![]() |
| Jamie Wyeth. Pumpkinhead (1972) |
Hola:
A veces me siento extraño. No es una sensación que me pille por sorpresa, pues durante los últimos cinco o diez años he llegado a sacarle cierto partido a las cualidades inútiles, pero a veces, afortunadamente en contadas ocasiones, cada una de las pequeñas partes que componen el mundo real, representadas por las múltiples combinaciones de circunstancias inevitables y, que de alguna manera, desconocen el principio metafísico fundamental de «causa y efecto», hacen que me pregunte -con esa seriedad despreciable con la que la naturaleza ha intentado distinguir a los seres que van a alguna parte de los que huyen de todos los lugares- para qué diantres sirve complicarse la existencia. Por supuesto, la gran mayoría de respuestas a esa terrorífica cuestión han sido tan dispares e inconexas, que no te mentiría si te dijese que en numerosas ocasiones he estado tentado de abandonar mi envoltorio humano para convertirme en la furcia favorita de lo que algunos forenses denominan artropodofauna cadavérica.
Y si no he sucumbido a una retirada elemental y complaciente, ha sido porque mi nivel de amilanamiento nunca alcanzó las cotas indispensables para que el envite pudiera considerarse factible. Sólo soy capaz de edificar sobre estructuras que alguna vez fueron algo, quizá un todo, o por lo menos, los restos de un acto deliberado de destrucción, asolamiento o aniquilación gratuita. Lo que trato de explicarte es que existe una gran diferencia entre racionalizar el Yo como un simple concepto psicoanalítico y elegir el color de unos estores enrollables. Ambas acciones nos dotan de una autonomía irreal al mismo tiempo que nos eximen de responsabilidades fundamentales.
Soy consciente de que mi razonamiento no me lleva a ninguna conclusión. Es posible que el planteamiento sea pueril e inmaduro. Pero es mío. Yo lo he manufacturado y, aunque no me siento precisamente dichoso, sobre todo debido a sus complejas imperfecciones y a su alto grado de incoherencia, no tengo más remedio que aceptarlo. Si no lo hiciera así, los diez minutos que he gastado intentando explicarlo no servirían absolutamente para nada.
