![]() |
| Giacomo Balla. Planet Mercury passing in front of the sun (1914) |
Hola:
Si alguna vez vas al campo, fíjate en los surcos o caminos que se forman entre la maleza debido a la erosión y a las discontinuas pisadas de la gente. A esas pequeñas sendas se les denomina Caminos del deseo, porque sólo son utilizados si alguien lo desea. Algunos animales los usan para desplazarse en sus correrías o para buscar alimento o pareja. La diferencia entre usar una de esas veredas y desplazarse por las vías, paseos o avenidas asfaltadas de un pueblo o una gran ciudad es considerable.
Casi siempre esperé llegar a algún sitio, pero los lugares que elegía nunca existían. Por eso llegó un día en que decidí crearlos. Y concebí un número determinado de ellos. Algunos eran tan pequeños que podía cubrirlos con la superficie de una mano. Otros, sin embargo, eran tan enormes y se encontraban tan lejos, que me vi obligado a destruirlos ante el temor a que fueran descubiertos y colonizados por alguien, por todos, o por nadie. Las totalidades, los conjuntos y las integridades tendían a exteriorizar mi lado posesivo, por lo que decidí concentrarme en las zonas variables, volubles e inconstantes.
Dentro de toda esa inestabilidad, veleidosa y versátil, siempre hubo un sector que destacó. Se encontraba dentro de mi cabeza y, a veces, hacía frío cuando llovía. Generalmente no me importaba demasiado que las rotaciones de los satélites que cohabitaban en alguna parte de mi cerebro describieran órbitas que se rebelasen contra las fuerzas gravitacionales establecidas. Nunca fui consciente -ni siquiera ahora- de que las perturbaciones inconscientes existen y son una consecuencia lógica del sistema sobre el equilibrio.
Esa es la verdadera razón por la que tuve que secuestrar a una magnitud, atarla a un segmento imaginario y asignarle una serie de valores según su longitud, aunque sin olvidar su volumen y superficie. La verdad es que tuve serios problemas con algunas partes del plano que intercedían por sus propias rectas y que no respetaban la importancia de sus vértices. Pero obvié por completo cada uno de los semiplanos y sus vectores y me dediqué a desarrollar sus amplitudes.
Durante un breve periodo de tiempo fui consciente del enorme trabajo que desarrollaba en mi interior e incluso pude llegar a mordisquear algún que otro pedacito de felicidad, pero ese estado emocional dio paso a otro en el que la anhedonia disfrazada de concepto racional se hizo fuerte e incapacitó cada uno de mis intentos por volver a ser autosuficiente. Desde ese instante sólo me conmueve mi propio dolor, mi aflicción y mi tortura. Dedico mis días y mis noches a inventar retenciones estancas y cuando tengo un número suficiente las traslado una y otra vez. Poco o nada me importa si entre sus intersticios se acumulan sedimentos sin consolidar o si en el espacio comprendido entre el nivel freático y la superficie la impermeabilidad es insuficiente. Hago lo que tengo que hacer. No comprendo las razones. Posiblemente no existan. Pero yo tengo que seguir pareciendo inconsistente, quebradizo y desequilibrado. Trastornado. Perturbado. Enajenado. Demente. Loco. Chiflado.
