, y que cada una de ellas contiene cientos de miles de millones de estrellas. Algunos astrónomos están convencidos de que en cada galaxia hay tantos planetas como estrellas. Por lo tanto, la cantidad de planetas y estrellas existentes es de diez mil millones de billones. Intento imaginar esa cifra y se me caen los pantalones. Yo, al igual que tú y una gran parte de los seres vivos que han existido, existen y existirán en el futuro, estamos formados por agua, calcio y moléculas orgánicas. Somos, en otras palabras, descendientes directos del Big Bang. Pero algunos de esos seres vivos, para ser exactos, los que poseen un andar bípedo y un cerebro grande y racional, están empeñados en demostrar que no es necesario esperar 35.000 millones de años para llegar al Big Rip. Y supongo, tal y como se desarrolla el presente, que lo conseguirán pronto. Afortunadamente es posible que ni tú ni yo asistamos a dicho evento, pero estoy convencido de que los hijos de mis amigos, sus nietos, o todo lo más, sus bisnietos, tendrán la suprema desgracia de convertirse en la última generación homínida del planeta Tierra, y por consiguiente, del Universo. Quizá debería aterrorizarme por el futuro cercano que se avecina, pero sin embargo, cada vez que pienso en ese desgarramiento universal, cósmico y absoluto, me entran ganas de sonreir.

Creo que en mi vida, o en lo que llevo de existencia hasta este preciso momento, he cometido igual número de estupideces que de actos sensatos. Y entre estos últimos, uno de los que más satisfecho me siento es de no haber tenido (ni buscado) descendencia. Me encanta -como a casi todo el mundo- intercambiar segmentos de ADN, pero de ahí a fertilizar un ovulo, que en un plazo de tiempo de nueve meses -o menos- pueda engendrar a un psicópata, un santo, un político o incluso un salvador…¡Ya sabes lo que quiero decir! Y si no eres capaz de leer entre líneas, ya sea por la horrible redacción a la que te someto, o porque, sencillamente, hoy tienes un día espeso, te lo escribiré con unas pocas palabras: ¡el experimento comenzado hace 13.700 millones de años ha sido un completo fracaso! Y todo por culpa de un ser nacido en uno de esos millones de mundos posibles. Un ser capaz de emponzoñar el gas, las galaxias, las estrellas, la materia, el Todo, la Nada. E incluso es posible que la inevitable destrucción de este Universo diera pie, por llamarlo de alguna forma, a la formación de otro Universo. Pero…¿se repetiría el mismo proceso? ¿Se repetiría el mismo desarrollo? ¿Tendríamos que temer o anhelar de nuevo  otro fin? ¿Cuántas veces se repetiría la destrucción y la subsiguiente formación? ¿Para qué sirve todo ésto? No sé. Quizá debería no saber nunca. ¡A la mierda!

Un abrazo